‘’Espero que me tengas buenas noticias por no me iré de aquí sin tener una respuesta, cariño.’’ El tono de voz de Benjamín derrochaba peligro y a la vez era una voz que rayaba en lo político y centrado, una actitud que buscaba proteger a sus representados y que clama por calmar el estado de ánimo de la pareja de alfas que se encontraban inestables. La mirada lobuna del beta fue recibida por un par de ojos oscuros como la noche de la omega en los cuales se reflejaban el miedo que surcaba su cuerpo de manera acechante.
‘’El señor Lerman dicen que pueden pasar dentro de diez minutos. Está por terminar sus obligaciones y puede recibirlos en ese tiempo.’’ La sonrisa nerviosa delato por completo a la omega que miraba con miedo a los individuos delante de ella. Si había algo que entusiasmara al abogado era el hecho de poder obtener lo que se volvía una meta para él. En su mente los engranajes comenzaban a andar y le daban vida a la máquina que aparecía dibujándose en sus ideas, el primer paso para que la maquina funcionara correctamente ya estaba concretado, ahora faltaría unos cuantos más para que Leire recuperase parte de su calma.
Benjamín sin borrar su sonrisa de depredador sintió, a la omega. Ahora era turno del hombre de avisarle a la perdida alfaque estaba ensimismada al lado de él. Volteándose a Leire Benjamín noto como el enrojecimiento de sus mejillas y ojos a causa del llanto había mermado increíblemente en el poco tiempo que estaban ahí, agradeció a la diosa luna por los rasgos curativos que poseían los alfas, aunque aún así la palidez en Leire en su rostro la hacia parecer alguien enferma y delicada, bastante contrario a la ferocidad que la mujer cargaba encima, capaz de destruir el centro entero con tal de recuperar al hombre que amaba.
‘’Gracias. Por favor si fuera tan amable de conseguir a alguien que nos guie camino a la oficina del director en un rato seria algo que agradeceríamos.’’ Fue lo que dijo Benjamín, noto la molestia en los ojos de la omega y eso solo logro que en su interior el abogado se regocijara. Pero finalmente la morena solo asintió rígidamente con una sonrisa cargada de malos presagios que querían ser susurrados hacia el beta y la alfa. Benjamín llamo la atención de Leire con un suave ‘’Señora Foster, acompáñeme’’ que fue lo suficientemente fuerte como para que Leire a su lado saliera de su pensar y con un rostro inexpresivo soltase su ultima carga de feromonas que demostraban su enojo en el ambiente de trabajo de la omega.
Quizás dentro del pensar del abogado Leire no estaba en el mismo mundo que él, pero para lamento de la alfa estaba escuchando cada palabra de la omega. Desde un primer momento intento mantener la calma, y lo había logrado exitosamente el problema comenzó a presentarse ante las negativas y trabas, incluso pude sentir el cambio agrio que hubo en el olor de la mujer, el odio en los ojos de la omega incito a Leire a que le gritase y aclarase su estatus ahí.
Su esposo estaba siendo inducido a un cambio de vida del que quizás jamás hubiese podido salir y ella solo estaba mostrando el lado más hipócrita de toda la medicina en general. Siguiendo los pasos del beta Leire respiraba con fuerza en busca de auto control para la rebeldía que la colmaba.
‘’Ella está involucrada.’’ Fue todo lo que dijo Leire que termino sentada en un sillón en la pequeña sala de espera que tenían en la clínica. Miro a Benjamín que sonrió como diciéndole ‘’¿no es obvio?’’, Leire se encogió de hombros, solo tenía la necesidad de sacar a relucir algo que ella había notado en todo momento, se notaba a kilómetros de distancia que la omega solo estaba buscando protegerse a sí misma y que se sintió amedrentada luego de las palabras del abogado.
