15. No siempre eres impecable con tu palabra

1961 Palabras

Me senté frente a el nuevamente y agarré mi bolso. —Quítate el collar— dijo. ¿No había fin para el comportamiento conrolador de este hombre? Ja. Pregunta estúpida. Me quité el collar. Ni un segundo después, me entregó una caja de terciopelo n***o, plana y cuadrada. —Ábrelo — dijo. Estaba empezando a pensar que pronto querría que empezara a decirle “si señor”. Lo abrí y dentro había una impresionante gargantilla de diamantes. No pude evitar jadear ante lo que debían ser al menos doscientos diamantes de corte marquesa. —Wow— fue todo lo que pude decir. —¿Son esos… diamantes reales?— —Es un préstamo— —Por supuesto— dije. Me hizo un gesto para que me diera la vuelta. Hice lo que me ordenó y el procedio a sujetar la gargantilla alrededor de mi cuello. Un escalofrio me recorrió cuando su

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