Me llamo Alondra y siempre había creído que el tener mis espejos en mi habitación sería una gran idea, pero después de lo que me pasó, empecé a recapitular y creí que eso no sería ninguna buena idea, ese día los bote todos, quedé traumada, no me he vuelto a maquillar y mucho menos he vuelto a salir de mi habitación. Mis amigos y familiares piensan que he enloquecido, pero aún así me traen cosas para que pueda sobrevivir y ahora quiero ponerte sobre alerta lo que no debes de hacer para que no te pase lo mismo que a mí y puedas vivir una vida tranquila.
Aquel día era un día normal como otro cualquiera, empecé a maquillarme y a peinar, estaba quedando sumamente perfecta, era obvio de esperarse de una belleza como yo, siempre que pasaba por al lado de alguien, robaba miradas y era algo que a mí me gustaba, me encantaba que todos me miraban, que todos admiraran mi belleza espectacular.
Después de mucho, tome un taxi y me fui en dirección a mi trabajo, después de poco por fin había llegado a mi trabajo, era la secretaria de ese lugar y en mi opinión el pago era muy bueno, me pagaban más por encubrirle la infidelidad a mi jefe, no me estaban engañando a mi, así que eso no me importaba, no tenía pareja por lo mismo. Los hombres suelen ser unos patánes, solo me gustaba el hecho de que me observarán, pero ir más haya a una relación, eso no era lo mío.
Después de un arduo día de trabajo, todo había resultado muy bien y así que me fui a mi casa.
Me llevo mi jefe, muchas miradas curiosas se pusieron sobre nosotros, de repente ví a una persona conocida y es que era la mujer de mi jefe.
Ella se acercó con total velocidad.
— ¡Con que tú eres su amante!— dijo muy exaltada mientras me señalaba y venía hacia nosotros, enfrente de la mirada de muchos transeúntes.
— No, yo no soy — solté muy asustada. No quería que ella pensara que yo tenía algo que ver con su marido. En esos momentos yo solo quería llegar rápido a mi casa.
—Sabia que mi esposo me engañaba y sospeche que eras tú, ahora lo confirmo muy bien, ¡Siempre fuiste tú!— dijo su esposa muy enojada. Aquella señora parecía que estaba enloqueciendo aún sin yo darle motivos, solo su marido se había portado cortésmente y me trajo a mi casa, sin ninguno tener algo que ver.
Mi jefe no se metió en medio, parecía que todo esto le estaba divirtiendo de gran manera, se reía mientras su esposa se estaba ensañando conmigo, ningún reclamo a aquel tipo, solo a mi, como si yo tuviera la culpa. Yo no había hecho nada.
— Por favor, dile algo a tu mujer, yo solo te tapó tus infidelidades — solté enojada. Solo quería que la esposa de mi jefe me creyera y ya no me reclamará por algo que evidentemente no estaba haciendo.
El empezó a mirar con total confusión — no sé de qué hablas — soltó mi jefe con una gran sonrisa.
De repente sentí mi mejilla arder, me empecé a tallar, había recibido una gran bofetada por parte de la esposa de mi jefe.
— ¡AHHHHH! — di un gran grito empezando subir y bajar mis pies con rapidez, estaba realmente molesta. — Él te engaña y no conmigo — empecé a decir furiosa como si de aquello no dependiera mi trabajo y me fui a mi casa.
Al día siguiente me levante y vestí para ir al trabajo, esperando que mi jefe no me quitará mi puesto. Mucha fue mi sorpresa al encontrar a otra persona en mi puesto y era la amante de mi jefe.
— Es mi trabajo— solté enojada.
— Ya no — me dijo aquella chica con una gran sonrisa sinica.
De repente mi jefe salió de su despacho con las manos entre los bolsillos.
— Ya veo y te diste cuenta, estás despedida — dijo con seriedad.
— No puede hacerme esto, he trabajo con usted desde hace más de diez años — dije muy molesta, yo empecé con él cuando su despacho de abogados empezaba a surgir, solo tenía 18 años en ese tiempo y aún así fui fiel a mi trabajo.
— Si puedo, faltaste a tu palabra — dijo entregándome un sobre.
— ¿Qué es esto?— pregunté sin saber que era lo que se podría encontrar adentro de este.
— Ábrelo — soltó mi jefe con seguridad.
Empecé a revisarlo aún sin entender de que se trataba y pude ver qué en el interior habían solo $100 dólares.
— Eso es por haber trabajo tanto tiempo conmigo — soltó mi jefe aún con malicia.