La ansiedad comenzaba a jugarle una mala pasada a Leire y a Benjamín, quienes aún estaban esperando a que los diez minutos lograsen consumirse con avidez, la mirada indiferente que cubría el rostro de la mujer fue un claro indicio de que el fastidio mezclado con los nervios se estaban cocinando a fuego lento dentro de ella, mientras que Benjamín intentaba por todas las maneras posibles no preocuparse por la mujer al lado de él, lo curioso era que su ansiedad no solo se centraba en la escasa salud de la alfa, sino en su deteriorado estado emocional, lo cual tenía la certeza de que empeoraría todo lo ocurrido.
El tiempo hacia su juerga encima de sí mismo y pasaba con tanta lentitud que aquello lograba estresar a Leire, no soportaba estar rodeada de otras personas, incluso la presencia de Benjamín, que, aunque preciaba, le resultaba hasta cierto punto irritante, quería dejar de sentirse inquieta y entre sombras, pero eso era un arduo trabajo que consistía en que alzase la voz y dejara que los gritos fieros dentro de su pecho salieran a destrozar la calma imperturbable que intentaba construir.
Estaba agradecida de poder apoyarse en el abogado, pero en cambio a ello no soportaba como el beta miraba todo por el rabillo del ojo, no era algo malo, no así, pero Leire estaba agotada y el cansancio la volvía susceptible a cualquier evento que ocurriese.
Benjamín miraba constantemente al reloj que se sujetaba a su muñeca, sonriendo un poco cada tanto que veía cuanto el tiempo pasaba, pero dentro de si mismo las ideas bizarras se construían hasta tal punto de dejarlo en un limbo mental, en esa misma cuerda floja que lo sostenía se colgaban varios pensamientos que distraían su mente un poco de lo que ocurría en aquel sitio.
Primeramente, Leire y su deteriorado estado de salud. No quería admitirlo quería tener la fuerza de voluntad suficiente como para aceptarlo en voz alta y que dejara esto de ser simplemente pensamientos, la alfa se veía demacrada, pálida y muerta, eso era algo que lo preocupaba con tanto pesar, dentro de él se desarrollaba una fuerza indestructible que luchaba con las ganas de proteger cuidadosamente a estas dos personas que ahora eran a quienes el representaba, fuerza que a su vez podría destruir un castillo mismo solo para ayudarles, ayudarla.
Luego estaba Harry quien desde un inicio se encontraba en su pensar ocupando gran parte de su día, no había momento en el día que Harry no deambulara por su pensar, el hombre había pasado de ser un cliente capaz de leer las cláusulas de un contrato a ser la sombra de lo que era un hombre, era un cascaron vacío que Benjamín no se había dado el tiempo de visitar y todo esto por el simple hecho de que no se sentía preparado para ver a su gran amigo en ese estado.
Era como una bomba que quizás no tardaría demasiado en explotar, pero que finalmente lo haría y podría lastimas a quienes se trataran de sus seres más preciados. Y, por último, pero estando involucrado con las dos primeras causas se encontraba toda situación legal en las que se habían visto envueltos los tres.
Era un hecho demasiado angosto como para darle cabida a las dudas de quienes tenían a Harry, solo contaba con las palabras de Leire. Se sentía mal quizás por notar una nota de duda en sus palabras, pero lo que realmente logro disgustarlo fue como su corazón se volvió pequeño y trémulo con el pensar que Leire podía estar viendo cosas donde no estaban.
Su deber era protegerlos a ambos de situaciones como estas, y el solo estaba negándose un poco a creer lo que su cliente atestiguaba, no tenía manera de corroborar la falta de aroma de Harry porque era un beta, no tenía los recursos como un profesional de la salud mental para cerciorarse de que las medicinas que estaba siendo dadas a Harry lograran tener un efecto colateral o fueran las mismas que se había pactado en el documento firmado que descansaba silencioso en el maletín.
Existían dudas razonables para comenzar a pensar que quizás Leire estaba sufriendo un colapso emocional demasiado grande a causa de todo el estrés que había recibido en esos últimos meses, aquello lograba erizarle los vellos de su nuca, era ahí donde el raciocinio aparecía y le gritaba clamándole ser escuchado, por más que Benjamín intentase obviarlo estaba ahí tan latente y maravilloso como siempre, brillando y clamando que le persiguieran, pero su parte empática le suplicaba entre sollozos que escuchase a Leire y volteara su rostro para que pudiese ver lo que le estaba ocurriendo y como podía él ayudar para que se solucionase todo lo ocurrido en esas cuatro paredes.
