El secreto de la biblioteca
Era una tarde lluviosa. Un niño llamado Leo entró en la biblioteca municipal, buscando un lugar donde refugiarse de la tormenta. Le gustaba leer, pero nunca había visitado esa biblioteca antes. Se sentía curioso por descubrir los libros que había allí.
Leo se dirigió a la sección infantil y empezó a mirar los estantes. Había libros de todo tipo: cuentos, novelas, cómics, enciclopedias, atlas… Leo cogió uno al azar y lo abrió. Era un libro de aventuras sobre piratas y tesoros. Leo se sentó en una silla y empezó a leer.
El libro le atrapó desde la primera página. Leo se sumergió en la historia y se olvidó del mundo exterior. Se imaginó que era el protagonista del libro, un joven marinero que se unía a una tripulación de piratas en busca de una isla misteriosa.
Leo leyó durante un buen rato, hasta que llegó a un capítulo que le llamó la atención. El capítulo se titulaba “El secreto de la biblioteca”. Leo se sorprendió al ver ese título. ¿Qué tendría que ver una biblioteca con una historia de piratas?
Leo siguió leyendo y descubrió que el secreto de la biblioteca era una pista para encontrar el tesoro. Según el libro, el tesoro estaba escondido en una isla que solo aparecía en un mapa antiguo que estaba guardado en una biblioteca secreta. La biblioteca secreta era una sala oculta detrás de una estantería giratoria que solo se abría con una clave especial.
Leo se quedó boquiabierto al leer eso. Le parecía increíble que hubiera una biblioteca secreta en el libro. Pero lo que más le asombró fue que la descripción de la biblioteca secreta coincidía con la de la biblioteca donde estaba.
Leo miró a su alrededor y se fijó en los detalles del libro. La estantería giratoria estaba en el fondo de la sección infantil, al lado de una ventana. La clave especial era un libro rojo con el título “El secreto de la biblioteca” escrito en dorado.
Leo no podía creer lo que veía. ¿Sería posible que el libro que tenía en sus manos fuera la clave para abrir la estantería giratoria? ¿Y si detrás de ella hubiera una sala con el mapa del tesoro?
Leo sintió una mezcla de emoción y miedo. Quería averiguar si el libro era real o solo una fantasía. Pero también temía lo que pudiera encontrar detrás de la estantería giratoria.
Leo se levantó de la silla y se acercó a la estantería giratoria con el libro en la mano. Buscó un hueco entre los libros donde encajara el suyo. Lo encontró y lo colocó con cuidado.
Nada pasó.
Leo se sintió decepcionado. Parecía que el libro era solo un cuento y que no había nada detrás de la estantería giratoria.
Pero entonces, Leo oyó un clic. La estantería giratoria empezó a moverse lentamente, revelando una puerta oculta.
Leo se quedó sin aliento. El libro era real y había abierto la puerta a la biblioteca secreta.
Leo no lo dudó más y entró por la puerta, dejando el libro sobre la estantería giratoria.
Lo que vio dentro le dejó maravillado.
La biblioteca secreta era una sala enorme, llena de libros antiguos, mapas, globos terráqueos, instrumentos náuticos y objetos curiosos. Había una chimenea encendida, un sofá cómodo y una mesa con una lámpara.
Pero lo que más le llamó la atención fue un gran mapa colgado en la pared. Era el mapa del tesoro.
Leo se acercó al mapa y lo examinó con atención. Era un mapa dibujado a mano, con detalles minuciosos y símbolos extraños. En el centro del mapa había una isla con forma de calavera, rodeada por un mar azul. En la isla había una cruz roja que señalaba el lugar donde estaba el tesoro.
Leo no podía creer lo que veía. Era el mismo mapa que aparecía en el libro. Era el mapa del tesoro.
Leo se preguntó si el tesoro existiría de verdad y si alguien lo habría encontrado ya. Le entraron ganas de ir a buscarlo, pero también recordó que el libro advertía de los peligros que acechaban en la isla.
