Capítulo 5 “Búsqueda”

1882 Palabras
Los maullidos fastidiosos de Jefry fueron los que me despertaron, estaba saltando contra la puerta como si pudiera ser capaz de abrirla. Dios, tenía que recordar no volver a meterlo en la habitación, pero a decir verdad, no recordaba haberlo visto aquí anoche, aunque cuando había regresado a la habitación estaba tan exhausta que no me percaté de muchas cosas. Ni siquiera me había cambiado de ropa, todavía tenía los jeans sucios y la camiseta manchada con mezcla de pastel y chocolate. Con un quejido me puse de pie y le abrí la puerta al gato para que me dejara en paz. Necesitaba un baño con urgencia, apestaba a sudor. Cuando llegué al baño comencé a desnudarme pensando en los acontecimientos de anoche, le había dado a Reese cuatro de mis mejores dulces, tarta, trufas de chocolate, suspiros…Lo había visto comérselos con gusto y aprobación. Había sido bueno conmigo, era un tipo genial, lo que me contó sobre lo que pensaban sus empleados seguía dejándome sin palabras. Tal vez debía investigar un poco de él en internet…Pero esa no era mi prioridad, no podía abusar de su amabilidad, desde hoy tenía que comenzar a buscar un lugar a donde marcharme. Empujé las puertas de cristal de la ducha. Los azulejos eran negros y brillantes, el espacio era grande y pensé con gracia que cuatro personas podrían meterse aquí cómodamente. Busqué el pomo para dejar salir el agua y despertarme bien de una vez por todas, pero no lo encontré, en su lugar había un panel. Acerqué mi dedo índice con el ceño fruncido, di un toque y varias opciones se desplegaron. Mis ojos se agrandaron. Presioné la opción de “iniciar”, pero entonces más otra tanda de botones se desplegó. Decía “temperatura”, “fuerza de presión”, “efectos”, “masajes”. ¿Qué diablos? ¿Acaso iban a salir dos manos mecánicas para darme masajes? Indagué en esa opción, pero seguían apareciéndome más y más botones para elegir. Estaba perdiendo demasiado tiempo. No quería rendirme ante ese pequeño panel, pero me daba miedo averiarlo y tener que pagárselo como nuevo a Reese, solo los dioses sabían cuánto costaría una ducha como esta. Salí de allí y me envolví en mi toalla color naranja, no era que me encantara ese color, pero había sido un regalo de bienvenida a la ciudad y me encantaba que fuera enorme. Caminé hacia la puerta de la habitación, pero me detuve abrupta preguntándome qué iba a hacer. ¿Pretendía buscar a Reese? ¿En toalla? Iba a darme la vuelta para buscar mi ropa cuando la puerta fue tocada con suavidad, apenas el sonido fue perceptible. —¿Sí? —mi voz salió enronquecida. —Buenos días, Estela —sonreí sabiendo que él no podía verme—. Venía a ver si ya estabas despierta, el desayuno está servido y dentro de unos minutos me iré a la empresa. Abrí la puerta un poco y el olor de su perfume fue lo primero en saludarme. Ya estaba vestido de pies a cabeza, se estaba arreglando las mangas del traje cuando elevó sus ojos para verme. Enrojecí. —¿Podrías decirme cómo funciona la ducha, por favor? Por un momento el avergonzado fue él. —Pensé que te lo había explicado ayer, lo siento, supongo que lo olvidé —se lamentó—, ¿me permites pasar? Abrí la puerta para él, entró rápido, apenas mirándome un par de segundos. Yo no podía mirarlo a los ojos, mordía mi labio con nerviosismo mientras lo seguí al baño. Lo escuché tocando el panel con maestría, sus dedos no vacilaban y una sonrisa se formó repentinamente. —¿Qué? —cuestioné a la defensiva. —¿No te duchaste anoche? Sentí que mis orejas calentarse. —Yo…no —dije cruzándome de brazos—. ¿Nunca te has saltado un día sin ducharte?   Negó sin borrar la sonrisa. ¡Ah, claro! —Esta ducha no estaba programada, pero ya está, ven aquí, te mostraré como cambiar la temperatura. Caminé y me quedé a un paso atrás de él mientras escuchaba su explicación sencilla. Esperaba no tener más problemas. También me señaló varios círculos de metal por todo el largo de la pared. —Si activas los masajes, saldrán chorros de agua por estos —explicó. —Había pensado que unas manos metálicas saldrían a masajearme —sopesé en voz alta. Reese me miró, como si quisiera percatarse de que hablaba en serio. —Creo que ves demasiadas caricaturas, Estela —opinó saliendo de la ducha, quedando demasiado cerca de mí—. Te daré privacidad —dijo, haciéndose a un lado para dirigirse a la puerta—. Estaré esperándote abajo. Cerró la puerta dejándome sola. Me quité la toalla del cuerpo y entré en la ducha, la activé y el agua cayó sobre mi cuerpo. Tallé el jabón por mi piel mientras observaba los círculos en la pared, imaginándome como sería sentir esos chorros a presión en mi cuerpo. Sacudí mi cabeza deteniéndome, tenía que darme prisa. ***** Cuando entré en el comedor me encontré a Reese sorbiendo de una humeante taza, me quedé impresiona, pues había un banquete en la mesa, tostadas, cereal, jugo, leche, café, huevos, tocino…Volví mi mirada incrédula hacia el hombre imperturbable. —¡Pensé que no cocinabas! —chillé. Bajó su taza para responderme, pero no fue su voz la que escuché. —Oh, él no cocina, yo lo hago. Por la puerta de la cocina entró una bonita mujer, su cabello castaño estaba recogido en un moño