Alice fue a detención de nuevo, aquella joven se la pasaba en detención la mayor parte del tiempo, pero le daba igual, en ese momento y en su rostro se le empezó a dibujar una gran sonrisa. Alice se había acordado de lo que había hecho con anterioridad.
Aquella chica le había puesto unas ratas a su compañera Jazmín, la cual le tenía fobia a estas y por si fuera poco, Alice le había cortado parte de su precioso cabello.
— Se lo merecía— decía aquella chica en su defensa sin tomarle importancia a la reprenda que le darían por sus feroces actos.
Los maestros estaban hartos de Alice, siempre era lo mismo y era la peor alumna de todas.
De repente la directora le pregunto a Alice que les dijera el motivo por el cual a su compañera le hizo aquellos actos imperdonables y de que por qué se lo merecía.
Alice solo rodó los ojos, ella estaba dispuesta a hablar.
— Ella solo me agarró mi lápiz sin mi permiso — dijo Alice con seriedad para luego alzarse de hombros, pero esto no era motivo para que aquella chica hiciera todo lo que había hecho.
Los padres de Alice eran muy influentes en aquella escuela y por lo cual, su hija creía que podía hacer todo lo que quisiera sin tener repercusiones y ciertamente esto no fue motivo de expulsión, pero lo que si hizo la maestra para que pensaran “que había tomado cartas en el asunto" no que solo la mandaron a detención.
Era obvio que a Alice nadie la podía correr de aquella escuela, su padre había invertido mucho dinero y si la expulsaban, eso significaría tener que despedirse de aquel gran apoyo y el cual nunca se vio invertido para el bienestar de la escuela.
Alice se creía inmune por eso, así que en muchas ocasiones había sido mala con sus compañeros, nadie se salvaba de aquella joven.
Despues de caminar por un corto tiempo, Alice rápidamente llegó al salón donde pasaría su castigo.
— Hola de nuevo a todos — dijo aquella chica con una gran sonrisa mientras los saludaba como si todos esto le resultará divertido y como si fuera un simple juego.
El maestro bufó para luego rodar los ojos, aquella idea de tener de nuevo a Alice en detención, no le parecía en lo absoluto una muy buena idea, como era de esperarse, todos los maestros incluyendo al maestro de detención, les tenía hartos Alice con su comportamiento.
— De nuevo tú — dijo con seriedad el maestro y sin emoción alguna.
— De nuevo yo, debería estar alegre de volver a verme — dijo Alice mientras se iba a sentar a su asiento, le daba vuelta a otro y ponía sus pies encima de este último.
Ciertamente el maestro de detención llamado Raúl, no estaba de lo más alegre al ver a Alice, su alumna frecuente de nuevo en ese salón.
El maestro de detención tampoco le podía decir nada a Alice y mucho menos poner algún ultimátum, si no al que le iría mal sería a él, Alice era por decirlo, intocable, no podían regañarla y mucho menos ponerle castigos más grandes, solo podían mandarla a detención para que todos en la escuela creyeran que había tenido su castigo, cuando no era así.
La clase empezó con normalidad, ellos eran los únicos en la escuela, la clase nocturna era la detención.
— Como saben y se podrán dar cuenta, están aquí para su castigo, realmente no se portaron muy bien que digamos el día de hoy y a como veo, como siempre siguen siendo los mismos chicos, cosa que ya no me es novedad — bufó el maestro a lo que algunos se empezaron a reír y a lanzarle hojas de papel mientras que otros chicos solo miraban atónitos ante aquel acto muy desconsiderado.
Los que no estaban tratando mal al maestro, solo habían llegado por cosas menores como él no entregar su trabajo o simplemente discutir con algún compañero, pero nada más y ellos pensaban que lo que estaban haciendo sus otros compañeros que estaban tirándole hojas al maestro y se reían del maestro, estaba mal, era algo que no era bueno en lo absoluto.
El maestro empezaba a cansarse por tantas humillaciones, pero era obvio que no podía darlo a demostrar por el simple hecho de que era muy bien pagado y si daba a demostrar su disgusto, era muy obvio que sus alumnos utilizarían eso en su contra, así que prefirió mantenerse al margen sin decirles nada.
Las hojas de papel dejaron de caer, indicando de que el maestro podía seguir con la clase.
