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1022 Palabras

Emilia regresó a casa sintiéndose bastante agotada. Aurora la vio tirar su bolso de cualquier manera sobre un mueble y se preocupó y fue detrás de ella. Hoy había sido la audiencia, y si ella venía con ese semblante era que las cosas no habían salido bien. Caminó tras ella y la vio tirarse boca abajo en la cama. —Salieron mal las cosas, ¿verdad? –preguntó Aurora entrando a la habitación. Sólo escuchó a su hija suspirar.  —Él… no irá a la cárcel. —¿Pero… cómo es posible eso? Telma dijo que tenían todas las de ganar. ¡Él es culpable! –Emilia se sentó en la cama sin mirar a su madre, con los dientes apretados y tragando saliva. —Presentó sus propias pruebas. —¿Pruebas de qué? –Emilia suspiró. —Mamá… luego te cuento. —Pero, ¿qué podría ser? ¿Te equivocaste de persona? ¿No era él? —Sí

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