Una noche robada

4339 Palabras
MILA Asher: Estas cerca, ¿verdad? Asher: No importa Asher: Puedo olerte. Estás aquí. Sonrió a mi teléfono mientras llegan los mensajes de texto. El vuelo de cinco horas en primera clase de LAX a JFK en modo avión han sido una agradable pausa en la vida. y ahora, mientras me deslizo sin ataduras entre la multitud de personas en el aeropuerto, me doy cuenta de que esto es un verdadero lujo. Por una vez, mi padre no me está pisando los talones. Había conseguido estafar para reservar el vuelo de vuelta a casa con nuestro agente de viaje sola. Y ahora que estoy en Nueva York, solo puedo pensar en Asher. A que sabrá una vez que lo bese. Lo bien que olerá cuando me abrace. Han pasado tres meses desde la última vez que nos vimos, en agosto, durante una de mis visitas a casa desde Stanford. Solo habíamos estado juntos dos días, ya que mi padre tiene la costumbre de sobrecargar mis visitas a casa. Pero habíamos acumulado suficiente amor y ternura para que nos duraran estos meses separados y más. Aunque Asher es mi verdadero amor, el único hombre con el que puedo ser yo misma, tengo un nudo en el estómago imaginando como será volver a verlo. Tres meses no son nada y al mismo tiempo lo son todo. Las dudas me invaden sin importar lo que haga para alejarlas. Tal vez no le guste lo que ve…tal vez actúe de manera diferente ahora, después de tanto tiempo lejos, y ni siquiera me doy cuenta. La duda y la inseguridad me rondan como un depredador mientras camino a toda velocidad por el aeropuerto JFK, agarrando mi equipaje con ruedas detrás de mí. Papá: Recibí los detalles de tu vuelo del agente. Vince te está esperando. Nos vemos pronto. Mierda. las dudas e inseguridades de antes comienza a agitarse, siseando burbujas mientras fermentan en algo completamente nuevo. Una parálisis familiar terrible se extiende por mis venas como hielo y hierro al mismo tiempo. Me agobia, me atrapa. A mi padre le encanta estar orquestando todo. El coche. El destino. La hora. Mi maldita vida entera. Le envió un mensaje de texto rápido a Asher para avisarle que he aterrizado y luego guardo mi teléfono en mi enorme bolso Hermes. Son poco más de las siete de la noche, la oscuridad se extiende por los confines de la tierra a pesar de la brillante neblina de actividad que emana del aeropuerto. Esta noche será mía. No importa lo que piense mi padre. Camino rápidamente por la terminal abarrotada, mi equipaje n***o con ruedas es el compañero perfecto para el bolso Hermes que cuelga del hueco de mi codo. Mis padres me formaron a su imagen, y esa imagen incluye accesorios caros, un cabello perfecto en todo momento y una actitud de no aceptar tonterías en las negociaciones. Nada mas importa. Al menos no para ellos. Quieren las mejores cosas de la vida, con la gente más atractiva, a los precios mas favorables posibles. Eso es todo. Lo que significa que a Asher le encanta molestarme por los accesorios. Ya puedo sentirlo bromeando sobre el bolso Hermes, que es menos una elección mía y más un requisito para la próxima reunión de este fin de semana. Lo sé: es solo parte de la vida que vivo. No puedo presentarme a una reunión con los padres de Dustin con el bolso verde azulado cocido a mano que había usado en Venice Beach la primavera pasada, incluso si es mi accesorio favorito. Necesito llevar los artículos que encajen con la personalidad que esperan de mí. empezando por este bolso francés de 25.000 dólares. Se que mi difunto hermano, Tom, También habría preferido el bolso verde azulado. Había escuchado su voz en la cabeza cuando lo compré, lo que me hizo llorar en el hombro de Asher durante quince minutos a plena luz del día. No. Este enorme y asquerosamente glamuroso bolso se considera una obligación laboral. Con algunos otros artículos selectos con precios de cuatro cifras que había guardado en mi equipaje con ruedas. Como el estuche para portátil de Chanel y la unidad USB de oro de 24 kilates. Estos son