Alice solo sonreía con malicia, ella había sido la primera en revelarse en tirar la primera hoja del papel al maestro, entre diversas bromas que le hacía como poner pegamento en su asiento, etcétera y por esta razón, el maestro ya no quería ver más en detención a Alice, pero por más que él le pidiera que se tranquilizara para que pudieran llevar las cosas con tranquilidad, aquel maestro no conseguía nada, Alice le seguiría haciendo bromas por qué era parte de ella y aquella chica seguía metiéndose en problemas y seguía llegando a detención.
Alice también rayaba las libretas de sus compañeros, aquella chica hasta quemaba hojas de papel dentro del salón de clases solo para alertar a todos y que llegarán bomberos, aquella chica no tenía límites y tampoco era como si los pudiera tener, ella no conocía eso.
El profesor empezó a escribir en el pizarrón y al término suspiro y se dispuso a hablar.
— Está bien, sigamos con la clase, háganme estás ecuaciones que se muestran en el pizarrón — dijo el maestro para luego rodar los ojos y sentarse en su asiento esperando poder recibir las tareas resueltas.
Algunos chicos que eran un poco más tranquilos, aquellos que no habían tirado hojas de papel y los cuales no trataron mal al maestro empezaron a hacer la tarea ya asignada mientras que otros muy traviesos, los que si tiraron hojas al maestro y lo empezaron a tratar de la peor manera posible al igual que Alice, decidieron ignorarlo y hacer garabatos en sus libretas ya que estaban seguros que eso sería más divertido que las ecuaciones que su maestro les había dejado.
Aquellos chicos tranquilos y pocos fueron los que hicieron las ecuaciones y fueron estos pocos los que pudieron salir antes de detención, era obvio que las quejas no se hicieron esperar, a los chicos que habían ignorado por completo al profesor, esa idea no les parecía, pero muy rápidamente el maestro pensó en algo para poder tranquilizar los, solo quedaban cuatro jóvenes.
—Tranquilos, ustedes se quedaron porque tengo algo mejor que mostrarles — se limito a sonreír su maestro.
Se podía notar que el maestro Raúl tenía algo planeado.
¿Algo mejor?, Se preguntaban todos y con esto su curiosidad empezó a aumentar.
El maestro de aquellos jóvenes saco rápidamente unas hojas que se encontraban adentro de un cajón que estaba ubicado en su mesa de trabajo, al igual que sacó unos bolígrafos, los cuales se les fue entregados a todos los estudiantes que quedaban.
— Y ¿Qué es que quiere que hagamos con esto?— preguntó confundida Alice mientras alzaba una ceja y tomaba de una punta la hoja que le había tocado aún sin entender lo que iban a hacer.
— Buena pregunta, estás son hojas antiestrés, solo escriban lo que más quieran, como si de un deseo se tratara y la pondrán aquí, en este tablero — dijo el maestro mostrando lo — con eso el estrés que tienen desaparecerá — dijo con emoción.
— Creo que eso es una gran tontería — bufó Alice — pero bueno, lo haré — dijo rodando los ojos y los otros compañeros también asintieron.
Muy rápidamente todos empezaron a escribir sus deseos más egoístas posibles, sin pensar en los demás, solo pensaron en su propio bienestar.
Joaquín escribió en aquella hoja: “ Quisiera tener mi propia riqueza, se que tengo la de mis padres, pero nunca está de más, querer mucho más", escribió aquellas palabras llenas de avaricia.
Sandra empezó a pensar; “Quisiera participar en una película, sería tan divertido, sumándole que quisiera ser la protagonista y llevarme todos los créditos posibles", escribió con emoción imaginándose siendo ella la protagonista de una hermosa película.
Joel miro por unos instantes el papel pensando en que podría escribir, de repente algo le llegó a la mente; “Como quisiera hablar con los animales, creo que eso sería un gran poder y con el cual podría saber los secretos de algunas personas y estorcionarlos con eso" dijo aquel chico de repente y con una gran sonrisa, aunque a decir verdad, era irónico que él quisiera ese poder por el simple hecho de que Joel había tratado muy mal a los animales en incontables veces.
Alice empezó a escribir: “Nadie está a mi altura, como quisiera verme reflejada en el rostro de todos, eso sería grandioso, sería una celebridad", escribió aquella joven con suma felicidad.
Uno por uno fue poniendo el papel con lo que querían en aquella pizarra, dónde cada uno se burlaba de lo que quería su compañero.
Algunos pensaban que lo que habían escrito sus compañeros eran pensamientos muy vagos.
De pronto y para sorpresa de todos, la luz se fue.
