Leandro. Ni siquiera me percaté en el momento en que la cargué y me la llevé a su habitación. Solo estaba consciente de que la besaba como un loco, uno muy desesperado por tener todo de ella. Sentía una sed, un calor, una hambre, que me consumía por dentro y la culpa la tenía solo ella, nada más y nada menos que Ariadna. Empezaba a notar que lo que no podía expresar del todo con palabras, entonces lo podía hacer a través del sexo. Haciéndola mía con amor, con delicadeza, con cariño, con suavidad. Para mí era muy difícil decirle todo lo que en mi pecho empezaba a desarrollarse, todavía no supero las respuestas que ella les dio a mi madre y a mi hermana. Es como si no dudara de mí, como si apostara todo por mí, como si me conociera de toda la vida, como si sintiera por mi.... les juro que