artículos que sé que necesito. Para ellos. No para mí. Ninguna de estas cosas son artículos que hubiera elegido si no estuviera tratando de crear la imagen quieren para mí. Cuanto más me acerco a la zona de recogida de equipaje, más me acerco a Asher. Me imagino que estará esperando justo afuera de las puertas automáticas de la zona de recogida de equipaje, tal vez apoyado contra la larga hilera de vagones que se salpican el cinturón interior del JFK como perlas sucias. Estoy a cinco pasos de la zona de recogida de equipaje cuando siento un hormigueo en los antebrazos. La emoción se arremolina en mi pecho, tan intensa que ya estoy sin aliento. Todo en lo que puedo concentrarme es en las puertas corredizas que conducen al mundo. Mis tacones resuenan contra las baldosas del suelo, las ruedas de mi equipaje repiquetean al ritmo de la música. Asher. Asher. Asher. Un brazo fuerte me agarra por las costillas. Ni siquiera tengo tiempo de jadear, ni de parpadear, pero mi cuerpo sabe lo que ha sucedido antes que mi cerebro. –Aquí estás– El bajo áspero de Asher recorre mi cuerpo como una corriente eléctrica. Cada centímetro de mi comprende su tacto, la sólida calidez del mientras me aprieta contra él. No estoy segura de sí dije algo o si mi sorpresa, o tal vez mi alivio, me habían dejado muda. Mi cara esta contra la superficie plana de su pecho, enterrada en la sudadera que lleva debajo de su característica, aunque maltratada, chaqueta de cuero negra. Sus brazos me aprietan, apretándome contra él. Las lágrimas me pican en las esquinas de los ojos mientras me fundo con él, aferrándome a cualquier cosa que pueda agarrar al costado de su chaqueta, la cintura de sus jeans. –Dios, Asher– balbuceo en su pecho, con el corazón acelerado como si hubiera corrido un maratón. El abrazo no puede durar lo suficiente. Podría abrazarlo hasta las tres de la mañana y aún querer más. Me besa la parte superior de la cabeza mientras lo absorbo con mis sentidos: el musculo fibroso de sus brazos a mi alrededor, su aroma a naturaleza y cedro, como si llevara los bosques de Kentucky consigo a dondequiera que va. Cuando su agarre a mi alrededor se afloja, me pongo de putillas, mis labios buscando los suyos como dos partes de un imán uniéndose. Nuestras bocas se estrellan, demasiado urgentes y ávidas para un beso delicado. Su mano serpenteo por la parte posterior de mi cuello, sus dedos anudándose en mi pelo en la base de mi cráneo. Gimo durante el beso mientras el tira de mi pelo lenta y suavemente. Exactamente como me gusta. La humedad sube entre mis piernas. Asher conoce todos mis rincones secretos y le encanta juguetear con ellos. incluso en medio de la recogida de equipaje del JFK. –Te voy a comer viva, florecita– promete, con sus labios aún presionados en los míos. Su boca se curva en las comisuras y me levanto del suelo, haciéndome girar en circulo. –¿Lo prometes? – –Prometido y certificado– Lo acaricio con la nariz, riéndome mientras me vuelve a bajar. Pero sus brazos no me dejan. Inclino la cabeza para mirarlo detenidamente, absorber todos los cambios y las pequeñas diferencias desde la última vez que lo había visto. Su cabello castaño claro es más largo en la parte superior, despeinado de una manera que quiero proteger. La barba incipiente en su mandíbula me roza los dedos mientras lo acaricio, tratando de memorizar cada detalle de este momento. –Consíganse una maldita habitación– murmura alguien al pasar. Asher y yo nos miramos con grandes sonrisas por un momento antes de estallar en carcajadas. –Lo haría si pudiera permitírmelo– grita Asher en dirección a la persona que nos había regañado. –¡Esta ciudad es tan cara, no tienes idea! – Me desplomo contra él, la risa sacudiendo mi cuerpo. –Menos mal que solo necesitamos un armario– continúa Asher, dándome un beso en la frente. –Porque sabes que eso es lo que tengo para ti– –Es mi favorito armario en Manhattan– le digo, cerrando los ojos mientras me da otro