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1330 Palabras

A pesar de los temores por la mirada de aquella mujer, Munay se insistía a sí misma en que todo estaba bien. Continuaba sonriendo al verlo, se escapaba a la biblioteca dos veces al dia para darle los besos más dulces y en las noches conversaba durante largas horas, de cualquier cosa que se le venía la cabeza, hasta que su tía se dormìa y bajaba con sigilo para abrirle la puerta y dejarlo pasar. No estaba orgullosa de mentirle, pero sus deseos de verlo eran tan grandes que no lograba negarse a sus pedidos desesperados para que abriera su puerta. Era tan dulce y caballero como audaz y determinante. Recorría su cuerpo con deleite y la invitaba a acariciarlo de formas que ni siquiera en su mente se habían formulado. El contraste había comenzado a convertirse en necesario, sus pechos oscu

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