Capítulo 2.

2794 Palabras
Beso la mano de quien no lo miraba. En su mente Harry escuchaba a la alfa desconocido sollozar, impaciente le buscaba. Gritaba su nombre, pero nadie le respondía, no se movía. Agua salada mojaba su cuerpo, el cielo gris exprimía su humor en el, llenando el piso y ahogándolo a medida que la corriente subía.   ‘’El cielo se viste de suplicio cuando no estás, mi amor se vuelve gris si te alejas…’’   Quizás Leire se estaba dando por vencida, resignándose a no volver a amar.   Porque para ella no había nadie como la persona que yacía en la cama. Quien no respondía a sus llamados, porque, aunque no regresara ella no le olvidaría, no pasaría incluso si se arrancase el corazón.   ‘’Porque cansarme no es perder mis fuerzas si es que estas se gastan buscándote.’’ Murmuro cansada, rendida al querer que amargaba su pecho.   Hipando respiro hondo tratando de que el aire entrara a sus pulmones vagamente. Lamio sus labios luego de que exhalara. Repitió el proceso un par de veces más, buscando el olor de su alfa inconsciente, cuando al final lo noto.   Su olor no estaba.   Incrédula repitió la acción, nuevamente no obteniendo la fragancia característica del joven postrado en la cama. Abrumada se levantó increíblemente rápido de su sitio, casi alterada y nerviosa. Tropezando fue a buscar a alguien que explicara el hecho de que su alfa no tenía su olor característico.   ¿Dónde estaba la esencia fuerte y penetrante de su alfa?   Casi podía sentir como la habitación se cerraba alrededor de ella, asfixiándola y haciéndola sentir pequeña, sumisa y entumecida. Balbuceo algo por lo bajo mirando hacia todas partes del cuarto blanquecino, su mirada tropezando con el blanco silencio de las paredes vacías.   La respiración constante del hombre se había vuelto tortuosa y abrumadora, un recordatorio constante de que quizás ella era también había colaborado con la situación actual de su pareja indirectamente. Era la culpa lo que se hundida con la precisión de un cuchillo en su pecho, un pequeño pitido se instalo en sus oídos, aturdiéndola, para que luego los latidos de su corazón golpeando fuerte contra su pecho terminaran por dejarla sorda. Observo la salida del cuarto con añoro y determinación.   No distinguía los cambios que el alfa de ojos verdes estaba teniendo, la manera en que la aflicción se colaba en las facciones masculinas, demasiado sumergida en su angustia como para mirar la reacción del hombre ante la inminente avalancha de feromonas cargadas de miedo y terror.   Y eso fue lo que basto para que Leire a pasos desesperados abandonara la estancia en busca de los enfermeros. Estaba tan terriblemente desesperada, amargada, dolida y frustrada. Los efectos secundarios de los supresores comenzaron a bombardear su mente con constancia, reemplazando la culpabilidad por ira cegadora que provocaba y que gruñidos brotaran por sus labios de manera amenazante.   Esos medicamentos, según la investigación y el articulo que publico hacía mucho menos de una semana, con pruebas donde los doctores decían que eran increíblemente dañinos para la salud de un alfa, estos reposaban todavía en el escritorio de su oficina fingiendo estar olvidados. Dios, aun este tipo de preparados se encontraban fuera del mercado por efectos colaterales que incluso podían inducir un coma indefinido. Su alfa podía estar empeorando.   Su mente comenzó a dar vueltas en torno a la idea de que nadie debía tener esta ‘’medicina’’ para suministrarla ni ingerirla particularmente en ningún hospital, mucho menos un civil, solo los farmaceutas con su certificado para experimentar con ella la tendrían a la mano y solo para eso, probar si realmente ayudaban en algo o solo no quedaba más que desecharlos a causa de lo dañinos que podían ser. Entonces recordó el poder que tenía su firma escrita dando el permiso de que su alfa fuera medicado con nuevos tratamientos.   