— Tacaño — pensé.
— Esto no es lo que me merezco por haber trabajo con usted durante tanto tiempo — dije muy fastidiada
— Tómalo o déjalo— soltó indiferente.
— Quiero lo que me corresponde, si no tendré que tomar otras medidas — dije con total seriedad.
— Si es así, te puedo acusar de malversación y me creerán más a mi por tener una empresa de alto prestigio — dijo con seriedad.
— ¡Prestigio que me encargue yo de darle con tanta publicidad! — dije exaltada y furiosa para luego irme.
Me fui a mi casa y prendí el televisor esperando poder despejarme de todo ese coraje que estaba haciendo y todo por culpa de mi jefe.
Estaban las noticias y no pude creer lo que estaba escuchando.
*Noticia*
Mujer del abogado Alonso Villanevada ah sido hayada en su habitación sin vida.
Me quedé petrificada al escuchar aquellas palabras, justamente un día después de que todo paso, por alguna extraña razón, me sentía muy devastada.
Desde ese momento, todo cambio.
En mi habitación empezaban a aparecer diversos mensajes como “Zorra", “Roba maridos", tenía que entrar a los lugares que tenían espejos tapándome los ojos para no ver palabras más hirientes.
Tuve que tomar medidas extremas e ir con una bruja para que ella me pudiera decir que podría hacer, pero lo que me dijo, me desaliento por completo.
— Una señora hizo pacto con algo del más allá, pero ese algo no es para nada bueno y ahora te atormentará por el resto de tu vida por según ella, robarle su marido — estas palabras me rompieron, fue ahí donde supe quién era.
En varias ocasiones le dije que me dejara que yo no tenía la culpa, hasta estaba dispuesta a mancharme las manos con tal de que me dejara de molestar, pero obviamente no obtenía respuesta alguna. Ella seguía atormentando me.
Una semana después, me enteré que mi jefe como si nada, se había casado con la chica con la cual engañaba a su mujer, así que tome una decisión, si yo tenía que sufrir, ellos también.
Aquella noche tome unos cuchillos y los guarde en mi bolsa, me fui corriendo y al llegar, observé por un par de segundos la casa de ellos y sin pensarlo más toque la puerta, me peine un poco y mi jefe abrió.
Empecé a mostrarme desesperada y a ver a todos lados, como si alguien me estuviera siguiendo solo para que aquel tipo me invitará a pasar.
.— Ayuda — solté.
— ¿Que tienes?— preguntó indiferente.
— Alguien me sigue y me quiere hacer daño — dije con desesperación y asustada.
— Es lo mínimo que puedo hacer por darte tan poco dinero — soltó invitando me a pasar.
De repente pude ver qué aquella joven, su nueva esposa, bajo por las escaleras en pijama.
— ¿Quién es cariño?— preguntó aquella chica con curiosidad.
— Nada importante — soltó mi jefe con seriedad.
— Nada importante — susurré.
— Por tú culpa, tú mujer convertida en fantasma me sigue del más allá — solté angustiada a lo que mi ahora ex jefe se empezó a reír.
— Es hora de que pagues — dije sin más y sacando un gran cuchillo el cual estaba agarrando con un guante para que no encontrarán mis huellas.
— ¿Qué qué harás?— preguntó aquel señor nervioso y poniendo sus manos al frente para intentar protegerse, algo que le sería muy difícil.
No dije palabra alguna y le tire el primer cuchillazo, alcance a darle en la palma de la mano, la cual empezó a sangrar de gran manera y luego en un descuido, lo apuñale en su abdomen una y otra vez, después de acabar con él, ahora iría por su mujer, ella se dió cuenta de esto y empezó a subir las escaleras a toda prisa asustada, hasta que estuvo en su recámara, también le apuñale un par de veces, dejándolos a ambos en aquel lugar desangrando y esperando que con esto, aquella fantasma me dejara de molestar.
Me lleve algunas cosas para que todos pensaran que fue un asalto a mano armada, antes de salir vigilé que no hubiera nadie y al darme cuenta de esto, de que nadie estaba merodeando, corrí lo más rápido que pude.
Llegué a mi casa, me bañe y cambie, empecé a llorar, estaba fastidiada de todo esto.
Pero a pesar de mis esfuerzos, aquella fantasma seguía insultandome, creyendo que yo era la amante de su marido, por esa razón bote todos mis espejos y no he vuelto a salir de mi casa, tengo miedo de ser descubierta de aquel asesinato, ahora se que guardar secretos de esa magnitud, no estuvo para nada bien.