Una vez que el favor abandono los labios de Leire, la cara seria de Samantha la recibió, su expresión denotaba peligrosidad a pesar de ser una beta la mujer lograba atemorizar a cualquier, su actitud temerosa o amistosa había desaparecido, ambas por igual, solo quedaba l rubia con un temperamento dispuesto a cuidar de sus pacientes y amigos.
‘’Eres la única en quien confió aquí, Samantha.’’ la mujer rubia asintió y sin decir más se marchó, Leire supuso que estaba rumbo a la habitación de Harry, ella por su parte con el peso del mundo siendo cargado en sus hombros tomo rumbo a su auto. La soledad de aquel pasillo la tomo por sorpresa, tuvo el tiempo suficiente como para pensar en las situaciones que la orillaban. Pero siquiera pensando en momentos felices logro sacar la espina de culpa que depositaba en su corazón.
El saber que estaba tan sumergida en su dolor como para dejar de lado el dolor que vivía Harry era un sentimiento que lograba calar en su cuerpo, su consciencia pesaba hasta el punto de querer sin importar que llevarse a Harry y ocuparse ella del cuidado de su esposo, lamentablemente ella no era medico y no estaba segura de cuan deteriorada estaba la mente de Harry luego de haber recibidos tantos golpes.
Con ese pensamiento en mente cruzo el living de la clínica sin mirar a nadie su mirada estaba fija en sus zapatos, ignoro a quien estaba a su alrededor de forma magistral, por eso cuando levanto su vista para abrir la puerta se sintió un poco libre, su mano toco el cristal y empujo, de esa manera logro salir al estacionamiento.
Caminando hacia su auto Leire apuro su paso, intimidada con la cantidad de personas que la rodeaba. Por primera vez en su vida Leire se sentía de esa forma, pequeña, trémula y asustada sin saber que podía pasar en un futuro. El miedo de perder a Harry se hacía más notable y la necesidad de volver el tiempo atrás era un querer que quizás nunca obtendría pero que sin duda algo ella pagaría lo que fuera por conseguirla.
El tramo desde la salida hasta su auto fue corto, sacando las llaves del bolsillo de su pantalón y toco el pequeño botón de la alarma del auto, el sonido la alerto y ya conociendo el rumbo al sitio se encargó de acercarse y acortar lo poco que le quedaba para llegar a su auto. Cuando estuvo frente al auto sintió como un poco de alivio la acunaba, adentrándose al vehículo Leire se sentó en el espacio designado para el conductor cerrando la puerta tras ella.
Estar en ese espacio privado le permitió a Leire descargar la cantidad de emociones que la tenían atormentando desde que la noticia de los supresores la abordo. Lloro primeramente sintiendo como las lagrimas abandonaban sus ojos con rapidez, sus ojos escocían dándole paso a los gimoteos de dolor puro. Así fue como la alfa termino descargando su frustración golpeando el volante del auto con sus manos, la ira contenía era un poco menor a la tristeza y culpabilidad, pero sin saber contenerse Leire con puños cerrados golpeo una y otra vez, sintiendo como sus muñecas dolían al igual que sus nudillos, se sentía trémulas e increíblemente vulnerable.
Se detuvo cuando el aire comenzaba a faltarle, de esa manera Leire acaricio la idea de sentirse en soledad en tanto tiempo, sus piernas se entumecían y la foto de Harry en el tablero del auto la miraba sonriente, casi como si tuviese condescendencia hacia la pobre mujer que en silencio lloraba. Ahora solo estaba ella con lágrimas bajando por sus mejillas sonrojadas, se estiro lo suficiente como para tocar con sus manos la fotografía, la textura se sintió amable al tacto, pero el momento golpeaba cada vez con más fuerza a Leire en el corazón.
Benjamín había tardado un poco en llegar, nervioso y a la vez enfadado busco a la alfa entre la cantidad de autos que estaban por el sitio, el sudor formaba una capa algo delgada de sudor encima de su frente, con mejillas sonrojadas y un rostro tenso.
