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1450 Palabras

Emilia tenía los nervios de punta. Estaba a punto de hacer un show aquí y volver a ponerse a gritar y arrojar cosas; estaba perdiendo los nervios. No podía mirar a Rubén sin sentirse amenazada, reducida y llena de miedo. Ah, el miedo era un monstruo frío y húmedo y tenía mil caras. La que le estaba enseñando ahora era la más fea de todas; le estaba diciendo lo débil que era ella, lo mal que estaba si todavía el aroma de él la llevaba a aquel primer momento de esa noche cuando todo fue casi un sueño. Se puso en pie de repente y miró las salidas. Se sentía mareada y vomitaría si no cambiaba de ambiente, así que, al visualizar la primera puerta, se encaminó a ella. —¿Emilia? –la llamó Telma. —Sólo necesito aire –dijo ella, y desapareció. Todos volvieron a su sitio y Telma inició un diálo

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