C A P I T U L O V E I N T I T R É S:
Taylor.
El dolor.
Siempre creí que no habría algo que me generará un dolor tan grande, que terminará por hacer que perdiera la razón, siempre creí, que terminaría por llevar el control de los sentimientos que se encontraban dentro de mi cuerpo, que llegaría el día en el cual pudiera entender con claridad que era lo que sucedía, supongo que esa era una de las razones por las cuales creía que podría llevar el control de todo, pero solía equivocarme.
Sólo soy humana, eso era lo que sabía...
Sólo era una humana.
Qué se rompía, gritaba, y lloraba.
Sólo era eso...
Y por mucho que me esforzará, que quisiera ser aquello que fuera fuerte, cómo una maquina, me di cuenta que no podía hacerlo, no podía ir más allá del dolor que se encontraba dentro de mí cuerpo.
Y se sintió... Cómo el día cero.
Cómo si nuevamente, nos encontraramos solos en medio de la nada, con aquel dolor cruzando mi cuerpo de manera completamente irracional, así se sentía...
Y eso, en realidad terminaba por joderme de mil y un modos.
Quizá, di por hecho demasiado pronto la vida, quizá di por hecho muchas veces lo que tendría la vida, todo frente a mí.
Regresaba al día cero.
Donde las cosas dolían y comenzaba a preguntarme, si en realidad, algún día, todas y cada una de las emociones que cruzaban mi pecho podrían irse, ¿Lo harían? Era demasiado tarde para retroceder...
Pero, ¿Cómo podría saberlo? ¿Cómo podría entender de que se trataba lo justo? ¿Lo real?
Así que, estaba aquí, con Hades, sintiendo todo y a la vez nada, cómo una egoísta, quizá eso era, quizá habría sido una egoísta durante todo este tiempo, y Drake tenía razón. Al final era igual a papá...
Me fui, la dejé en el hospital, huí...
Cómo mi padre...
Sabía que el dolor que sentía dentro de mi pecho era increíble, demasiado doloroso creer esto en realidad.
—Pequeña, las tormentas están demasiado fuertes, no podemos salir, hasta mañana en la mañana—. Me dijo acomodando mi cabello, dejando una taza de té en mis manos—. En verdad lo siento.
—¿Por qué no me lo has dicho? —. Preguntó con tono bajo—. ¿Por qué no me dijiste que mi abuela estaba en el hospital? —, Dije mientras la voz me titiritaba.
Él se quedó callado por un par de segundos, para terminar por sentarse a un lado de mí, abrazándome por los hombros, me recargué en él para soltar un suspiro leve, me sentía devastada, sentía que mí corazón me estaba haciendo añicos.
—Me lo pidió Nelly, después Drake, y al final, la señora Smith, ¿Cómo le dices que no a la señora Smith? —. Dijo con una risa sin gracia—. En verdad lo siento, Taylor.
Sabía que lo sentía, cuando estábamos en aquel bar y me habría convertido en un mar de llanto, noté la preocupación que se encontraba dentro de su cuerpo, sus manos se pasaron por mi cabello, para soltar un suspiro pesado, no dije nada.
Le di un trago a aquel té, sentía aquel nudo en mi garganta, con los ojos llenos de lágrimas y la vida completamente se me hacía un desastre.
—Preciosa, ven, tienes que descansar—. Me dijo, a lo que le miré con tristeza, negando—. Por favor…
—No quiero ir a la habitación y tener preguntas de Miranda, es decir, es mi mejor amiga… Pero, no quiero hablar de ello—. Susurré.
—Quédate aquí, si no te molesta compartir la habitación de nuevo conmigo—, me dijo sonriendo ligeramente, más cómo una mueca—. Espera.
Asentí para tapar mi rostro después de dejar aquella taza en la mesa de noche, sentía el desastre corriendo por mí piel, ¿Cómo es que las personas podrían haber hecho esto? Qué les pareciera una buena idea…
Amaba el modelaje, pero más a mí abuela, ella era mi todo, y no sería absolutamente nada de lo que soy ahora si no fuera por ella, ¿Cómo es que podría hacer esto…?