Con anterioridad la mujer le había informado por medio de una llamada que no estaba en la entrada como lo habían acordado antes, por alguna razón la llamada había alertado a Benjamín del estado de ánimo en el que se encontraba la mujer, su voz quebradiza y la manera en que sorbia su nariz ruidosamente le daban una idea clara, no fue una sorpresa para el escuchar los sollozos en medio de la vía telefónica, por eso termino dándose un tiempo bastante largo para llegar al sitio, solo con el fin de darle a la mujer la oportunidad para que lograse calmarse en el transcurso de su llegada. El maletín pesaba en su mano y el agarre fiero con que sostenía el aza anunciaba el humor que portaba el beta en ese preciso instante, entre nervios e ira que intentaba apaciguar.
Caminando a paso apurado fue en busca de Leire, el mar de autos llegaba un poco más allá de lo que alcanzaba a ver desde ese punto exacto, aunque no tardo en divisar el lugar que ocupaba el vehículo de Leire. El auto se encontraba relativamente cerca de la entrada con las ventanas arriba y sin encender, algo comenzaba a inquietar y no dejaba de darle vueltas en la cabeza al abogado, en un intento de ignorar aquello culmino suspirando agradecido, se encamino a él.
El sonido de sus zapatos perfectamente lustrados de color n***o creaba un ruido un tanto satisfactorio al chocar constantemente con el asfalto, su traje de la misma tonalidad oscura se ajustaba a su cuerpo como un guante. Fue cuestión de dos o tres minutos para que Benjamín estuviese al frente de la puerta del conductor. Sin poder observar la escena dentro del auto a causa de los vidrios polarizados, no espero a que la mujer notase su presencia, sino que con su puño cerrado golpeo el vidrio de la puerta para llamar la atención de Leire.
Un tanto asustada por el golpe en el vidrio de su puerta Leire diviso la imagen del beta cuando apareció al otro lado de la puerta. Retiro rápidamente las lágrimas que bajaban por sus mejillas en ese instante, con manos temblorosa y un tanto desaliñada.
Fue algo que Leire estaba esperando desde hacia bastante, el estar encerrada sola en el auto llorando durante veinte minutos fue un deshago relativamente fantástico, sus emociones estaban drenadas lo suficiente como para que pudiese tratar con alguien más sin derramarse ella misma en medio de un llanto desgarrador, o al menos eso pensaba ella. Sorbiendo su nariz una vez más, miro la imagen que le regalaba al público en el retrovisor del auto, al frente de su mirada un par de ojos tristes irritados llamaba su atención, la desilusión detrás de ellos fue algo que creo una g****a más en su deteriorado corazón.
Dolida consigo misma aparto sus ojos de ahí. Estaba consciente de que su aspecto no era el mejor en muchos sentidos, sus ojos irritados y mejillas sonrojadas era lo que podía ofrécele a Benjamín en medio de la maraña de pelo castaño que con mechones sueltos lograba tapar cierto porcentaje de su rostro.
Tuvo en consideración el dolor punzante que nacía en su cuello, tratando de ignorarlo sacudió su cabeza en un movimiento rápido, Leire tomo la manija de la puerta del auto sujetando con fuerza, para luego empujarla y salir del vehículo deslizando sus piernas fuera y luego impulsándose para quedar justo al frente de quien la ayudaría en la penosa situación que la envolvía. Antes había intentado acomodar su cabello, este se negaba a ceder, culminando, así como un lamentable intento que termino con ella quedando más despeinada que antes.
Benjamín tomo todo lo que pudo de la imagen femenina, notando los estragos que el llanto se había encargado de dejar sobre ella, tanto fue así que sintió como la pena comenzaba a hurgar dentro de su corazón fatalmente, suspiro agradeciendo como los años habían logrado cuartar comentarios inesperados respecto a situaciones que no estaban bajo su control, de ser lo contrario Benjamín hubiese estado tomando a Leire en brazos y sacudiéndola diciéndole cuan devastada se veía, que era hora de tomarse un descanso, guardando a un cajón profundo la idea noto que la mujer aun no terminaba de recomponerse y que aun con lagrimas en sus mejillas salía del coche, siendo presa de la angustia avasallante Benjamín saco el pañuelo que siempre portaba en su traje.
