C A P Í T U L O V E I N T I C U A T R O:
Hades.
Cuanto todo se siente mal, siempre hay algo que te hace preguntarte, ¿Podría ir peor? Me encontraba en la oficina, mirando el ordenador, leía una y otra, y otra vez la misma página, sin embargo, no podía seguir leyendo, lo que se posaba frente a mis ojos dejaba de tener cualquier tipo de sentido.
—¿Por qué volvieron de un día para otro? —. Preguntó Miranda, sentada frente a mí—. No mencionaron nada, simplemente se fueron.
—Ajá…
—¿Qué pasa Hades? —. Insistió, a lo que aparte la mirada del ordenador para verle—. ¿Qué es lo que ésta pasando con ustedes?
Que pasaba con nosotros…
Y esa pregunta, me resonó en la cabeza de una manera irreal, porque sentía que habrían sucedido tantas cosas, esta mañana miré a Taylor recostada en la cama, con la mirada en la nada, diciendo que no quería levantarse. Sabía que no quería hacerlo, y yo no tenía intención alguna de que ella lo hiciera, quería que sus heridas sanaran, más no sabía cómo hacerlo.
Eso me frustraba.
Nunca me habría interesado por esas cosas, cuando James rompió con Miranda, quien podía decir que era la única amiga cercana que tenía, el enojó si llegó a mi cuerpo de manera inmediata, más nunca pensé en hacer algo que pudiera calmar el dolor que se encontraba dentro de su cuerpo.
Y con Taylor era diferente, verla ahí, tan rota, movía todo dentro de mi interior de una manera que no me gustaba, de una manera que nunca lo había sentido, y de cierto modo, me jodía.
—No sucede nada—. Mencioné de manera cortante—. ¿Tu necesitas algo? Llevas quince minutos sentada frente a mí.
—Y parece que en esos quince minutos no has podido hacer nada, estás distraído—. Me acusó—. ¿Por qué simplemente no dices que es lo que sucede? Podría ayudar.
Si, si pudieras traer a las personas a la vida después de que ellas mueren, podrías ayudar. Pensé
—Sólo, déjalo pasar Miranda, no siempre podrás saberlo todo—. Expresó con molestia, levantándome con desaires—. Sólo dale tiempo al tiempo.
—Es mi mejor amiga—. Me dijo con molestia, no pude evitar mirar hacía otra parte, con un poco de culpa, lo sabía—. Trata sobre… ¿Sobre aquello que dijiste de que su abuela estaba enferma? —. Insistió.
—Deja que el tiempo pase, cuando ella quiera contarlo, lo hará—. Tomé mi saco, para caminar hacía la puerta de salida—. Las cosas son así, no podemos hacer absolutamente nada al respecto, y esta bien.
—No, no lo está—. Me dijo con una mueca, para cerrar los ojos—. Se que estás tomando muy enserio el hecho de…
—No, no es por eso—. Resoplé, colocándome el saco—. No lo sabrás todo, siempre, supéralo ya.
Ella rodó los ojos con molestia, parecía que el hecho de que no pudiera decirle lo que estaba sucediendo le dejaba el enojo, pero no quería cambiar las cosas por el momento, apenas me coloqué el saco salí de la habitación, no podía quedarme más tiempo en esta habitación y creer que las cosas podrían venir a estar bien de un día para otro, las cosas eran ya así, las cosas eran un destino cambiado…
—Hey, espera—. Me dijo James, colocándose a un lado de mí—. Creo, que tenemos que hablar.
—Sí es sobre Taylor…
—Esta vez no—. Mencionó entre murmuro, para adentrarse al elevador conmigo—. Es sobre lo que sucedió esa noche.
Pude notar a Miranda mientras las puertas se cerraban, pensé en lo mucho que estábamos unidos, entrelazados para ser más específicos, con dicho tema que parecería que lo cambiaría todo…
—¿De qué es lo que quieres hablar? —, Resople, mirándole con desgano—. No tengo mucho tiempo.
—¿No le has dicho a Miranda que la abuela de Taylor murió? —. Preguntó a lo que le miré con las cejas fruncidas—, Ella estaría hecha añicos, le parecía cómo una abuela para ella también—. Finalizó.