Sus pasos se detuvieron en seco casi haciéndola tropezar, la ira apaciguándose y la culpa cubriendo su espalda en una manta fría y áspera al tacto. Los nervios saltaron nuevamente, golpeándola en la cara duramente. Las letras impresas de lo que estipulaba el suministro de los tratamientos nuevos no hablaban de supresores, tampoco de inhibidores. Eso le había dicho el abogado de Harry, y ella misma leyó cada palabra del documento con esmero, aun cuando no conocía realmente de leyes sabía que en los papeles no había nada relacionado con supresores. ¡Siquiera había un sinónimo para enmascarar eso!   Con las náuseas paseándose por su garganta y la desesperación aumentando tan rápido como su pulso cardiaco decidió llamar a Benjamín para que reafirmara lo que estaba planteándose.   ¿Había sido su tristeza tanto como para poder no notar que el olor de su alfa no estaba? Se pregunto. Se sentía tan irresponsable, ella lo era, ¿cómo no lo noto hasta ese momento? Nada en el mundo se comparaba con lo fantástico del olor del tipo perdido en la habitación, ¿en serio no se dio cuenta que algo tan particular como el olor faltaba?   Sus manos hicieron el trabajo mecánicamente, no se pudo registrar el momento en que su teléfono estaba en su palma, y sus dedos marcaban el nombre del hombre que la había asesorado en ese tiempo crucial y que también acompañaron a Harry en sus negocios fielmente resguardándolo en cada asunto legal.   Se llevo el móvil a su oído, repentinamente asombrándose de la frialdad del aparato contra su oído. Hubiera sonreído por el tono de la llamada al fondo en otro momento, una canción vieja que nadie recordaba, pero justo ahora era cuando la opresión en su pecho se intensificaba. Observo con cuidado el lugar donde estaba en un intento de distinguir que tan lejos se encontraba de la recepción, pero fue increíblemente imposible, tantos pasillos.   Un pitido, dos pitidos, tres pitidos…      ‘’¡Por favor, Benjamín!’’ su voz ahogada la sorprendió, sintiéndola como una patada que se encajaba en su estómago. El sudor bañaba su espalda y parte de su frente, por un momento la ropa ancha que había estado orgullosa de lucir y de la cantidad de comodidad que le regalaba la hizo sentir incomoda.    ‘’¡Solo contesta!’’ Un par de mujeres vestidas de un color bastante parecido al cal pasaron tranquilamente alrededor de Leire, aunque esa calma que poseían se fue esfumando cuando el olor fétido de la desesperación por parte de la mujer llamo su atención.   Entonces, Leire las miro entre un manto borroso, pero finalmente logro distinguir a una de ellas.   ‘’Samantha.’’ Murmuro estranguladamente el nombre de la beta, la mujer que cuidaba de su esposo cuando ella no lo hacía porque la hora de la visita se acababa. Su mirada se tiño de rojo, pero se encargó de borrar todo rastro de ira, ya que ella solo era una cuidadora, no enfermera o doctor.   Cuando Harry fue internado se encargó de investigar a la rubia a fondo. No confiaba en nadie en ese sitio la primera vez que fue a visitar a su esposo, pero al momento de conocer a Samantha todo cambio. Cuando el investigador que se encargó de llevar el trabajo que le había encomendado le entrego su encomienda, el averiguar hasta las horas de comida de la mujer, fue una sorpresa el momento en que leyó el archivo, encontrándose que realmente la chica poco sabía de lo que pasaba dentro de esas paredes porque poco era lo que le decían.   ‘’¿Estás bien?’’ Sacudió su cabeza en un intento de esfumar la avalancha de pensamientos que se arremolinaban en su mente. No se percató el instante en que la otra mujer se acercó a ella, tampoco el momento en que la otra chica se había ido.   Respirando agitadamente, intento formular alguna pregunta, pero las lagrimas gruesas se desbordaron inesperadamente. Siquiera sabía que su vista estaba nublada por culpa de ello que empañaba sus ojos. Intento hacer llegar el aire a sus pulmones, pero se encontraba demasiado desesperada intentándose comunicar con el abogado y soportar el peso de la culpa, también cargar con el recuerdo del hombre sumiso en la habitación que se encontraba perdido en su pensamiento.   Su cabeza pesaba como un bloque de hierro, volcando el dolor justo a un punto de su frente entre sus cejas que al parecer lograba distribuir la sensación a distintas partes de su cráneo. Su boca seca y las palabras atascadas.    ‘’¡Leire!’’ exclamo Samantha en un intento de volver en sí a la mujer de ojos marrones, pero fue imposible. La cuidadora había lidiado con personas teniendo ataques de pánico, y sin duda la esposa de su protegido estaba teniendo uno. El rostro rojo de Leire y su falta a la hora de tirar un poco de aire a sus pulmones estaban asociados. La manera en que se estremecía erráticamente y sus balbuceos que rayaban a pequeños grititos de angustia se daban la mano.       Samantha cayo al lado de Leire cuando las piernas de la mujer cedieron haciéndola caer encima del piso limpio en un ruido sordo. Angustiada la rubia susurraba palabras que ayudaron a calmar a Leire, instándola a que respirase, esto se convirtió en un mantra para Samantha quien lo repitió más de una vez, culminando con Leire un poco mejor, pero lamentablemente el aspecto roto de la mujer no se iba. La marca en su cuello lucia grisácea y su aspecto demacrado hacia notar cuan duro era lo que le sucedía con su esposo.   Samantha vivió el proceso de deterioro al lado de la alfa, siempre dando palabras de apoyo y consuelo, pero nadie más que ella estaba consciente que el alfa estaba en un punto de quizás no retornar.    ‘’Le están suministrando supresores, Samantha. Por eso Harry no muestra mejora, solo cambios que me alejan del hombre que amo.’’ Murmuro pequeña y con voz desgastada la alfa, sintiendo como su mundo se volvía tan pequeño y tembloroso. Para sorpresa de Samantha aquello lo tomo desprevenida, su boca se abrió lo suficiente como para que un jadeo de sorpresa se escapara de sus labios con mucha facilidad.       Las fuerzas que impulsaron a Samantha a la hora de levantarse arroparon también a Leire quien con esfuerzo termino de pie. Trémula y aun jadeando sintió como el silencio del pasillo era llenado por sus jadeos y quejidos de dolor. Su cuerpo dolía y la marca picaba más que nunca, su ala dentro de ella aruñaba tan terriblemente que su pecho no hacia más que doler y escocer, era increíble como su capacidad como alfa para la curación de heridas de cualquier índole podía llegar a hacer tanta falta en aquel momento.   El teléfono olvidado de Leire las tomo a ambas desprevenidas, de esta forma fue casi gracioso como las dos mujeres jadearon al unisonó cuando el sonido p**o fuertemente. Girándose apresurada sobre sus talones Leire noto que el nombre de Benjamín se dibujaba en la pantalla de su móvil.       Con premura lo tomo, atendiendo la llama. El sonido de los golpeteos constantes de su corazón retumbaba en sus oídos, temblorosa la voz de Benjamín la tomo acunándola con rapidez, un poco de alivio fue sometido a estar con Leire que quien con disposición apremiante respondió a Benjamín.    ‘’Leire, ¿qué es lo que sucede?’’ murmuro el hombre mayor, su voz ronca y temerosa le hizo sentir mal, la premura de sus acciones quizás había alterado el estado de animo del pobre hombre, pero nada se comparaba al estado de aflicción que recorría a la castaña.    ‘’Harry ha estado siendo usado para las pruebas de los supresores en alfas.’’ solo eso fue suficiente como para que la maldición de Benjamín sonase al fondo de la llamada, la irritabilidad de Benjamín se disparo hasta tal punto en que un gruñido de puro asco se juntara en su garganta, saliendo y llegando finalmente a través de la llamada a los oídos de Leire.    ‘’Según el articulo que publicaron tuyo eso no esta permitido. Aun más el mundo entero sabe que eso no está permitido, el que le estén suministrando a Harry supresores puede causar una demanda con facilidad…’’ la voz de Benjamín se corto cuando las palabras de Leire lo golpearon con ferocidad.   ‘’¡Necesito sacar a Harry de este lugar, Benjamín!’’ gruño bruscamente notando como su temperamento inestable se volvía aun más impulsivo y errático, la voz de Leire tembló al final, sin pensar en proceder legalmente la idea de tomar a su esposo y llevárselo del sitio se volvía su prioridad el hacer justicia estaba en segundo plano hasta que Harry estuviese seguro.   