Era ahí donde Benjamín se sentía dividido entre dos aguas turbias profundas por las cuales no sabía dónde caminar.
Leire suspiraba removiéndose incomoda en el mueble que servía de asiento para ella. Estaba incomoda en cantidades indescriptibles. La imagen de Harry y ella en su boda apareció de pronto en su mente. Sonriendo un poco se perdió en su propio pensar. Podía recordar su imagen al frente del espejo cuando estuvo a pocos minutos de salir al encuentro con Harry, estando segura de la decisión a tomar ese día.
El constante hormigueo de las emociones de ese día la recorrían por completo de manera maravillosa y solidaria, dejando el sabor a amor y afecto en sus labios, dulce y a la vez almizclado como la esencia de Harry cuando lograba juntarse en armonía con la de ella, la plenitud junto a los nervios creaba una compañía esplendida que la acompaño durante todo el suceso feliz. La alfa portaba un hermoso vestido que se ajustaba a su cuerpo, y que justo en ese instante estaba guardado en el closet de la vivienda que la pareja de alfas compartía.
El brillo de sus ojos castaños con los rizos sueltos al aire enmarcando su rostro de manera sublime fue algo que Leire no pudo evitar pensar, en sus facciones se mostraba la felicidad que la atacaba en ese instante y la obliga a volverse a ver a Harry con la maraña de rizos sueltos cayendo encima de su frente, los ojos grises del hombre y los chocolates de la mujer se juntaban queriendo fusionarse en una sola mirada.
Una lagrima solitaria rodo por la mejilla de Leire, cayendo con tanta lentitud que era difícil notar, el rastro frio que dejaba era escasamente lo más doloroso que había sucedido en la vida de la mujer. Podía recordar eventos tristes sucedidos en su vida, pero una lagrima derramada no era más que algo mínimo, incluso podía describirlo como una probada de fortuna que la vida le otorgaba.
Dejo que la lagrima siguiera su curso con la vista nublada chocando con la pared blanca que estaba delante de ella, el frio calaba aun en sus huesos, aferrándose a su piel tan fuerte como doloroso, quiso otorgarle aquello al clima que estaba afuera, pero algo mínimo dentro de su mente le comentaba con suaves caricias que aquello no era producto del ambiente sino de su deterioro por culpa del lazo. El miedo a morir se manifestó en la delta de manera aterradora.
Comenzando a negar suavemente con la cabeza, en los pensamientos de la mujer se tejían los hilos que comenzaban a tirar de ella, rechazaba el hecho de morir tan pronto, se rehusaba a que Harry se quedara solo, repugnaba las ideas de que su vida fuera arrebatada por culpa de una enfermedad mental, pero sobre todo repudiaba que su amor fuera asesinado. En ese instante donde no le quedaba más que aceptar la derrota Leire sonrió con amargura, decidida a dar batalla. Una pelea feroz entre ella y el propio destino que se vestía cruelmente al frente de ella.
Airada con su escasa fuerza de voluntad Leire se levantó, Benjamín salió de su pensar una vez que por la vista periférica lograra registrar el movimiento de la delta a su lado. Frunció el ceño sin saber que era lo que planeaba con exactitud la mujer. Pero ella solo se quedo ahí, dando vueltas alrededor de toda la estancia buscando calmar los alterados nervios que la querían hacer sacar gritos despavoridos y tirar fuertemente del cabello en su cabeza.
Los últimos minutos de espera transcurrieron con lentitud que resultaba ser interesantemente asquerosa, la imagen de Leire caminando una y otra vez encima de sus pasos comenzaba a marear al abogado que intentaba seguirla con su mirar, así quedo el pasar de todo el tiempo restante que una vez consumido se mostró ante ellos como la mejor de las noticias.