—Toma—. Me dijo dejándome una camiseta entre las manos, el sonreí sin gracia—. Animo preciosa, llegaremos en menos tiempo del que crees.
—Gracias por esto—. Le dije levantándome, mirando la camisa—. Gracias…
Caminé hacía el baño, no me sentía completamente cómoda en nada, no por Hades, sino que sentía que mi cuerpo estaba en una dimensión desconocida, sabía que me encontraba aquí, pero lo que miraba en mi alrededor parecía un completo misterio, algo desconocido, no podía entenderlo, estaba… Asustada.
Apenas entré al baño me quité la ropa que traía saliendo del desfile, colocándome la camiseta de Hades, era completamente un desastre… ¿No es así?
Lave mi rostro, mis ojos se encontraban rojos e hinchados, mis labios estaban lastimados, me sentía dolida, demasiado dolida por cada una de las cosas que estaban sucediendo en mi entorno, ¿No era extraño? ¿No era extraño el modo en el cómo todo lo demás estaba pasando justo frente a mis ojos…
Apenas salí noté cómo Hades miraba hacía su celular, esperando algo en específico quizá…
—Los mensajes que te mandan…. ¿Siempre es con intensiones de lastimarte? —. Preguntó dejando el celular en la cama, asentí sin gracia—. ¿Por qué no lo mencionaste?
No lo mencioné, porque en realidad dudaba que él y yo fuéramos amigos, dudaba que él quisiera escuchar cada uno de mis lamentos, porque había momentos en los cuáles ni siquiera estaba segura de querer escucharme a mí misma.
—Es una tontería, no habría logrado asustarme en realidad, ni dañarme hasta hoy…—, Encogí mis hombros para sentarme a un lado de él—. De verdad… No quisiera hablar de esto ahora, no creo que sea el momento.
El asintió, pidiéndome que me durmiera, no lo hice inmediatamente, me recosté mirando hacía el techo, después de un par de segundos, cerré los ojos intentando callar los pensamientos de mi cabeza, pero no podía, no podía sacar los pensamientos de mi cabeza, no podía en realidad.
—¿No puedes dormir?
—No—. Murmuré suspirando bajamente, Hades giró su rostro en mi dirección—. Yo…
Yo he sido demasiado egoísta con todas las cosas que habrían estado pasando, quizá había estado intentando justificar el hecho del por qué me mudé aquí para poder tener paz, pero lo que más sucedió, lo que en realidad paso, fue que mi cabeza se hizo un nudo.
Había estado huyendo de la realidad y de todo lo que habría estado sucediendo en mi entorno, quizá de no haberme mudado lo habría notado antes, habría podido estando aquí. Tomé un poco de aire, me sentía realmente lastimada, ¿Por qué la abuela no habría querido decirme nada? ¿Por qué me quiso lejos durante este tiempo? Podía estar en el hospital. Y seguramente, no habría sido que estuviera aquí, si Drake no le hubiera insistido de manera intensa para volver.
Dolía.
Mi corazón me dolía en más de un modo posible, mordí el interior de mis mejillas esperando que se me callaran las voces dentro de mí cabeza, pero no podía hacerlo, no podía calmarme. Me sobresalté cuando la mano de Hades tomó la mía, le miré de reojo, pero no dije nada, sus dedos se entrelazaron con los míos. Después de unos segundos, terminé abrazada por él, mientras me rompía en llanto de nuevo.
Hades.
Fue una noche, extraña.
Habría escuchado llorar a Taylor por minutos largos hasta que ella se quedó dormida en medio de ello, sentí demasiada pena por ella, pero no dije nada, no fue hasta que ella se durmió, que lo hice también.
Estábamos en el avión, cuando miré de reojo en su dirección, ella miraba en dirección de la ventana, lo curioso es que, durante todo este tiempo, nuestras manos se seguían tomando, con los dedos entrelazados.
Es curioso, pero podía ver el dolor dentro de sus ojos.
Apenas llegamos a Nueva York, miré hacía ella, notando cómo su labio no dejaba de temblar, era cómo si ella se encontrará completamente rota—mucho antes de que el desastre comenzará—tomé un poco de aire y apenas llegamos al hospital, noté cómo es que Taylor se detuvo un poco, para fruncir las cejas.