La Sra. Smith, habría sido una abuela para todos nosotros, siempre habría estado al pendiente con nosotros, diciendo que éramos sus nietos, eso parecía, no ponía un, pero al respecto. Con un poco de tranquilidad caminé hacía el estacionamiento, para ver hacía ella.
—No aún.
—Deberías, ella también pasará su momento de duelo y en algún momento parecerá ser demasiado tarde para hacerlo—. Respondió, para sentarse en el borde de la banqueta del estacionamiento—. Sobre lo que teníamos que hablar…
Le miré por un par de segundos, para resoplar, sentándome a un lado de mí, solté un suspiro con pesadez, para terminar por mirarle, en algún punto nosotros éramos mejores amigos y ahora me comenzaba a preguntar que era lo que sucedía…
—Me han estado llegando mensajes… Parece que las cosas son un poco más de lo que creíamos alguna vez—. Me dijo pasándome su celular—. Él no saldrá de prisión pronto, pero…
—Pero si puede enviar mensajes, hay alguien fuera también—. Le señalé a lo que asintió.
Lo habría pensado también, en más de una ocasión, yo no solía hablar de esa noche, porque recordar cómo moría uno de mis mejores amigos me generaba bilis, y las cosas en mi cabeza se nublaban de una manera completamente impresionante, ¿Cómo era que podían suceder las cosas así?
—Se que nosotros no vimos lo que ustedes vieron—. Mencionó como si leyera mi cabeza, mis pensamientos—. Pero, las cosas comenzaron a ser espesas, después de la muerte de ellos comenzamos a separarnos y creo… Qué eso le dará facilidad para poder joder las cosas aún más.
—¿A qué quieres llegar?
A que quería llegar… Esa pregunta me resonaba en la cabeza de una manera irracional, pero… Era lo mismo que había hablado con Taylor y con Miranda, porque sí, Miranda recibía los mensajes.
Ella comentó que comenzó a recibirlos a inicio de año, cómo si la vida supiera en exactitud que sucedería…. No estaba completamente segura si se trataba de lo mismo que habría sucedido en esa noche, pero después de leer los que a Taylor y a mí comenzaron a llegarnos, no tuvimos dudas.
Más nunca habría sido demasiado interesado en el tema, misma razón por la cuál no había hablado con James respecto a ello.
—Creo que deberíamos de estar cerca, entre nosotros, para que no logré entrar—. Siguió a lo que suspiré con pesadez—. En algún punto fuimos amigos.
—Sí. Esa persona nos mantiene en un hilo.
Esa misma persona, de la cuál hablaba James, también habría sido la principal causante de que nuestra amistad se nos fracturara de manera irracional. Esa persona habría jodido de manera irracional todo, quizá nosotros nos habría hecho dar tres pasos hacía atrás, y ahora que habríamos avanzado un poco, habríamos retrocedido de nuevo.
Quizá siempre era un paso adelante… Y tres hacía atrás.
—¿Puedo preguntarte algo? Respetaré, cómo lo hice la primera vez, cómo se lo prometí a Marcus—. Dijo jugando con su celular apenas se lo pase.
“Bang, bang, dos disparos. Los mentirosos sufrirán una herida de arma de fuego”.
—¿Qué pregunta tienes?
—¿Ella te gusta? ¿Te gusta Taylor?
Taylor.
Me levanté, salí de la casa de Hades porque creía que estaba siendo demasiado encajosa en pasar los últimos días recostada en su cama, cómo si el tuviera la obligación de cuidarme, porque, claramente, no la tenía. No tenía que sanar una herida que él no habría llegado a hacer.
Sobre lo que paso durante esos días, cuando me ocultaron de que la abuela se encontraba en el hospital, pensé demasiado.
Habría estado pensando demasiado en ello, desde que supe al respecto. No podía evitar que el enojo estuviera en mi piel, no podría dejar que las emociones que atormentaban mi cabeza, se volvieran armas de fuego dentro de mí piel, que no podía calmar.
Realmente sentía que de a poco en poco, iba perdiéndolo todo, ¿Era demasiado egoísta de mi parte creerlo así? Sabía que Hades habría tenido sus motivos, más no estaba segura, si esos motivos podían superar el dolor que se sentía dentro de mi cuerpo.