Aquello se trataba de una costumbre que siempre le había funcionado para momentos como este, por eso no dudo en tenderle el pañuelo a la chica de ojos cafés. Leire observo por un instante el pañuelo, quizás aquello era una demostración de pura empatía, pero dentro de si misma lograba registrarlo como una muestra de afecto que no esperaba, finalmente lo tomo sin decir palabra alguna con un rostro serio e inexpresivo, aun perdida en medio del mar de recuerdos que la estaban atacando justo ahí mismo. Mecánicamente paso la tela por sus mejillas, las lágrimas se esforzaron por salir tanto que terminaron siendo derramadas tiempo después, y retiro también las escasas que aun intentaban bajar por el rabillo de sus ojos.
‘’ ¿Cómo supiste que estaba siendo medicado?’’ fue lo primero que pregunto Benjamín, su voz logro romper el silencio que les rodeaba como una daga afilada, su mirada quemaba encima de Leire quien intentaba recomponerse de su estado deplorable. Su tono firme no lograba intimar a la alfa que aunque se sentía inestable seguía teniendo sus instintos primitivos que caracterizaban a su casta.
Leire miro el camino que faltaba por recorrer, la cantidad de autos la abrumaba y sin esperar un señalamiento por parte de Benjamín termino ella liderando el paso a la entrada de la clínica, así fue como ambos comenzaron a encaminarse en dirección a la clínica, Benjamín siguiendo la marcha de la alfa que déspota se negaba a inclinar su barbilla en señal de derrota.
El silencio de Leire no ayudaba demasiado a los nervios descontrolados de Benjamín quien intentaba mantener toda la calma posible, estaba tardando demasiado en responder, estaba tan sumergida en sus pensamientos como para no estar consciente de que Benjamín estaba hablando con ella, el ambiente frio de la mañana acariciaba la piel de Leire, en su cabeza todo lo que ocurría a su alrededor se sentía lejano y algo llevadero, demasiado vago como para que la mujer pudiese concentrarse realmente en algo que la rodeara, quizás era su estado mental que estaba siendo afectado por las emociones que arribaban encima de ella.
En un camino donde la angustia y el desánimo se volvían protagonistas constantes la alfa se encontró a si mismo trémula y pequeña, incosiderablemente débil. En segundos las imágenes de Harry terminaron amontonándose en su pensar, tal fue el sentimiento que causo este hecho que termino desencadenando a un par de lágrimas que se derramaron cuando ella menos se lo esperaba. Un estado de euforia logro atacarla, hallándose un tanto corrompida por todo lo que le estaba sucediendo, pero el problema realmente se instó en ella cuando no pudo recordar el aroma que portaba quien le había hecho la marca en su cuello. Aunque esto era algo que había desatado la situación donde se hallaba envuelta una nota de la irrealidad la confundía hasta cierto punto.
Volviendo a sollozar, busco en su mente nuevamente el olor en su mente, un vasto indicio de como el aroma se percibía cuando chocaba con su nariz, pero fue imposible de reconocer. Su andar se detuvo en seco sin pensar exactamente qué era lo que hacía, sin poder avanzar o retroceder sobre sus pasos la figura femenina quedo pasada en medio del estacionamiento mientras que Benjamín seguía avanzando sin notar lo que sucedía a sus espaldas.
Dentro de su pecho algo aruñaba con tanta fuerza que lograba doler, lastimándola y haciendo arder su piel de formas inhumanamente indescriptibles, la sensación de malestar se extendía por todo su cuerpo en pocos segundos, tal fue el caso que un entumecimiento le calo en todos los sitios encontrados en su ser. No lograba entender aun como era que el lazo que compartían ambos se encontraba sólido, era algo que se preguntaba a diario, quizás era un pensar devastador, pero la sola idea de que su lazo se estuviese rompiendo resultaba ser devastador, más de algo tenía la certeza era que estaba muriendo lentamente.
La falta de su pareja la estaba matando en un suspiro, consumiéndose con lentitud que parecía tan dolorosa y deterioraba su cuerpo a paso lento y tortuoso, al iniciar el mes pasado la marca en su cuello había dejado de tener el color plateado que siempre portaba, viva y reluciente se pavoneaba en su cuello cuando Harry estaba con ella, el alfa se encargaba de cuidar de ella reabriéndola cada que tenía oportunidad, incluso Harry estando dentro de ese lugar la marca no se había deteriorado los primeros meses de estancia.