Ariadna. —Tengo hambre— lo escuché decirme desde la habitación mientras yo me encontraba en el baño. —Iré haciendo el desayuno, ya que si es por ti me dejarás muerto — ¿lo habíamos hecho cuantas veces? ¿Ocho? No recuerdo si dormimos dos horas como mucho. Las cosas realmente se pusieron buenas en la madrugada. Todo el sentimentalismo en el que nos sumergimos solo encendió nuestras llamas. De tan solo recordar su lengua recorriendo todo mi cuello se me eriza la piel. Tengo unos cuantos chupetones en el cuerpo pero no me importan. Me sentía totalmente feliz, totalmente rejuvenecida. Amanecer con Leandro era fantástico, pero sobre todo era encantador. Además, que se haya sincerado conmigo anoche es lo máximo, lo sentía totalmente ya mío. Me arreglaba un poco el cabello, no sé cuánto jalone

