Davina caminaba sola por el jardín, intentando apaciguar los pensamientos que la atormentaban desde que había puesto un pie en aquella mansión. La brisa nocturna rozaba su piel mientras se perdía entre los senderos iluminados por las luces tenues que colgaban de los árboles. Estaba sumida en sus propios problemas cuando la figura de Amelia apareció a lo lejos, saliendo apresuradamente por la puerta principal. Por un momento, Davina se quedó inmóvil, observándola desde las sombras. Su corazón latió más rápido cuando notó que Amelia no estaba sola. Una mujer de aspecto decidido la seguía de cerca, y aunque parecía discreta, su presencia emanaba una amenaza silenciosa. Amelia giró bruscamente hacia un rincón apartado del jardín, agarrando a la mujer del brazo con fuerza. Susurros acalorados