beso en los labios. De esos que son terciopelo aplastado y calor. De esos que hacen arder las bragas. –¿Estás lista para acurrucarte junto a mi zapatero? – sus ojos brillan mientras me provocan, su palma acariciando mi cabello. Me encanta que me admire; nadie más en el mundo se ha visto tan genuina y profundamente eufórico al verme. Abro la boca para decirle que mi padre había fisgoneado mi plan de vuelo y había enviado al conductor, pero estar cerca de Asher de nuevo me anima. Que las consecuencias se acumulen como puedan. Necesito pasar la noche en casa de mi novio, y si eso incluye decirle a Vince que se vaya a la mierda, que así sea. –Por supuesto que si– le rodeo el cuello con mis brazos y nos besamos de nuevo. Y luego otra vez. Cuando nos separamos, veo a Vince, el chofer de mi padre, por encima del hombro de Asher. Siento un vuelco en el estómago. –Vayamos al otro lado de la recogida de equipaje– le digo en voz baja. –Vince acaba de aparecer, probablemente para encontrarme y robarme– La molestia cruza el rostro de Asher, pero debe reprimirla porque toma mi mano entre las suyas y se las lleva el dorso a los labios. –Es hora de empezar el secuestro– dice. Sigo el ejemplo de Asher y nos escabullimos, perdiéndonos fácilmente entre la multitud que cruza la zona de recogida de equipaje. Todo lo que quiero es escaparnos un fin de semana largo: ir a una cabaña, acurrucarnos en unas mantas, mirar el fuego durante días. Pero dadas mis circunstancias actuales, la escapada de fin de semana es imposible. tendrá que bastar con esto: una noche robada aquí, un brunch rebelde en dos días si tenemos suerte. Y luego…más espera. Esperar, esperar, esperar, hasta que podamos robar otra noche. Hasta que mi padre deje de ser el principal obstáculo entre nosotros. Hasta que las estrellas finalmente se alineen para que podamos ser abiertamente felices juntos. Haciendo planes sin fricciones ni secretos. Si Dios quiere, incluso podríamos despertarnos y dormir en la misma casa algún día. Es una realidad que casi puedo saborear, pero no tengo un mapa de carreteras para llegar allí. Nos perdemos entre la multitud de peatones mientras Asher me guía de vuelta al aeropuerto, hacia la zona de salidas. Cada paso a su lado se siente como una aventura; lo ha sido desde el día en que lo conocí, en la fila del centro de estudiantes esperando un sándwich de queso a la parrilla con una rebanada de pepperoni en el medio, y me preguntó que si quería faltar a clase e ir al barrio chino con nuestros sándwiches de queso a la parrilla. Había sido un completo desconocido, pero algo en la travesura e inocencia de su mirada me hizo responder que sí. Y he estado respondiendo que si desde entonces. –Veo que hoy tienes un bolso elegante– murmura mientras maniobramos y se abre paso entre la multitud. –También tengo la bolsa de Venice Beach– –Bien. Traes a Tom contigo, ¿sabes? – Sonrió. Asher no tiene miedo de hablar de Tom. No como todos los demás. Mis padres solo lo han mencionado un par de veces desde que se quitó la vida hace seis años. –Sabes, cada vez que llevo esa bolsa. Puedo oír su risa en mi cabeza. creo que estaba con nosotros ese día en la playa– –Esa mierda me pasa con Kate y Jessie– dice sonriéndome cálidamente. Había perdido a sus dos hermanas menores, victimas del sistema de acogida. Kate había fallecido en el primer año de universidad de los hermanos. Jessie simplemente desapareció, y aunque los hermanos aún tienen un atisbo de esperanza, se dicen así mismos que ella había sufrido un destino similar al de Kate. El mismo sistema que se llevó a sus hermanas les había permitido a él y a su hermano biológico Dominic prosperar. –A veces juro que están pasando el día conmigo– Me río. –Tal vez solo vienen del cielo de visita– –Es como la versión espiritual de Día de llevar a tu hijo al trabajo, excepto que…– me mira probablemente leyendo la confusión en mi rostro. –No, la inmobiliaria Cargill no hizo el día de llevar a