Leo se quedó pensativo. ¿Qué debía hacer? ¿Seguir la aventura o volver a la realidad?
Leo sintió una fuerte atracción por el mapa del tesoro. Le parecía una oportunidad única de vivir una experiencia increíble. Además, le picaba la curiosidad por saber qué había detrás del misterio de la biblioteca secreta.
Leo decidió seguir la aventura. Cogió el mapa del tesoro y lo guardó en su mochila. Luego salió de la biblioteca secreta y volvió a la sección infantil.
Leo buscó el libro que había dejado sobre la estantería giratoria. Quería devolverlo a su sitio y salir de la biblioteca sin llamar la atención.
Pero cuando llegó a la estantería giratoria, se llevó una sorpresa. El libro ya no estaba allí.
Leo se asustó. ¿Quién habría cogido el libro? ¿Y si fuera alguien que conociera el secreto de la biblioteca?
Leo miró a su alrededor y vio a un hombre vestido de n***o que lo observaba con una sonrisa maliciosa. El hombre tenía el libro en la mano.
Hola, Leo - dijo el hombre -. Veo que has encontrado el mapa del tesoro.
Leo se quedó paralizado. ¿Cómo sabía el hombre su nombre? ¿Y cómo sabía lo del mapa?
¿Quién eres? - preguntó Leo con voz temblorosa.
Soy el autor del libro - dijo el hombre -. Y también soy el guardián de la biblioteca secreta.
¿El autor? ¿El guardián? - repitió Leo, confundido.
Sí - dijo el hombre -. Yo escribí el libro hace muchos años, cuando era joven y soñaba con ser pirata. Pero nunca pude encontrar el tesoro, porque estaba escondido en una isla que solo aparece una vez cada cien años.
¿Una vez cada cien años? - preguntó Leo.
Sí - dijo el hombre -. Y resulta que hoy es ese día. Hoy es el día en que la isla vuelve a surgir del mar. Y yo voy a ir a buscarla.
¿Y qué quieres de mí? - preguntó Leo.
Quiero que vengas conmigo - dijo el hombre -. Quiero que seas mi compañero de aventuras. Quiero que me ayudes a encontrar el tesoro.
¿Por qué yo? - preguntó Leo.
Porque tú eres especial - dijo el hombre -. Tú eres el único que ha podido abrir la estantería giratoria con el libro. Tú eres el elegido.
Leo se sintió halagado por las palabras del hombre. Le parecía que le estaba ofreciendo una oportunidad increíble. Ir a buscar un tesoro en una isla mágica con el autor de su libro favorito.
Leo aceptó ir con el hombre. Pensó que sería una aventura divertida e inolvidable.
Pero lo que no sabía era que el hombre le estaba mintiendo. El hombre no era el autor del libro, sino un ladrón que había robado el libro de la biblioteca secreta hacía años. El hombre no quería compartir el tesoro con Leo, sino usarlo como cebo para atraerlo a una trampa. El hombre no era un amigo, sino un enemigo.
El hombre llevó a Leo a su coche y lo metió en el maletero. Luego condujo hasta un puerto donde tenía un barco preparado. El hombre subió al barco con Leo y navegó hacia la isla del tesoro.
Cuando llegaron a la isla, el hombre sacó a Leo del maletero y lo arrastró hasta la cruz roja que señalaba el lugar donde estaba el tesoro. El hombre empezó a cavar con una pala, mientras Leo lo miraba con miedo.
¿Qué vas a hacer conmigo? - preguntó Leo.
Te voy a matar - dijo el hombre -. Eres un testigo molesto. No puedo dejar que nadie sepa que he encontrado el tesoro.
Por favor, no me mates - suplicó Leo -. Déjame ir. No le diré nada a nadie.
