—¿Qué hablaste con él? –le preguntó Telma a Emilia cuando ya iban de salida. Habían acordado la suma de dinero, cuándo se recibiría y de qué modo. Emilia seguía pensando en que era demasiado dinero, y algo que había comprendido es que esta gente deseaba conocer al niño. Sin embargo, ella podía simplemente tomar a su hijo y a su familia e irse del país sin remordimientos. ¿No se estaban exponiendo ellos a eso? —¿Emi, me escuchaste? —¿Qué? —Saliste un momento de la sala de juntas, y luego salió él. ¿Qué hablaron? —Ah… eso… —Telma la miró de reojo—. Nada, realmente –contestó Emilia, pero Telma no dejó de mirarla interrogante. Emilia respiró profundo y avanzó hacia el ascensor. Telma se detuvo a su lado mirándola inquisitivamente. Quería entrar a la cabeza de su amiga y ver qué sucedía.