tu hijo al trabajo, ¿verdad? – –No lo hicieron– digo con una risa. –No te perdiste de mucho– reflexiona. Pero nuestros hermanos perdidos todavía pasan en mi mente mientras recorremos el aeropuerto. –¿Alguna vez te castigas intentando honrar su memoria? – Asher dejo escapar un suspiro bajo. Pero no porque sea demasiado pesado. Así somos: podíamos hablar de todo. Cuando fuera y donde fuera. Él es la primera persona con la que puedo desahogarme. –Todos los días– confirma. –Dominic también– –Siento que tengo que hacer tanto para arreglar las cosas– murmuro. Estas son las palabras que nunca podré pronunciar delate de mis padres. que Tom se quitara la vida lo consideran como un acto tan atroz y vergonzoso que se niegan hablar de ello. Incluso conmigo. –Parece que necesitas un poco de cariño, nena. No sé si te voy a dejar ir esta vez– dice Asher, apretando su brazo alrededor de mis hombros mientras nos abre paso entre la multitud. –Tu MBA no es para tanto, ¿verdad? Estarás bien si te encierro en mí apartamento– –Si. Siempre y cuando me alimentes y me des agua. Ni siquiera me consideraría una víctima– –Porque estarías dispuesta– La sonrisa sexy que se extiende por su rostro mientras me mira tiene el poder de convertir esa broma en realidad. Porque haría cualquier cosas por él. Incluso sabotear mi carrera, si es necesario. Incluso abandonar a mi familia…si es necesario. –Podemos compartir tu MBA– espeto mientras una ráfaga de viento frío pasa a toda velocidad. Me acurruco más profundamente en su abrazo. –Puedes quedártelo– dice. –De todos modos, solo lo estoy consiguiendo para ti– Me río y le doy un manotazo en el pecho, pero él no me devuelve la risa. –No hablas en serio– le digo. Una mirada sombría cruza su rostro. –Se que a tu padre le parecerá mejor si tengo un MBA. Y al director ejecutivo de nuestra empresa le parecerá mejor tener un MBA. Pero después de la semana que he tendió, estoy listo para dejarlo– Le doy una palmadita en el pecho. –Ya casi lo hemos terminado. Porque tienes razón. Se vera mejor tenerlo. Has llegado hasta aquí. ¿Por qué parar ahora? – Gruñe de la manera más típica de Asher, una mezcla de petulancia adolescente y un toro. –Porque ya lo superé– –Ya estás a más de la mitad…– –Y más de la mitad de la ruina. Weston se gradúa este semestre, lo que significa que podemos adelantarnos en el negocio. Y lo necesitamos. Además, yo estoy listo hace dos años para ser director ejecutivo; así que ¿Por qué tirar todo este dinero extra a la basura solo para recibir el derecho a alardear de un MBA en Columbia? – suspira, la tormenta azul de su mirada. –Estoy en un conflicto. Atrapado entre el dinero y el compromiso una vez más– –Asher, si hay alguien que puede encontrar una solución a este problema, eres tú– –Estoy harto de tener que buscar siempre la solución– Su garganta se contrae mientras mira a lo lejos. –He estado lidiando con esta mierda toda mi vida. solo pensé que una vez que llegara a este punto, sería más fácil– Una risa triste sale de mí. Puedo identificarme con esa afirmación de cien maneras diferentes. –No se vuelve más fácil. Simplemente te acostumbras– Asher aprieta su brazo alrededor de mis hombros con más fuerza. –No quiero empezar nuestra noche con todas mis quejas. ¿me perdonas? – Le sonrió. –Mmm. Supongo que hay una manera de que puedas compensarme– Esa sonrisa desgarradora regresa a su rostro, el tipo de mirada que me tiene como rehén cada vez que el dirige esta brillantez hacia mí. El tipo de sonrisa que vería incluso muerta. –¿Puedo empezar a compensarte ahora? – No puedo responder antes de que me levante en brazos con un grito de alegría. Me aferro a él, riendo y delirando de alegría. No soy ajena a las aleatorias muestras públicas de afecto que Asher le encanta hacer, pero nunca dejan de deleitarme. Olvida mi pequeño equipaje con ruedas cuando me echo por encima del hombro, dándome una palmadita en el trasero como si esto pudiera ayudarme a mantenerme en mi