Capitulo XXXIII Olivia Despierto medio atolondrada, mi cuerpo dolía y mi cabeza también. Un pitido incesante se adueñaba de mi tranquilidad, tenía la garganta seca. Era una buena señal, ¿No? Esperen, si yo estaba con vida, significaba… ¿Mi Nadia murió? Me comencé a alterar, mi ritmo cardiaco se precipitó y una voz lejana me pedía calma. —Señorita Fields, tranquilícese. —La be…bè— titubee, mi voz era inaudible— Agua, por favor. Mi visión empezó a esclarecerse, una mujer de cabellos castaños y uniforme de enfermera me traía un vaso, lo bebí hasta el fondo. Respiraba con dificultad, cuando pude hablar bien, volví a preguntar por ella. —¿Dónde está mi hija? —Chillé— ¡Exijo verla! —Si no se queda quieta, me obligara a ponerle un calmante— amenazó. —Es mi derecho como madre… ella, ¿Murió

