El juez ordenó un receso y salió de la sala. Emilia se puso en pie, deseando salir también, pero Telma la contuvo. —No creo que tome mucho tiempo en volver –le dijo. —No quiero estar en el mismo lugar que él. Me estoy asfixiando—. Telma miró hacia Rubén. Era obvio que él la había escuchado, y lo vio tragar saliva. —Emilia, hay algo que quiero preguntarte –susurró Telma, y Emilia volvió a sentarse—. ¿Hay algo que no me has contado? –ella la miró confundida. —¿Qué? —Hay algo que no me cuadra aquí. Él se comporta como si… quiero decir… —¿Crees que te he ocultado información? —Yo espero que no, Emilia—. Emilia apretó sus dientes negando—. ¿Emi, por qué te conocía él? —¿Y yo qué sé? —Dijiste que dijo tu nombre esa vez, que se sorprendía de verte… ¿por qué sabía él tu nombre? —No lo s