alto, era delgada y alta. Traía una cesta con pan en sus manos, cuando pasó por mi lado sus ojos verdes me estudiaron. —Buenos días —dijo—. Soy Maya, la cocinera del señor Reese. —Bueno días —tartamudeé, ¿cocinera? No sé por qué me sorprendía—. Soy Estela. Maya dejó la cesta de en la mesa y señaló una de las tres sillas restantes. —Por favor, siéntate. Sonreí apenada yendo a sentarme. —Estela es mi invitada, se estará quedando en la casa unos días —le avisó Reese, comenzando a servirse—. Gracias, Maya. —No hay problema —sonrió la mujer volviendo a la cocina—. Disfruten. Solté un “gracias” apresurado y volví a fijarme en la mesa. Habían tantas cosas que no tenía idea de qué poner en mi plato. —Si tienes preferencia por alguna cosa en especial puedes decirle a Maya —comentó Reese, estaba comiendo, pero tenía su visión puesta en su teléfono, aunque de vez en cuando lo soltaba para darle algo a Jefry, quien estaba maullando como un muerto de hambre a sus pies. —Oh, no, esto es perfecto. Gracias. La comida estaba deliciosa, terminé sirviéndome un poco de todo cuando me di cuenta de que Reese no me estaba prestando atención y todo lo que había en su plato eran unas tostadas. Bueno, esta comida no iba a perderse. Todo tenía un gusto perfecto, estaba impresionada, la próxima vez que hablara con ella no iba a dudar en pedirle consejos. Cuando terminé un gemido de satisfacción dejó mis labios. Nunca había estado tan llena, al menos no en el desayuno. —¿Te gustó la comida? —consultó Reese, dejando su teléfono de lado. —Sí, estuvo maravilloso. Sonrió levantándose. —Díselo a Maya cuando la veas, le gusta recibir cumplidos —llevó el teléfono al bolsillo de su pantalón—. Tengo que ir a trabajar, ¿puedo llevarte a algún lado antes? —No es necesario —me puse de pie, sintiéndome pesada—. Tomaré el autobús. —¿A dónde vas? —preguntó con curiosidad, esperándome para salir del comedor. Jefry nos seguía, quizás tan lleno como yo. —Exploraré el centro y algunos barrios que conozco, alguien debe estar alquilando algo en algún lugar,  lo sé —expuse mi plan. —Puedo ayudarte con eso, tengo algunos contactos que podrían conseguirte un buen lugar. Asentí aceptando su ofrecimiento, busqué mis cosas en la habitación y cuando salí me encontré con Reese esperándome. Me dejó en el centro y copió su número de teléfono en mi mano para que lo llamara si necesitaba algo, cosa que no haría, ya me estaba ayudando bastante. El centro estaba muy despierto a esta hora, con un suspiro me interné en la marea de gente. ***** Mordía mis uñas, ya las había acabado todas, cada vez que me decían que no o que no conseguía nada. Nada. Mañana tendría que recorrer otros lugares, buscar en los periódicos, contactar a todos mis amigos. Algo tenía que lograr. Hoy solo había podido descartar lugares. Pasado el mediodía recibí una llamada del teléfono que había registrado Reese. —¿Hola? —contesté con extrañeza. —Hola, Estela —era él. —¿Cómo obtuviste mi numero? —pregunté confundida. En la mañana él me había dado su número, pero yo no le di el mío. —Solo puse tu nombre en internet —respondió con simpleza—. ¿Dónde estás? ¿Tuviste suerte? Tragué saliva. —Estoy saliendo del subterráneo, en la avenida principal, yo…No, no he podido conseguir nada, pero no te preocupes, aún no me rindo —agregué rápido. Me preocupaba que comenzara a arrepentirse de haberme dado hospedaje…Necesitaba un día más, solo eso. —Estela, no me malinterpretes, no te estoy apresurando —sonó como si me regañara—. Dime dónde estás, iré a buscarte para almorzar, yo he conseguido algunos lugares que podrían interesarte, puedo mostrártelos ahora. Me sentí mejor después de eso, si Reese tenía opciones para mí tal vez este día no estaría del todo condenado. Le di una dirección para que nos viéramos y colgó. Caminé hacia el local sin perder de vista los posibles carteles de locales en alquiler. Resoplé obligándome a descansar por unos minutos, cuando Reese viniera pensaría de nuevo en ello. Me senté en un banco y saqué mi celular para enviarles textos a mis amigos, pero una cosa me llevó a otra y terminé en internet escribiendo mi nombre. La búsqueda me llevó a la página de mi negocio, donde estaban todos mis datos para que futuros clientes pudieran contactarme. Retrocedí y escribí otro nombre en el buscador. Reese Becker. Obtuve miles de respuestas, noticias, páginas y fotos. Sentí que estaba haciendo algo incorrecto, aunque no entendía por qué, Reese ya me había buscado en internet a mí. Entré en el primer link, era la noticia sobre la encuesta que les habían hecho a sus trabajadores. Incluso había fotos de algunas de ella. Me horroricé. Tenían comentarios fuertes y rotundos. También había una pequeña biografía de él. Venía de un país cuyo nombre no podía pronunciar, su padre había muerto hacía dos años por un ataque al corazón, su madre Bianca y sus hermanos permanecían en su país de origen. Tenía veintiocho años y no tenía familia alguna en este país. —¿Estela? El teléfono casi se me resbaló de las manos por la impresión. Cuando levanté mi rostro me topé con unos ojos color café. Era Austin, mi ex.    
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