Era interesante, cómo también doloroso, creer que una bomba de fuego podía causar tantos estragos dentro de mi piel en una cuestión de tiempo.
¿Habría sido demasiado egoísta en los últimos días?
Creía que sí, que habría roto cada una de mis expectativas con la ilusión de que un día, algo cambiará.
Quizá habría pasado la mayor parte del tiempo intentando culpar a todos los demás por las cosas que se sentían dentro de mi cuerpo, quizá eso resultaba mucho más sencillo que decir, que no tenía el control.
Quizá era mucho más fácil, enojarme con los demás por el como iban las cosas, que aceptar, que, en la mayoría de ellas, habría sido efecto de mis acciones.
Me senté en un columpio en el parque, pensando en ello.
Quizá por una cantidad ilimitada de tiempo, habría esperado que llegará alguien que me salvará, un ángel de alas preciosas, pero nuevamente, eso no sucedió, era cómo…
Cómo si cada uno de los deseos que iban dentro de mi piel fueran nulos, cómo si en cada una de las acciones que habría tomado al día de hoy, ni siquiera tuvieran sentido.
No lo tenían en realidad.
—Supuse que aquí estarías—. La voz de Miranda me alarmo—. Es curioso, porque la ciudad de nuevo york es demasiado grande, pero, siempre puedo encontrarte en el mismo lugar.
—Hola preciosa—. Dije de manera ronca.
Las cosas no me estaban saliendo del modo en el que yo deseaba, quizá habría perdido el control de ello desde hacía un par de días.
Miré hacía ella, lucía preciosa, mientras tanto, si mirabas con suma atención en mi dirección, yo era un desastre perfectamente formado. Tenía puesta una camiseta de Hades y una sudadera de él, no había querido ir a casa, puesto que…
Sentía las mismas emociones que sentía por Hades, un poco de enojo.
¿Cómo es que mis hermanos habrían accedido a las peticiones de la abuela?
Creía que habría sido demasiado doloroso que no me dejarán estar ahí.
Era mi abuela, era mi todo.
Y el perderla se sentía cómo los tragos más amargos que alguna vez pude llegar a sentir.
Realmente, amaba a mis hermanos, por sobre todas las cosas, y quizá, cualquiera habría accedido a las peticiones de la abuela, porque, Hades, tenía demasiada razón, al verla, al escucharle, ¿Quién podría decirle que no?
—¿Me estabas buscando? —, pregunté en un hilo de voz, ella asintió, extendiéndome un helado—. Ya…
—Sí, te miré llegar, llevo sentada en esa banca alrededor de una hora—. Sonrió sin gracia, para sentarse en el columpio—. Sabía que en cualquier segundo llegarías, o por lo menos, tenía esa esperanza dentro de mi cuerpo, supongo que un poco de fe.
—¿Querías hablar conmigo? Y gracias—. Dije señalando el helado, ella asintió—. ¿De qué quieres hablar?
—Estaba preocupada por ti, mis llamadas y mensajes no te llegan, parece cómo si hubieras desaparecido de la faz de la tierra, cuando estábamos en Los Ángeles—. Resopló para comer de su helado—. Es curioso, siempre has sabido esconderte demasiado bien.
A veces, desde que tenía memoria, cuando las cosas me salían mal, acudía a ciertos lugares, con intenciones de calmar mis emociones, quienes sabían de ello era Katina y Miranda, ellas en realidad eran mi todo, esperaba no haberlo dado por hecho demasiado pronto.
Haber dado por hecho, que ellas supieran lo importante que eran para mí, porque, lo eran, eran mi todo desde hacía bastante tiempo, y comenzaba a preguntarme, si durante todo el tiempo en el que yo me terminaba por encerrar en mi burbuja con la esperanza de que en aquel plástico protector no entrará ni un solo miligramo de dolor, las cosas pudieran calmarse.
Es curioso.
Había pasado demasiado tiempo huyendo, aunque si era sincera, no podía recordar perfectamente de que, ellas siempre habrían estado para mí, sin dudarlo, sin chistar.
