Leandro. Llevaba desde las seis de la mañana despierto, mirándola dormir sobre mi pecho. No se movía ni un poquito, donde se acostaba ahí amanecía. Era realmente hermosa desde los pies hasta la cabeza. Dormía profundamente muy relajada, me encantaba admirar su manera de descansar. Ella es muy cálida, tranquila, es como el mar en calma pero también sabe ser tormenta. Creo que lo que más me ha enloquecido de ella, es su manera de tratarme. No me tiene ni un poquito de miedo, me ve como alguien normal y corriente, no me huye, me enfrenta. Verla justo encima de mí, recordar nuestra cena, nuestra intimidad... es como un trancazo en la cabeza que me obliga a creer que todo es real. Santo cielo, Leandro, tú nunca habías estado en estas situaciones. Besé su frente con cariño y acaricié su cabe