Sintiendo como sus colmillos comenzaban a picar en sus encías por salir Leire se alejo de Samantha, la mujer rubia se sentía impaciente, el susto a causa de los gruñidos de Leire que estaban retumbando por todo el pasillo y la soledad de este junto a los ecos que se creaban por ello no ayudaba a la salud mental de la beta, solo lograba hacer que la desesperación se tornara junto a ella.        ‘’No te lo puedes llevar sin una orden médica.’’ sentencio con voz forzada sintiendo como la desesperación de la mujer se volvía más palpable a medida que la llama telefónica se extendía. Un pequeño quejido se escapo de los labios de Leire por culpa de la frustración, las ganas de sentarse y agachar su rostro se mostraban como un sentimiento tentador, aunque aquello no fuera común en los alfas, no había necesidad de explicar la perdida que sentía Leire ante todo el hecho.   ‘’No te sientas desanimada, Leire. Se que no estamos en la mejor posición, pero en caso de haber falsificado tu firma podremos lograr fácilmente una orden.’’ aquello fue un rayo de esperanza para Leire quien un poco entusiasta asintió con su cabeza suavemente pensando que Benjamín podría verla, más la idea de aquello no se paso por su mente. ‘’Espérame a fuera de la clínica, Leire. Estaré allá lo más pronto posible’’    ‘’Sí, está bien…’’   Fue lo único que atino a decir, la angustia resultaba ser una intrusa que le hacía doler las entrañas, más allá de eso la imagen de Harry dopado como si fuese realmente un cascaron vacío y perdido causo en Leire un sentimiento de repulsión absoluto que culmino en las ansias por vaciar su estómago. Nunca pensó encontrarse en aquella situación. El tener que esperar le resultaba agotador y un desgaste emocional que llevaba meses tomándola presa.   Cansada miro a los lados en busca de Samantha, encontrado a la mujer al final de pasillo sentada en una silla. Con paso apurado termino acercándose a ella, el rostro empapado de la mujer la recibió de lleno, solo aquello logro hacer notar a Leire que no estaba sola en toda la travesía.    ‘’Tú no lo sabías, ¿verdad?’’ murmuro Leire tomando el asiento disponible al lado de Samantha, el sentimiento de cordialidad y familiaridad las acogió con rapidez, permitiéndoles sufrir en conjunto el dolor que las atravesaba. La mirada rota de Samantha confirmo las sospechas que rodaban la mente de Leire. La rubia negó suavemente, sus mejillas sonrojadas y su respiración forzada le dio la oportunidad a Leire de conocer el lado más humano de Samantha, quien, aunque era un pilar en el sitio siempre fue un poco más cordial respecto a su trabajo.    ‘’Si eso estuviera en mi conocimiento, no lo hubiera permitido, Leire.’’ Comento la mujer negando con su cabeza luego de pronunciar sus palabras en un intento de reafirmar la posición en la que se encontraba. Suspirando Leire entendió que la mujer sufría igual que ella, quizás no en el mismo nivel, pero si con un dolor vulnerable. Leire trato de sonreír para aliviar el ambiente, lamentablemente una mueca llena de tristeza se formó en sus labios, aquello le provoco las ganas incesantes de llorar que cargaba encima de sus hombros.    ‘’Quiero sacarlo de aquí, esperare a Benjamín, el abogado de Harry afuera de la clínica.’’ Murmuro Leire, pasando las manos por sus muslos antes de levantarse, la tela se sintió áspera bajo sus manos, el esfuerzo que realizo luego de ello dejo los estragos de uno mareo. Cerrando los ojos Leire dejo que la sensación se aproximara a ella para luego marcharse lentamente contrario a como llego. Miro a Samantha con ojos esperanzados, la beta sabía que los sentimientos que arrullaban a los ojos castaños eran hijos de la desesperación de una mujer comprometida con su pareja. ‘’Sí ellos están dañando a Harry, dejaran de hacerlo.’’ susurro decidida a pesar de que su voz tembló ligeramente. ‘’Estaré en mi auto, por favor cuida de Harry mientras yo esté a fuera, tengo miedo de que lo vuelvan a medicar con algo de lo que no esté enterada.’’
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR