Apenas Gabito salió del baño, Scarleth lo miró con desagrado, mi hermano se paralizó en su lugar, se ve nervioso y está algo pálido, de pronto la polola de mi hermano me toma la muñeca y me dice:
- Vámonos, cet imbécile puede pagar la cuenta. – salimos de ese lugar con gran velocidad, creo que, ella le dijo imbécil a mi hermano, en francés, desde adentro del restaurante se escuchó el grito de Gabito:
- ¡Calita, espera!
Scarleth me llevó por varias calles zigzagueando, sentí que estaba en un laberinto con una extraña criatura, de pronto llegamos a un gran parque.
A pesar de que vivo en la región metropolitana nunca había vendo a este lugar, en especial porque hay muchos delincuentes y rotos de clase baja.
- ¿En dónde estamos? ¿Y Por qué estamos aquí? – Scarleth ladeó la cabeza hacia un lado y me miró con incredulidad.
- ¿No conoces la plaza de armas de Santiago?
- ¿Aaah? – No la conozco, siempre he vivido encerrada en el barrio alto, mi primera experiencia fuera de mi zona de confort fue en un lugar mucho peor que este, un barrio completamente marginal. – No, no salgo mucho.
- Bueno, este parque es muy cultural, hay pintores, retratista, músicos callejeros, humoristas y puestos con artesanías ¡Tiene arte en cada esquina! Y eso que no estoy tomando en cuenta la arquitectura colonial ¡tout est si beau! – Al parecer, Gabito conoció a su novia en Francia, aunque jamás me hubiera imaginado a una francesa tan morena.
La perspectiva de Scarleth es muy llamativa, jamás le hubiera puesto atención a todo el arte que se expresa en la calle, más bien me hubiera gustado entrar a la gran catedral que ocupa una cuadra entera o en el palacio de gobierno que se gana un espacio como con sus dos fachadas, para mí eso es lo más parecido a arte. Nuevamente Scarleth toma mi muñeca y me arrastra hasta unos sencillos puestos, hay como siete en total, cada espacio tenía algo distinto, muchas de estas cosas eran joyas, eran similares a la artesanía típica de Perú o de México, recuerdo cuando mi papá nos llevó de vacaciones a esos países,su mayor venta tenían que ver con mantos y bolsos con lana de vicuña, que lindos recuerdos, eso me hace cuestionar el por qué no hemos ido de viaje al extranjero este año.
- ¡Cher! ¡Ven a ver! – Supongo que Scarleth me está hablando a mí, me acerqué al puesto donde estaba ella, todo era de cuero, ¡Es horrible! Creo que los vagabundos llevan este tipo de hilos de cuero y muñequeras, aunque, si he visto a Roberto usar cosas en las muñecas ¿Por qué me enamoré de un pobretón? – ¿Crees que a tu enamorado le guste algo de esto?
Sé que ella trata de ser amable, aunque la verdad, estas cosas son desechos de cuero, no puedo regalarle algo tan indigno, él se merece más que unas cuerdas con joyería barata. Iba a decirle algo para irnos, pero de todas las cosas que había ahí, me deslumbró una pulsera de cuero que tiene una medalla de San Benito, la tomé para observarla con detalle, me gustan los acabados, no tienen hilachas y o cortes disparejos, hay mucha dedicación y la medalla parece de plata.
- ¿Ese te gusta, cher? –
- Bueno, aunque es de un horrendo color café oscuro y no es de mi gusto, sí, creo que le puede gustar.
- Sabía que encontrarías algo lindo para él, cuando me dijiste que era sencillo, pensé que este era el mejor lugar para buscar ese algo especial. – Le sonreí como un gesto de agradecimiento, tal vez ella es muy empática, aunque no conozca a Roberto o a mí, supo exactamente lo que estaba buscando.
Después de comprar, pasamos a la catedral para que bendijesen la pulsera y después nos dirigíamos hacia el centro del parque para sentarnos un rato, me sentía muy feliz y me preguntaba si le gustará este regalo a Roberto, iba a darle las gracias a Scarleth cuando unas manos la agarran por detrás, ella en vez de asustarse puso un rostro sombrío, fue muy rápida para defenderse de la persona que la tenía agarrada, le pisó el pie con fuerza, cuando la soltó, ella dio un fuerte codazo hacia tras, dándole en las costillas, estaba dispuesta a darle un puñetazo en la cara, cuando la persona grita:
- ¡Calita! ¡Mi amor! ¡Soy yo! ¡Soy yo! – ¡Qué!¡Scarleth golpeó a mi hermano!