Por alguna razón, creía que, si las personas se daban cuenta que no era lo suficientemente fuerte, estas terminarían por irse, supongo que creía que era difícil pasar el tiempo con las personas a las cuales se les consumía el alma del dolor.
Lo cual era curioso, porque cuando habría sido la persona que escuchaba, no habría dudado, si quiera por un solo segundo en encontrarme ahí para ellas, pero…
Por alguna razón, temía con todas las fueras de mi interior que las personas pudieran darse cuenta de lo que se encontraba detrás de todo esto.
Detrás de mí.
—Quizá no lo suficiente—. Dije pasados unos segundos—. Siempre me has encontrado.
—Ya…—, Alargó con tranquilidad—. Es que, nunca dejaría de buscarte, supongo que sería eso—. Admitió.
—Te lo agradezco—. Mencioné con una sonrisa ladina—. He… Estado durante unos días en casa de Hades, el acepto recibirme, supongo que porque no quería pasar tiempo en casa y el lo noto.
—¿Sucedió algo?
Lo habría sucedido todo, habría perdido a mi abuela, quien habría sido como una mamá para mí durante todo este tiempo, habría perdido a la persona más especial de mí vida y no sabía como hacer respecto a ello.
Era doloroso, más que ello, tortuoso.
¿Cómo puedes aceptar que una persona que amas no estará más?
Eso dolía más que el rompimiento de un corazón, por amor.
Porque al final, no podía saber, que juntos o no, esa persona estaría bien, no podría topármela por casualidad en alguno de aquellos lugares que prometeríamos visitar, ni sentiría el tipo de nostalgia sobre, “En alguna vida… “.
Las cosas eran diferentes, porque la vida así lo quería.
Ahora solo podía quedarme con la idea de los momentos buenos que pasamos, sobre la vida bonita que en algún punto llegamos a tener, y cruzar los dedos, de que, nunca pudiera olvidar el sonido de su voz, aunque, seguramente…
Me habría sucedido con mamá, podía esperar verle, recordar su rostro a la perfección o poder aun escuchar el timbre de su voz, no lo recordaba, por mucho que cruzará los dedos y esperará fielmente a que eso sucediera, no lo hizo.
Sucedió lo mismo con papá.
Su partida fue igual de pronta, pero con él, tenía los recuerdos amargos.
Contrario a la abuela o a mamá, a él podía llegar a verlo si en algún punto quería hacerlo, buscarlo, y esperar a que él quisiera estar conmigo.
Pero habría superado eso desde hacía bastante tiempo, le habría guardado demasiado rencor por años, y podía recordarme pegada al cristal de casa, esperando que volviera, pero no lo hizo.
Su único deber, era quedarse.
Y se fue.
Aun a sabiendas, de que acabábamos de perder a mamá, a pesar de que el sabía que era lo único que nos quedaba de aquella familia fracturada. Pero, se fue.
Ahora con la partida de la abuela, la familia se habría terminado de fracturar, mis hermanos y yo, ahora estábamos solos. Ya no éramos unos niños, pero se sentía de ese modo. Cómo si aún fuéramos los niños que esperaban impacientes a que llegará su abuela.
Aun esperaba poder llegar de un lugar y poder escuchar sus anécdotas, pero, no podía hacerlo ya.
—Miranda…—, Alargué, con la voz rota—. Ella se fue—, Susurré.
Y a simple vista, pude notar cómo es que la confusión habría llegado a su cuerpo de manera inmediata, dudosa de las palabras que habrían salido de mis labios.
—¿Qué dices?
—La abuela… Ella murió—, Susurré.
Pude notar cómo todas las facciones de su rostro se contrajeron en una mueca, y sus ojos se habrían llenado de lágrimas de manera inmediata, habría querido llamarle apenas sucedió, pero no lo hice.
Cada que tomaba el celular, e intentaba marcar su número, mis manos me temblaban de una manera completamente espeluznante, cómo si hubiera perdido el control absoluto de mi cuerpo, y en realidad, eso fue lo que sucedió, perdí el control de mi cuerpo, y en realidad, aún con la ironía, no sabría si eso podría cambiar en un momento a otro.
