Darren tenía razón, a su lado no era más que una niña indefensa con temor a un siguiente movimiento. Aunque fuese irresistible, era imposible no pensar en todo lo que él era capaz. No podía dejarme engañar, siquiera por aquella linda sonrisa. Así mismo como lo prometió, salimos de casa, conociendo el enorme jardín que le acompañaba. Por más que lo intentara, no veía una salida de aquel lugar, solo un infinito color verde que unía entre cesped, árboles y flores. —No te preocupes, estaremos seguros aquí. —insistió al verme observar repetidas veces con temor. Yo asentí ante el nerviosismo, caminando a su lado con una sonrisa a medias que intentaba ocultar el terror que sentía mi cuerpo. Me mostró un par de flores preciosas, unos árboles que llevaban años en esas tierras, una pequeña c