- ¡Mon Cher! – Estaba muy enojada, quería gritarle a esa estúpida por lo que hizo, pero mi hermano, muy calmado y con una sonrisa en la cara le responde.
- ¡Sí! ¡Sí! Ya sé, no debo hacer eso en la calle. – Gabito se ve muy feliz aunque Scarleth lo golpeó muy fuerte.
- ¿Gabito, de verdad estás bien? Ella… - mi hermano se apresuró en contestar.
- Sí, sí, a mí se me olvido de que Calita sabe defensa personal, pero, cambiando de tema ¿A dónde iban?
- Bebé, solo íbamos a sentarnos para descansar. Hace calor y hemos caminado mucho. – Gabito dio una mirada de desconfianza, aunque no duro mucho y con gran despreocupación me pone el brazo sobre los hombros y dice:
- Tienes razón, ya que corrí como loco buscándolas por todo paseo Ahumada y recibí tu cariñosa técnica de defensa, me merezco algo frio, Calita, compra agua mineral para los tres, te estaremos esperando a la sombra. – Scarleth no alcanzó a responder, mi hermano solo siguió su camino hasta encontrar una banca para sentarnos.
Gabito me arrastro con él hasta que encontró una banca muy sucia, me daba asco sentarme, prefiero quedarme de pie.
- ¿Qué pasa, Angelito? ¿No te vas a sentar? No vas a crecer más por estar parada.
- ¡Está sucio! – mi hermano vio las tablas sucias de excremento de pájaro y por consideración a mí, se movió de lugar para dejarme el puesto más limpio.
- Ahora siéntate. – se acomodó en la banca a sus anchas, colocando sus brazos por encima del respaldo.
Me quedé algo ensimismada mirando a Gabriel, pensaba en que, no sé cómo él tiene cara de tratar a mi cuñado de delincuente y mentiroso, él hace lo mismo al ocultar a su polola y para empeorarlo, hasta ella estaba engañada.
- Gabito ¿puedo preguntarte algo? – él se enderezó y me miró expectante.
- Claro que sí, pequeña, lo que quieras, incluso puedes contarme porque le diste la medalla que te di a ese tal Robin.
- ¿Qué? – Así que por eso mi hermano no me dejaba a sol ni a sombra. Me crucé de brazos algo molesta. – Espero que esa no sea la razón por la que estás pegado a mí los últimos días.
El rostro de Gabito se contrajo un poco, el verse descubierto era algo que no admitiría jamás.
- ¡Cómo se te ocurre! No hay ninguna razón en particular, solo quiero pasar tiempo con mi hermanita hermosa. – Gabriel me agarró las mejillas y me las apretó con fuerza, de vez en cuando se pone tan odioso. Palmotee las manos de Gabito y algo molesta le dije:
- ¡Ya para! Déjame tranquila. Volviendo al tema, mi pregunta tiene que ver con Scarleth ¿Por qué no me dijiste que era tu polola? Ella cree que tienes vergüenza de ella, porque no la quieres presentar a la familia.
- Y no se las voy a presentar. – Las palabras de Gabito sonaban llenas de decepción.
- Pero…
- Andita, eres la única que sabe que Calita es mí pareja, tampoco te lo iba a contar, pero ella está tan ansiosa de saber cuáles son mis raíces, que no se aguantó en preguntarte a ti sobre que piensan de ella en la casa, aunque sé que le respondiste o no se hubiera ido tan rápido del restaurante. – lo que dice Gabito me hiere un poco ¿Qué tiene de malo que la presente a la familia?
- Gabito, deberías decirles a los papás que tienes polola, la recibirían con los brazos abiertos. – una risa amarga sale de él y responde:
- Angelito, las cosas no son tan simples, me enamoré de una mujer increíble, pero ella es todo lo contrario de lo que esperan los viejos, empezando por clase social y terminando por el color de su piel, ya sabes lo prejuicioso y xenofóbicos que son, tanto así, que las pocas palabras que hablé con el papá sobre el tipo de mujer que me gustan, él salió con esos huevones pensamientos de “¿te gustan las negras? ¿Sabes qué esas mulatas no se bañan, verdad?” – hizo una satírica imitación de mi papá, pero esto no es un chiste, es muy serio. – las cosas se pondrían feas si saben que mi polola es morena, pobre y huérfana.
No sabía que decirle, a mí me impactó saber que el Gabito está con una mujer de color, es tan extraño, pero me acuerdo de que yo estoy super enamorada de Roberto y lo entiendo.
- Entonces, te pasa lo mismo que a mí con Roberto… - se me salió y esto hizo que Gabito girara la cabeza lentamente con una expresión asesina.