Era extraño creer, que, durante todo este tiempo, durante el tiempo que me mantenía aquí, algo podría regresar a la realidad, si algo pudiera cambiar.
—Lo siento tanto—. Me dijo en un jadeo, para abrazarme, ella lloraba.
Lloraba, cómo una niña pequeña.
Yo lo hacía también, sintiendo compreso mi pecho, cautivo del dolor de lo que habría sucedido, no tenía la fuerza suficiente para decir que esto podría cambiar tarde o temprano, no podría hacerlo, habría perdido toda la fuerza dentro de mi cuerpo para decir que esto no era real.
Quizá no lo era.
Quizá habría perdido la cordura desde el día uno.
No había encendido mi celular desde hacía tres días, puesto que desde que enterramos a la abuela, habrían comenzado a llegarme demasiados mensajes de manera hiriente a mi celular, sabía que algo malo estaría por pasar, aunque para ser honesta, no sabía que sería particularmente.
Sabía que la muerte de la abuela habría sido un desencadenante.
Y aquella persona que nos quería torturar mentalmente, no sentía compasión por una mujer de veintidós años que lo habría perdido todo.
—Ella era una gran persona—. Me consoló Miranda sin soltarme.
Lo sabía, la abuela era querida por todos, era del tipo de personas que inmediatamente se ganaban tu confianza, no necesitaba hacer nada para hacerlo, simplemente, sucedía.
A mi abuela la querían todos, todos amaban a mi abuela, porque era del tipo de personas, que podían tomar tus manos, cerrar los ojos y desearte que todo saldría bien, y eso sucedía.
Ella era increíble.
—No te dejaré, lo prometo—. Me dijo recargando su mentón en mi coronilla.
Me mantuve en silencio, era demasiado hilarante creer, que, durante tanto tiempo, durante todos estos días, habría hecho lo posible por mantenerme lejos de todos, esperando que nadie pudiera romper la barrera que se encontraba entre mi corazón y mi razón, supongo que me parecía completamente tranquilo creer, que al encontrarse esa barrera ahí, no habría nada, ni nadie, que pudiera entrar a lastimarme.
—Te quiero, Miranda—. Le dije, mirando hacía sus ojos.
Y si pudiera decir algo, diría, que anteriormente no me habría dado cuenta de aquella red de apoyo que se encontraba frente a mis ojos, frente a mi cuerpo desde hacía bastante tiempo atrás, supongo que creí…
Qué si cerraba los ojos con bastante fuerza, los dolores, la tristeza y todo lo malo, no podría llegar a causarme heridas, pero no era así.
Las personas con las que me rodeaba, eran aquellas que no dejaban que las heridas se hicieran demasiado profundas, demasiado dolorosas.
Eran aquellas personas—las que me rodeaban—las que me habrían hecho tener la tranquilidad que tenía al día de hoy, pero, no lo sabía, hasta que comencé a ver un poco más hacía adelante, esperanzada.
No fue, hasta que lo malo sucedió de nuevo, y no tuve a donde huir, que me di cuenta, que no necesitaba huir para que la paz llegará a mi cuerpo, nunca necesite huir, porque en el lugar que me encontraba actualmente, se encontraban las personas que habrían hecho que pudiera seguir adelante.
Es ahí, cuando me di cuenta, gracias a Miranda—que paso los últimos treinta minutos a mi lado—que no necesitaba irme hacía ningún lugar, porque ellos estaban aquí, y si ellos estaban aquí, no necesitaría más.
Al final, me di cuenta, que no todo había terminado.
Y que estaba siendo demasiado cobarde.
Por ejemplo, con lo que le dije a Hades, sobre dejar la empresa—nuevamente—cada que algo salía mal en mi vida, esperaba poder huir con rapidez, porque me habría vuelto demasiado cobarde para quedarme a aceptar la realidad que tenía frente a mí, me habría negado con toda la fuerza de mi cuerpo a aceptar, que no era solo eso…
Que necesitaba ser fuerte.
Porque Drake, habría dado justo en el clavo, me estaba convirtiendo en una persona idéntica a papá, que huía entre la más mínima prueba de cambio dentro de su vida, no quería hacerlo, no quería que eso sucediera.
No quería ser igual a él.