Ariadna. Después del desayuno de esta mañana con mamá y Leandro, tenia las suficientes razones como para tener un excelente día, pues, las cosas pasaron de maravilla. No hubo tensión nunca, parecía como si a mamá le encantara la vibra de Leandro, y él todo risueño, amable, parlanchino. No estaba el mafioso cortante, de mirada fría, rostro duro... por Dios, si me doy cuenta, hace mucho que no veo ese Leandro. Su manera de ver la vida había cambiado. Su gran sonrisa con las anécdotas que mamá le hacia sobre mi me enamoraba. Era un hombre relleno de sorpresas que sin duda alguna me enloquecían. No supero que mamá no le encontrara defecto, aunque no tuvimos mucho tiempo de hablar, cuando terminamos de desayunar, Leandro se marchó a trabajar, yo me metí a bañar y comencé alistarme para di