sitio. –Ahí vamos– dice. En voz alta. –Justo donde me gusta– La risa sale en cascada de mí. –Oh, Dios mío, Asher. Bájame– la gente pasa a nuestro lado, apenas registrando la onda en el continuo espacio-tiempo de la pasarela. –Te lo estoy compensando. Puedes mirarme el culo los próximos cien metros. No hay mejor regalo, nena– Ni siquiera puedo hablar de lo mucho que me río. Su arrogancia solo esta precedida por su humor. Este tipo de exhibición obscena nos ganará muchas miradas severas e incluso una reprimenda brutal de mi madre si esto sucediera cerca de ellos. Pero esta es una de las cosas que me encantan de mi novio. Le importan una mierda las reglas de mi mundo. Y me encanta volar libre en el suyo. ❋❋❋❋ Una hora más tarde, subimos a trompicones los escalones de su apartamento sin ascensor, apenas capaces de concentrarnos en caminar entre todos los besos y risas. Me he reído más en la última hora con él que en los dos meses anteriores sin él. Una prueba más de que mi cordura y bienestar necesitan a Asher en mi vida. Busca torpemente la cerradura de la puerta, intentando insertar la llave sin éxito. –Vamos, nena– atrapo sus labios en otro beso, tirando de la hebilla de su cinturón. Respiro hondo y me lanza una mirada de advertencia. El calor se acumula en su mirada azul, una promesa de las pasiones que acechan en su interior, esperando explotar en el segundo en que estemos detrás de la puerta cerrada de su habitación. –Mila…– –¿Qué? – Se queda quieto, con la garganta agitada. Le emoción eclipsa el calor en su mirada, el mundo entero a nuestro alrededor desapareciendo hasta que solo queda este momento. –Te amo, ¿lo sabes? – –Por supuesto que lo se. Yo también te amo– Aplasta sus labios contra los míos, un beso a la vez desesperado y hambriento. Cuando nos separamos, con mis labios hormigueando y todo mi cuerpo electrizado, finalmente logra insertar la llave. –Ahí vamos– dice mientras se abre. –Estaba a punto de llamar a la policía– Dice alguien inexpresivo desde adentro. Dominic. Echa la cabeza hacia atrás desde su posición en el sofá, con la computadora portátil frente a él como siempre. –¿Por qué? ¿Por allanamiento si autorización? – bromea Asher, agarrándome la mano con fuerza mientras nos acercamos dentro. Le sonrió alegremente a Dominic saludando con la punta de los dedos. –Cuanto tiempo sin verte, Dominic– –Me alegro de que hayas vuelto a nuestra zona– dice Dominic con un inclinación imaginaria de sombrero. –No podía mantenerme alejada– Asher me lanza una mirada misteriosa. Weston sale del pasillo un momento después, con una sonrisa tranquilizadora lista. –Ahí está Mila– dice mientras se dirige hacia mí para abrazarme. –La única mujer a la que Asher mira, piensa o de la que habla– –Ya basta de charla, chicos– dice Asher. Su agarre alrededor de mi mano se hace más fuerte y se dirige directamente a la puerta del dormitorio. –Tengo algunas cosas que hacer. Nos vemos mañana– Asher me jala detrás de él y les ofrezco una sonrisa impotente a sus hermanos. Al entrar en su habitación, oigo a Weston reír y decir. –Bien. Cosas que hacer– La puerta se cierra con un clic. Los matices apagados de la conversación de Weston y Dominic afuera se desvanecen cuando Asher me agarra los brazos, sujetándome con una mirada que promete devorarme. Pero en lugar de besarme, su garganta se mueve. –Mila– –¿Qué, cariño? – Baja la mirada y se deja caer de rodillas frente a mí, sus palmas trazando líneas lentas e intencionadas por los costados de mi cuerpo. Cada centímetro de mi se electriza bajo su agarre. Normalmente no pierde el tiempo cuando estamos solos. Y ponerse de rodillas… ¿finalmente va a hacerme la gran pregunta? Lo había estado insinuando durante mas de seis meses. Las mariposas revolotean en mi vientre mientras espero que finalmente cumpla con la insinuación. Pero no dice nada, solo me mantiene inmovilizada contra la puerta con su mirada. Sus manos convergen en el montículo de mi coño, que está