—¿Qué pasa? —. Le pregunté, a lo que ella miró a nuestro alrededor, de manera aturdida.
—Está la mayor parte de mí familia aquí…—. Murmuró a lo que fruncí las cejas—. Inclusive Fred y North.
Habría escuchado demasiadas veces lo que habría sucedido entre la familia de Taylor, no eran unidos, en realidad, nunca habrían sido cercanos, es cómo si una especie de odio siempre hubiera crecido dentro de ellos…
—Ven, todo estará bien—, le prometí sin mirarle, tomando su mano de nuevo.
Ella parecía aún más confundida que los segundos anteriores, pero no dijo nada, comenzamos a caminar en dirección del elevador, por un poco de tiempo creí que esto era realmente, un completo desastre.
Ella se mantuvo callada por un par de segundos, apenas llegamos a la planta donde se encontraba su abuela, noté cómo es que se encontraban llorando, todos lloraban, y eso no fue más que un sonido desalentador para todos, ella me soltó, paca comenzar a buscar con la mirada, hasta que se encontró a Nelly, quien le miró con dolor, y los ojos llenos de lágrimas.
Miré la escena, era algo ensordecedor, noté cómo su hermana le tomaba del rostro, con ambas manos, obligándole a mirarle, y fue la sensación más extraña del mundo, un desastre tras otro. Pequeñas piezas de rompecabezas, de aquellos que habría perdió hacía unos minutos, mis ojos se centraron en el dolor.
Taylor era la más pequeña de todos, y su familia, sus tíos, las hermanas de su abuela, sus hermanos… Todos habrían hecho lo posible por protegerla del dolor, y ahora el dolor de ella se centraba en el pecho, de una manera irracional.
Ella terminó por romperse, y con ello, se llevó un poco más dentro de mí, una especie de marcha lenta.
—Tienes que estar jugando—. Escuché su balbuceó—. ¡Ella no pudo haber muerto! ¡Tiene que ser una broma!
Llegamos tarde.
Y quizá no tuve nada de valor, ni una sola gota, para decirle absolutamente nada. Quizá no tuve el valor de verle a los ojos. Notando cómo es que todo dentro de ella se iba en un completo vaivén…
Ese día, fue uno de los que marco más la existencia de empatía y cariño de mí hacía Taylor, nunca pensé haberla visto tan rota, los desencadenantes de lo que podría ser un dolor, son impresionantes…
Caminé hacía ella, con pasos demasiado lentos, quizá era que temía de lo que podría pasar con todo esto, quizá habría perdido la cordura, quizá ella lo hizo primero, un pequeño lapso de tiempo.
Le tomé del brazo y ella me miró, sus ojos inyectados en sangre y su manera de ver cómo dolía todo, era completamente impresionante… Ella se derrumbó, sus brazos se aferraron a mí cuerpo, quizá temiendo de que al soltarle, todo cambiará, que la realidad se le estrellará en el rostro justo del modo en el que lo estaba haciendo hasta el segundo de ahora, estaba sola, en una canción que no podía reconocer…
Su abuela era lo único que le quedaba a ellos, a los tres.
Ahora, podrían ir en sus momentos, entre aquellas cosas…
—Lo siento tanto, preciosa—, Acaricié su cabello—. De verdad lo siento tanto…
Sabía que eso no cambiaría nada, no cambiaría los cachos de su corazón herido, no harían nada por traer a la realidad la vida, no podría cambiar absolutamente nada… Esto se habría marcado ya de un modo, que nadie podría seguir…
TAYLOR
No podía dejar de llorar.
Sentía cómo si todo esto fuera irreal, me estaba consumiendo lentamente, miré hacía mi alrededor, las cosas pasaban muy rápido, no tenía noción del tiempo, todo se sentía eterno, una melodía larga, y sólo podía pensar en ello, muriendo lentamente por dentro.
Ahora estaba sola.
Miré hacía Hades, quien hablaba con Drake, habría prometido que no me dejaría, que en estos momentos, por mucho que lo odiará, no se iría de mi lado, y eso, se lo agradecía de más de cien formas, no sabía que podría hacer sola.