Lo siento, Leo - dijo el hombre -. Pero no puedo arriesgarme. Además, necesito tu sangre para activar el mecanismo que abre el cofre del tesoro.
¿Mi sangre? ¿Qué mecanismo? - preguntó Leo.
El cofre del tesoro tiene un candado especial - dijo el hombre -. Solo se abre con la sangre del elegido. Y tú eres el elegido.
¿Cómo lo sabes? - preguntó Leo.
Lo sé porque yo lo diseñé - dijo el hombre -. Yo soy el verdadero autor del libro. Yo soy el que escondió el tesoro en esta isla. Yo soy el que creó la biblioteca secreta.
¿Qué? - dijo Leo, incrédulo.
Sí - dijo el hombre -. Todo fue parte de mi plan. Yo escribí el libro como una pista para encontrar el tesoro. Yo guardé el libro en la biblioteca secreta como una prueba para el elegido. Yo esperé cien años a que la isla volviera a aparecer. Y tú has sido el tonto que ha caído en mi trampa.
El hombre terminó de cavar y encontró un cofre de madera con un candado de metal. El candado tenía una ranura donde había que introducir una llave. Pero la llave no era una llave normal, sino una jeringa llena de sangre.
El hombre cogió la jeringa y se acercó a Leo. Leo intentó escapar, pero el hombre lo sujetó con fuerza. El hombre le clavó la jeringa en el brazo y le extrajo sangre. Leo gritó de dolor y de miedo.
El hombre llenó la jeringa con la sangre de Leo y la introdujo en la ranura del candado. El candado se abrió con un clic. El hombre abrió el cofre y vio el tesoro.
El tesoro era una colección de joyas, monedas, piedras preciosas y objetos antiguos. El hombre se quedó maravillado al verlo. Era más de lo que había soñado.
El hombre se rió con malicia. Había cumplido su objetivo. Había encontrado el tesoro.
Pero lo que no sabía era que el tesoro estaba maldito. El tesoro tenía una maldición que castigaba a los codiciosos y a los asesinos. El tesoro se convertía en polvo al contacto con la sangre del elegido.
El hombre cogió una joya con la mano y la acercó a su cara. Pero en cuanto la tocó, la joya se deshizo en polvo. El polvo se le metió en los ojos y le provocó un ardor insoportable.
El hombre soltó un grito de dolor y soltó la joya. Pero ya era tarde. Todas las joyas se habían convertido en polvo. Todo el tesoro se había convertido en polvo.
El hombre se quedó sin aliento. Su plan se había arruinado. Su sueño se había convertido en pesadilla.
El hombre miró a Leo con odio. Le echó la culpa de lo que había pasado. Quiso vengarse de él.
El hombre cogió un cuchillo y se lanzó sobre Leo. Quiso matarlo con sus propias manos.
Pero Leo reaccionó a tiempo y esquivó el ataque. Luego le dio una patada al hombre y lo hizo caer al suelo.
Leo aprovechó la oportunidad y corrió hacia el barco. Quería escapar de la isla y del hombre.
Pero cuando llegó al barco, se llevó otra sorpresa. El barco ya no estaba allí.
Leo miró al mar y vio que el barco se alejaba a toda velocidad. Alguien lo había robado.
Leo reconoció al ladrón que había robado el barco. Era el bibliotecario de la biblioteca municipal.
Leo no podía creer lo que veía. ¿Qué hacía el bibliotecario en la isla? ¿Cómo sabía lo del tesoro?
Leo recordó que el bibliotecario le había sonreído cuando entró en la biblioteca esa tarde. Recordó que el bibliotecario le había dicho que leyera cualquier libro que le gustara. Recordó que el bibliotecario le había guiñado un ojo cuando cogió el libro de aventuras sobre piratas y tesoros.
Leo entendió todo entonces. El bibliotecario era cómplice del hombre vestido de n***o. El bibliotecario sabía lo del libro, lo del mapa, lo del tesoro y lo de la maldición. El bibliotecario