— ¿Qué qué fue eso?— preguntó de repente Alice asustada mientras abrazaba a Joaquín.
Para sorpresa de todos, la luz regresó en cuestión de segundos, dejando ver a todos que Alice abrazaba con fuerza a su compañero Joaquín, a lo que todos se empezaron a reír.
Alice sin pensarlo más, empujó a Joaquín.
— Bueno, se pueden ir, no vaya a ser que ocurra otro apagón — dijo el maestro con una gran sonrisa.
Aquellos chicos sin pensarlo más, tomaron sus cosas y se fueron a sus casas, cada uno tomando su respectivo camino.
Pero sin pensarlo, algo muy raro empezó a ocurrir.
*Joaquín*
A Joaquín, a él tanta avaricia le jugó en contra ya que afirmativamente tuvo su propia riqueza de la cual gozo de inmediato, en su tarjeta se reflejo millones de dólares, pero unos policías inrrumpieron en su nueva casa llena de lujos para luego ser encarcelado por el hecho de que a todos se les hizo raro que hiciera tanto dinero en tan poco tiempo, de pronto un banco multimillonario había lanzado un reporte, sus millones habían sido robados, así que hicieron una ardua y exhaustiva investigación, de pronto les llegaron llamadas de la misteriosa riqueza de aquel joven, luego se descubrió que aquel chico había robado al banco, realmente no sabían cómo lo había hecho, solo sabían que él había sido el culpable de aquel acto, aunque Joaquín decía que ese dinero apareció en su tarjeta, los policías lo cuestionaron por el hecho de que no dijo nada. Siendo así que Joaquín fue condenado a muchos años de prisión por sus culposos actos.
*Sandra*
Sandra, aquella chica sin pensarlo, estaba pasando por su propia película de camino a casa, al principio escucho pasos detrás de ella, por lo cual aquella joven empezó a caminar con prisa y cada vez más rápido, todo esto la estaba haciendo entrar en pánico, en muy poco tiempo Sandra había logrado llegar a su casa sana y salva, creyendo que todo terminaría ahí y que quien fuera que la estuviera siguiendo, la dejaría de molestar, ella de pronto abrió la puerta de su casa con rapidez y la cerro de inmediato tras su entrada, soltando un gran suspiro de alivio, ella pensaba que estaba a salvó, pero su sorpresa fue mucha al ver a un par de personas enfrente suyo, eran unas personas muy delgadas y verdes, parecían ser una especie de criatura desconocida para ella, pero en ese momento, se pudo escuchar solo un grito desgarrador proveniente de Sandra, después de todo, ella había logrado convertirse en la protagonista de su propia historia, de terror.
*Joel*
A aquel chico no le había ido mejor que a sus demás compañeros ya que a cada paso que daba aquel chico, él podía escuchar un par de voces, pero al voltear a ver, se daba cuenta de que no había nadie caminando detrás de él, a cada paso que daba Joel, él empezaba a entrar más y más en pánico, hasta que de pronto escucho.
—¿No te das cuenta?, Nunca te podrás escapar de nosotros— dijo un gato mientras iba caminando a un lado de él.
Desde aquel día, Joel seguía escuchando sonidos de animales, los cuales se estaban vengando por tantos maltratos provenientes de aquel chico, por lo cual Joel no volvió a salir de su habitación y se encerró en aquel lugar lo más que pudo, pero aún así, no pudo escapar, también podía escuchar a los insectos diminutos que pasaban por su casa.
*Alice*
Lo que pidió Alice, vaya que se había hecho realidad como a sus compañeros, al salir de la escuela vio a su alrededor personas con su mismo rostro, aquella chica se empezó a tallar la cara con demasiada fuerza pensando que lo estaba imaginando, pero no, a cada paso que ella daba, podía ver su rostro en cada persona, ella pensaba que era única y quería que todos vieran eso en cada rostro que vieran, pero no quería ver a todos con su rostro, ciertamente esto estaba sobrepasando y enloqueciendo a aquella joven, hasta el punto en que terminó en un manicomio, diciendo y asegurando que todos se parecían a ella.
— Dice que ve rostros iguales — dijo de repente un doctor de aquel hospital psiquiátrico.
— Yo no noto el parecido — dijo entre risas su compañera mientras ambos se volteaban a ver al frente y se podían ver qué tenían el mismo rostro que aquella chica.
Después de todo, aquel maestro les había enseñado una gran lección a sus estudiantes que nunca podrían olvidar.