—¿Vienes? —. Preguntó Conrad, le miré de reojo—. Tengo algo que podrá calmarte los nervios, no quiero que tengas otro ataque de pánico.
Lo habría tenido, quizá de ansiedad, no lo sabía.
No podía respirar, me sentía ensordecida, me sentía perdida, podía escuchar las voces de mi entorno de manera distorsionada, sin saber en donde me encontraba. Caminé con lentitud al par del amigo de mi hermano, arrastrando mis pies por el piso de hormigón, intentando calmar las cosas que pasaban por mi cabeza, no podía, era más de lo que creía, era más dolor del que creía que podía soportar, en realidad, dudaba que este dolor lo pudiera soportar.
Me senté con él en la acera, la noche habría caído, saco un toque de su chaqueta y me miró, quería distorsionar mi realidad, quizá al punto que esto parecía una buena idea.
—No, ni lo pienses preciosa—, me dijo Hades tomándome del brazo—, Tú, adentro antes de que te parta la puta cara.
—Hades…—Le advertí.
—¡Ahora! —. Rugió furioso a lo que Conrad rodó los ojos, levantándose con desgano.
—Deberías de dejar de ser celoso, que es lo menos que necesita ahora—. Le dijo Conrad rodando los ojos—. Cualquier cosa que necesites Tay, aquí estaré.
Asentí, quizá era que anoche había llorado demasiado, no lo sabía.
Pero ahora me sentía como un zombie, no sentía las emociones fuertes dentro de mi cuerpo, me sentía en la nada, solo sentía culpa.
—¿Qué es lo que planeabas hacer Taylor? —, me regañó sentándose a un lado de mí—. No te vas a drogar.
—Sólo era un poco, no exageres—. Dije mirando hacía el frente—. Sólo…
—Ven—. Me sujeto de los hombros en un abrazo—. Se que te duele Taylor, pero no es la solución.
—¿Y cuál si lo sería? No siento que este aquí—, Jadee—. Siento… Cómo si todo fuera irreal, cómo si se tratase de que soy una intrusa en este lugar….
—Preciosa, has estado con ataques de ansiedad, no creo que sea lo correcto que tu impulses a que eso suceda.
Le miré con los ojos llenos de lágrimas, sabía que tenía la razón, pero no quería creerlo, ¿Cómo podría ir por ahí creyendo que eso era lo correcto? ¿Qué se supone que vendría siendo lo correcto?
—Sabes, recuerdo que muchas veces, cuando éramos adolescentes, íbamos a la cafetería de tu abuela, tu no me agradabas—. Señaló a lo que solté una risa sin gracia—. Pero tu abuela, era increíble, se que ahora…
—Estará en paz—. Dije con un hilo de voz a lo que asintió—. Lo sé… Sólo, quisiera haberme podido despedir de ella, estaba en Los Ángeles cuando le detectaron el cáncer, y estaba en los Ángeles, cuando ella murió…
—¿Quieres ver algo? Lo grabo Nelly, me lo paso ese mismo día—. Mencionó sacando su celular, le miré confundida, mientras el buscaba aquel chat en w******p, de donde, abrió dicho video y me paso el celular.
Mi corazón se hizo añicos, resulta…
Qué si, su último deseo era poder verme estar ahí, podía ver sus ojos emocionados y sus ojos inundados en lágrimas mientras miraba el televisor, donde estaba modelando, sus ojos demostraban aquel orgullo que siempre dijo tener en mí, y por primera vez, después de tanto tiempo, me sentí tranquila, sentí que todo estaba justo en donde debería de estar…
La paz llegó a mi cuerpo, junto con la nostalgia, porque mientras ella me miraba, orgullosa, yo hacía aquellas cosas que desde niña le prometí que llegaría a ser, era curioso, porque al final…
Ella pudo verme cumplir nuestro sueño…
—Ella estaba orgullosa de ti—. Me dijo para tomar el celular—. Cómo lo estaría tu madre, porque eres una guerrera preciosa.
—No me digas eso—, le pedí en un puchero—. Sólo quiero paz…
Hades.