cubierto por mis costosos leggins. Su pulgar se desliza en el surco caliente entre mis piernas. No he usado bragas, para él, pero es tan bueno usando mi propia consideración como arma. Lo que se supone que iba a ser una sorpresa sexy para él ahora se convirtió en mi propio desenlace. Arrastra su pulgar en circulo lento y me arqueo hacia él. –No puedo creer que estes aquí– dice finalmente, envolviendo sus dedos alrededor de mi cadera. Su pulgar presiona justo en el lugar correcto contra la tela de mis leggins. Se me corta la respiración. –Oh, Dios mío, Mila– arrastra su pulgar de un lado a otro sobre la punta apretada de mi clítoris, que probablemente puede sentir a través de mis leggins, por lo excitada que estoy. –¿No llevas bragas? – Una risa débil se me escapa. Mi cabeza cae hacia atrás hacia la puerta. –¿Cómo lo supiste?­– –Porque siempre eres tan dulce así– Se humedece el labio inferior y tira de mis leggins, bajándolos hasta mis rodillas de un solo golpe. Su mandíbula se flexiona mientras mira mi coño desnudo de frente. –Abre las piernas– Nunca pierde el tiempo. Me encanta eso de él. Pero las mallas apretadas en mis rodillas no permiten mucha flexibilidad. –Cariño, no puedo…– –Ahí vamos– la comisura de su boca se levanta cuando mis piernas se separan solo un par de centímetros. Y luego se lanza hacia adelante, boca contra mi montículo, enterrando su lengua entre los labios de mi coño. Su lengua encuentra mi clítoris primero, ansiosa y expectante, el calor cálido se siente como un viejo amigo y la sensación más nueva y asombrosa del mundo. Un gemido comienza a escapar, pero lo corto. Sus hermanos están afuera. No es que no puedan imaginar cual sería nuestra primera orden del día. Asher emite un ruido sordo y baboso. Estoy vergonzosamente mojada. Siempre es así con él. –Dios, Asher– susurro, pasando mis dedos por el largo desordenado de su cabello. Enredo mis dedos en los mechones mientras su lengua asalta mi clítoris. para anclarme y porque sé que le encanta. Gruñe, hundiendo su lengua en mi raja con abandono. Me arqueo con más fuerza contra él, dando la bienvenida a más. Asher desliza sus dedos entre mis piernas, bombeando dos dedos dentro y fuera de mi lentamente. –Estás goteando– se aparta para mirarme, su rostro brillando con mis jugos. Su mirada ardiente recorre mi cuerpo y luego vuelve a mi coño. –Dios, eres un maldito sueño– Una sonrisa perezosa se dibuja en mi rostro, pero se desvanece rápidamente cuando sus gruesos dedos me llenan de nuevo. Succiona mi clítoris, mi cabeza golpea contra la puerta por la sacudida de placer. Gimo de nuevo, pero esta vez no puedo detenerlo. Asher mueve su lengua sin piedad de un lado a otro contra la cima de mi clítoris. La dicha imposible comienza a desarrollarse lentamente dentro de mí, enviando caminos exploratorios de calor y pinchazos por todo mi cuerpo. –Ohhhh, Asher. Estoy cerca– empujo mis caderas contra él, el placer aumentando a un rápido crescendo. Cuando mete sus dedos más profundamente dentro de mí, succiona con más fuerza mi clítoris, y todas las paredes se derrumban. Rodillas gelatinosas. Fuegos artificiales. Calor golpeándome, dicha perfecta de pies a cabeza. Me desplomo, pero el me atrapa, la puerta se cierra de golpe detrás de mi mientras me levanto. Desde la sala, Weston y Dominic se burlan de nosotros. –¡Oh, Asher! – imita Weston en falsete. Se me escapan risitas. Ni siquiera puedo abrir los ojos. La voz áspera de Asher me devuelve a la realidad, el apenas perceptible acento de Kentucky me hace derretir aún más. –¿Estás bien, cariño? – Me río. Estoy más que bien. Estoy perfectamente feliz en este momento. Y lo sé, porque había pasado todos los demás momentos de mi vida sin ser feliz. Necesito aferrarme a esta dicha tanto como pueda. Porque el tiempo corre hasta que la vida real vuelvo a instalarse. Tan pronto como salga de este apartamento, la luna de miel termino.
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