—Míralo Emilia. Es tan guapo –dijo Aurora sosteniendo en sus brazos a Santiago Ospino. Así había decidido Antonio nombrar a su nieto. Santiago era el nombre de su propio abuelo, y le parecía muy apropiado que así se llamara su nieto. Emilia no se giró a mirarlo. Estaba acostada de lado mirando hacia la pared. El parto había sido un poco largo. Los médicos habían esperado a que dilatara lo suficiente, pero habían tenido que estimular el proceso. Más de veinte horas en labor la habían dejado agotada, era bastante justo que ella ahora descansara, ¿no? —¿Emilia, no lo vas a mirar? –ella no respondió. Debió haber hecho el papeleo para entregarlo en adopción, pensó, así su madre no se habría encariñado con él al tenerlo tanto tiempo a disposición. Escuchó el suspiro de su madre, y la vio pon

