El regreso de Uruguay se había convertido en el comienzo de una anunciada despedida. Luego de haberse entregado, de haber disfrutado de ser ellos mismos, de sentirse libres por primera vez, la dura realidad los esperaba con dientes afilados.
Y el torneo que habían organizado juntos supuso el primer obstáculo.
Ese sábado el colegio estaba repleto de gente, todos los alumnos y sus familias habían recibido la idea con los brazos abiertos, agotando las inscripciones y haciendo que el stand de donaciones no diera a basto. Munay estaba a cargo de la mesa de control, fiel a sus aptitudes para la organización, recibía los tiempos y armaba los promedios para la entrega de premios. Varias categorías disputaban sus trofeos, mientras Martín y sus compañeros de equipo ayudaban con los alistamientos.
Si bien estaba concentrada en su trabajo, ella no perdía oportunidad de mirarlo entre la multitud, era cariñoso con los niños, siempre sonreía y hasta le daba algunos consejos a los pequeños cuyos padres alentaban orgullosos desde las gradas.
El por su parte, era muy consciente de ella, sabía perfectamente donde estaba, y le gustaba espiar sus piernas debajo de la mesa, lucía unos shorts deportivos que él mismo le había obsequiado, que regalaban una imagen de lo más tentadora.
-Ofelia querida, que gusto verte.- oyó Munay proveniente de la tribuna a sus espaldas. Una mujer alta y delgada, de cabello rubio y collar demasiado brillante había saludado a su compañera de clases con dos besos casi virtuales.
-Buenas tardes, Señora De Alzaga, que gusto verla.- le respondió Ofelia con su sonrisa fingida, tan irritante.
-A ver cuando vienes a casa a tomar el te, mi hijo te tiene acaparada por él y ya casi no nos vemos.- le dijo la mujer, mientra Munay abría grande sus ojos. Estaban hablando de Martin, de su Martin, uno que creyó que estaba solo con ella y entonces descubrió que nunca le había preguntado por Ofelia.
Aun recordaba ese beso que le había dado en la cafetería, ¿Como no le había preguntado? Ahora la duda comenzaba a crecer en su mente. Se sentía tonta y demasiado dolida.
-Ya conoce a su hijo, señora, es un poco egoísta, pero le voy a decir que tenemos que ir a visitarla.- respondió Ofelia confirmando las peores sospechas de Munay.
-Te los dejo acá.- Lucas le enseñaba los resultados de la última carrera y ella estaba tan perdida que ni siquiera lo había escuchado.
-Si, si, dejalos ahi, gracias.- le respondió como pudo.
Todo le había comenzado a dar vueltas, no podía creer que él la hubiera engañado así, como no le había dicho que aún tenía novia.
Martin supo que algo no andaba bien, incluso desde la otra punta, pudo percibir el cambio en su rostro, pero aun faltaban una carrera y no pudo acercarse.
Munay terminó de completar las planillas y se las entregó al presentador, no quería continuar allí, no ahora que sabía que el hombre del cual se había enamorado la había engañado.
Por eso utilizó su poder disuasivo y logró salir del natatorio. Una vez afuera tomó aire, no quería llorar, pero las lágrimas amenazaban con alcanzarla. Se había olvidado sus cosas dentro, estaba en shorts y remera aún y el frío del otoño comenzó a atacarla. Pero no quería entrar, no quería volver a verlo cuando sabía que seguía con Ofelia.
Oyó la llegada de un mensaje a su celular y supo de quién era, solo una persona tenía su número.
-¿ qué pasó? ¿Estás bien? ¿te volvió a bajar la presión? Mi amor, ¿Dónde estás?- decía el mensaje y esa forma de llamarla sonó tan falsa que casi tira el aparato al suelo.
No iba a responderle, no se lo merecía. Volvió a tomar aire y cuando estaba a punto de salir corriendo lo vio.
Había salido por una puerta lateral, llevaba una campera liviana sobre su traje de baño y sus ojos desorbitados que al verla volvieron a sonreír.
-Me asustaste, Muny, ¿estás bien?- le dijo ni bien llegó hasta ella y antes de que respondiera le dio un dulce beso en los labios que ella rechazó.
-¿Qué pasa, amor?- le preguntó él preocupado sin liberar sus mejillas.
-¿Amor? No hace falta que me sigas mintiendo, se que estas con Ofelia, no me hagas sentir mas tonta de lo que me siento.- le dijo con lágrimas que ya no podía contener.
Martin se desesperó y tomó sus mejillas con más fuerza para que lo mirara, nunca la había visto llorar, pero acababa de descubrir que era lo último que quería ver en su vida.
-¿Qué decis Muny? ¿De donde sacaste eso? Yo no, Ofelia no.. - comenzó a balbucear pero ella seguía llorando y entonces se obligó a ser más claro.
-Muny, mirame.- le pidió y ella lo hizo a pesar del dolor que sentía en su pecho.
-Muny, me enamoré tanto de vos, que no hay nada más en lo que quiera pensar. No sé que escuchaste pero es mentira. Yo estoy solo con vos. Yo te amo.-le declaró y ella intentó contener las lágrimas analizando sus ojos trasparentes.
-Te amo, Muny.- repitió y entonces ella por fin sonrió, pero cuando estaba punto de besarlo una voz conocida para ambos, se lo impidió.
-Hijo, te están llamando para entregar un premio.- dijo su madre con gesto de desagrado y Martin no tuvo más remedio que liberar las mejillas de la chica que amaba.
-Ya voy.. Mamá, me gustaría presentarte a..- comenzó a decir tomando a Munay de la mano mientras se acercaba a ella, pero la mujer alzó su mano moviéndola.
-A la jovencita que te ayudó con tu sanción, ya me contó el Señor Coulson.. Ahora si nos disculpas mi hijo tiene que subir al escenario.- dijo con un gesto que Muny había visto demasiadas veces.
Martin volvió su vista para volver a intentarlo pero ella sonrió y negó con su cabeza, no quería generarle un mal momento, por eso fingió que aquella forma de hablarle no le había molestado.
-Podrías tirar esto por mi, por favor.- agregó la mujer alzando un vaso de café vacío que Munay miró con ojos de sorpresa.
-Mamá ella no está para eso- quiso decir Martin pero su madre volvió a hablar para impedir que continuara.
-No te molesta ¿verdad?- le preguntó con un movimiento insistente de su brazo.
-No, señora.- respondió Muny finalmente con gesto serio y tomando el vaso giró para alejarse de ambos, sin siquiera despedirse.
Martin podría estar enamorado de ella, pero una mujer como su madre nunca iba a estar de acuerdo con esos sentimientos.