Emilia regresó a la universidad y retomó sus estudios allí donde los había dejado. Para entonces, habían cambiado al director de la facultad y a unas cuantas secretarias, pero por lo demás, todo parecía normal. Todos sus compañeros le eran desconocidos, pero no importó, tampoco se había relacionado demasiado con los anteriores, y otra vez su prioridad era su carrera, y ahora también su hijo. No lo había notado, pero antes no se detenía en las tiendas de ropa para niño, ni se había fijado en que éste iba creciendo y necesitaba zapatos, calcetines, y todo lo demás, porque se le iban quedando chicos. Ahora era más consciente de estas cosas tan básicas, y conocía todas sus tallas y medidas. Santiago estaba creciendo, había pasado de bebé a niño y parecía que cada día aprendía mil palabras nue

