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1185 Palabras

Si alguien hubiese querido replicar una escena, nunca hubiera podido hacerlo con tanta apreciación. Munay caminaba por el pasillo de aquel hotel con algunas prendas en su mano y su rostro empapado por sus propias lágrimas. Había imaginado aquella conversación mil veces en su mente y nunca había sido tan dura. Ni siquiera le había preguntado por Asiri, no se había molestado en saber de su hija, de su crecimiento, de lo feliz que había sido, solo le había echado la culpa, la había mirado con odio, prácticamente la había echado y aunque sabía que era lo mejor, le dolía tanto que llevaba sus manos sobre su pecho como si de esa manera pudiera contener el dolor. Llamó al ascensor y cuando faltaban apenas dos pisos para que llegara, una voz le heló la sangre. Martin se había quedado dando v

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