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1985 Palabras

Emilia la guio fuera del edificio y le señaló el camino hasta un parque donde de vez en cuando, y siempre que el clima lo permitiera, traía a Santiago a que quemase un poco de sus energías, explorara y jugara. Emilia miró a la mujer a su lado. Era alta, y aparte de eso, usaba botines de tacón. Olía muy bien, y su piel se veía cuidada. Una señora rica. —Estoy enterada de que rechazaste la indemnización que te ofreció mi familia –le dijo Gemima, y Emilia no comentó nada ante eso—. He venido para que lo reconsideres. —No quiero su dinero. —Lo sé. —Tampoco me puedo creer que puedan lavar sus conciencias con plata. A esta le damos unos pocos millones y se está quieta. ¿Eso pensaron? –Gemima movió su cabeza asintiendo, más como si esta reacción fuese la que había esperado. —Tienes toda la r

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