Y es curioso, porque ahí estaba ella, con los ojos inundados en un mar de lágrimas, de aquellos mares donde terminabas completamente perdido, ella se encontraba ahí, pero no decía nada.
El verla estar a punto de drogarse, me hizo darme cuenta que no tardaría mucho en caer fondo, no sabía si se estaba intentando hacer fuerte, porque ella siempre lo habría sido, pero estaba serena, le miré a los ojos y por un par de segundos, entendí de lo que hablaba Katina.
Por un momento, entendí de lo que hablaba Marcus.
Por un momento, las palabras de la tonta de Miranda hacían eco una y otra vez en mi cabeza. Y esta vez, no sentía que quisiera ir lejos.
Sabía que las cosas con los mensajes no tardarían en desencadenarse en algo que no podría entender claramente, ni ella, ni yo.
Sabía que era el momento oportuno en donde Miranda, James, Taylor y yo debíamos estar más unidos que nunca, pero se sentía irreal.
La noche paso, y llegamos a mi casa en la mañana, le pedí que se quedará conmigo unos días, ella no tenía fuerzas para negarse, podía verla, cómo parecía que en cualquier minuto ella podría desvanecerse, y eso me terminaba por preocupar de más de un modo posible, porque… Temía de no poderle sujetar con suficiente fuerza esta vez.
Y fue, justo cuando ella llegó a mí habitación, que sus ojos se cerraron, sentada en el borde de mi cama, podría decir…
Que serían largos días, días en donde ella no sabría hacía donde navegar, pero estaba seguro, que esta vez, no tendría que ir sola.
Odiaba a Taylor.
Odiaba su risa, y sus ojos llamativos.
Odiaba su manera de ser tan estruendosa y su sarcasmo que se salía por encima de su piel.
Parecía que la muerte de su abuela, no habría dado tiempo suficiente para que ella se sintiera lista para soltar aquella bomba, porque… Claro que estaría furiosa, de las decisiones que tomaron sus hermanos y cómo terminé yo por ayudarlos, cómo si eso, no fuera una de las traiciones más marcadas entre nosotros.
—No quiero ir a Milán—. Me dio en un susurró—. No quiero seguir con esto.
No le dije nada, porque sabía que serían sus dolores, el ardor en el corazón el que terminaba por hablar por ella, pero no podía dejarla abandonar sus sueños.
Odiaba eso de ella, que siempre, buscará algo por lo cuál huir.
Odiaba su cabello, odiaba su voz.
Me senté junto a ella, para abrazarla.
Odiaba su llanto, odiaba su risa…
Ella se desmoronó en ese instante, con mi toque, ella se rompió por completo…
Podía escuchar su llanto, podía escuchar su corazón latiendo con velocidad, podía verla, cómo una niña pequeña en medio de la nada, y eso alerto todas mis señales.
—Todo pasará—. Le prometí.
Una promesa que no sabía si terminaría por tener un final, una promesa que no sabía si podría ser cumplida, pero, se lo prometí, porque…
Quizá, los humanos nos aferramos a aquello que podemos palpar, los humanos, nos aferramos a una esperanza, para poder seguir manteniéndonos de pie, aun si no sepamos si eso nos terminará por llevar a lo correcto…
Pero, ¿Qué era lo correcto? ¿Quiénes éramos nosotros para decidir que sería lo correcto? ¿Quiénes éramos nosotros para terminar por decidir entre el bien y el mal? ¿Teníamos un peso ante todo ello? Quizá nunca lo tuvimos.
Sabía, que odiaba a Taylor, tenía una enorme lista de todas y cada una de las razones por las cuales podría odiarla, pero habría una más grande, que era…
—¿Por qué me ayudas? Si tu me odias—. Dijo en un jadeo. Cómo si pudiera leer mi mente, quizá lo hacía—. ¿Por qué haces todo esto?
Y tenía razón, odiaba sus preguntas, su mirada y el camino de lunares que tenía…
Pero lo más que odiaba…
Era, que no sabía en que momento, aquel odio, salió de mi cuerpo, odiaba, no poderla odiar de nuevo…
Y eso terminaba siendo aún más estruendoso.