- Ah, entonces si te gusta ese huevón. – tiene un aura sombría, casi podía ver en sus ojos la sed de matar. - ¡No puedes estar con él!
- ¿Cómo qué no? ¡Tú no me puedes prohibir nada!
- ¡Si puedo! – Gabito me tomó las manos y me recalcó: - No sabes nada de él, angelito, pude ser un estafador hasta un asesino, tú no puedes estar con ese maldito ¡tienes que sacarlo de tu vida para siempre!
No pude responderle, ya que llegó Scarleth con los helados y comenzamos a hablar de otra cosa. Sin pensar en la extraña sensación que me dejó mi hermano, la tarde fue agradable, disfrutamos comiendo y mirando la arquitectura del lugar, las palomas comiendo arroz inflado del suelo y alguno que otro grupito de gente que escuchaba a los humoristas callejeros. Después de terminar el helado pasamos por una tienda esotérica y compramos algunas cosas para las cábalas de fin de año, me sentía cansada y acalorada, así que decidí irme para la casa, Gabito y Scarleth no me acompañaron de vuelta, así que mi viaje solo fue con Julián, el chofer.
Después de bajar del auto y cruzar la puerta principal, choco con un hombre gigante ¡es un n***o con cara de asesino! Quise gritar, pero estoy en un extraño estado de shock, tampoco me podía mover a pesar de que la orden de correr está presente en mi cabeza:
- ¿Está bien señorita? – su vozarrón es tan o más atemorizante que su enorme humanidad, es grave como el sonido de un trombón o tal vez más ronco, de pronto al lado del mastodonte aparece mi cuñado.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué no estás...? ¡Andrea! – agitaba mis manos como si estuviera tirándome viento a la cara, pero la verdad es que trataba de que Rex viniera a ayudarme. - ¿Andrea, te encuentras bien?
No pude hacer ningún sonido, mi cuñado tuvo que ponerse frente de mí para recuperarme de la impresión, tomó una de mis manos y le dio unas cuanta palmadas para que reaccionara, con dificultad dije:
- Él… es… él… grande… enorme… - Rex me miraba extrañado, pero al notar al n***o gigante, mucho más grande que mi cuñado, entendió lo que sucedía.
- Tranquila, él señor aquí presente es… - el silencio de Rex fue algo largo, aunque no me llama más la atención que aquel colosal ser. – él es Andreé Cheverria, el dueño de Cheverria Gestión.
¡Imposible! ¿Este es él hombre que todas las mujeres quieren y darían lo que fuera por él? Este tipo no es como Rex me lo describió alguna vez, dijo que era bastante común y este hombre es descomunal. Por fin me siento capaz de hablar correctamente y le digo a mi cuñado en un susurro.
- Rex, este hombre no se parece a lo que me dijiste la última vez, me hablaste de que era muy común, tanto que se podía confundir entre otras personas, pero este tipo no es así.
- ¿Eso te dije? – Hizo un extraño gesto de confusión, pero rápidamente me respondió. – Puede que haya exagerado un poco, para mí todos los hombres son iguales, la estatura o alguna otra característica que los destaque no tiene ninguna relevancia para mí.
El hombre que estaba parado y sin decir palabras, me dio una sonrisa esperando quien sabe qué, de pronto, Rex le habla al tipo en un idioma que no logré descifrar, él movió la cabeza como reverencia y estira su mano:
- Bonjour, madame, es un placer, disculpe mi mala dicción, he pasado mucho tiempo en Canadá, específicamente en Quebec, el idioma francés predomina en esa zona. - ¿También habla francés? ¿Qué extraño? Esto es como un deja bu.
- Entiendo. – le di la mano por educación, me quedé callada después de pronunciar esta palabra, el silencio fue incomodo hasta Rex habló.
-Pues, señor Andreé, recuerde lo que conversamos, el negocio de Portugal es una gran oportunidad, podríamos unirnos y tomar este gran proyecto juntos.
- Lo pensaré. – una cálida sonrisa salió de este mastodonte y se fue, yo corrí a mi pieza muy asustada.
- ¿Qué fue eso? – se escapó un chillido de mi boca, me lancé a la cama sin recordar que llevaba en la mano una bolsa con varias cosas.
Me percaté de mi torpe acción y revisé la bolsa con las cosas que compré, todo estaba bien, pero lo que más me importa en este momento es la pulsera para Roberto, al tomarla y verla, repasar los sutiles detalles en el cuero hace que me gusté cada vez más, mi alma se calmó al pensar que le daría algo lindo a mi hombre, tal vez ahora las cosas queden más claras, cuando llegue navidad le demostraré que aún pienso en él.