El ventrílocuo

1573 Palabras
¿Has oído hablar sobre el ventrílocuo maldito? Se dice que es una chica que junto a un muñeco va de pueblo en pueblo dando pequeños espectáculos, todo parece ir bien hasta que llega la noche. Niños y adultos desaparecen por dónde ella pasa y hasta la fecha se desconoce el paradero de cada uno, puede ser casualidad o producto de una maldición. Paola es una chica de 15 años que escucha atentamente la radio, historias de terror son las que más disfruta escuchar antes de irse a dormir. — ¿Ventrílocuo maldito? No me hagas reír, en vez de historias de terror parecen cuentos de cuna — habló la chica en un tono burlón antes de irse a dormir. Cuando Paola despertó se arregló para ir al colegio y tan pronto terminó bajo para desayunar junto a sus padres. — ¿Un show de ventriloquía? — preguntó Paola a su madre. — Así es, hoy viene un ventrílocuo al pueblo, llevamos semanas preparando todo para el show pero el día de hoy estamos cortos de personal ¿Será que nos puedas hechar una mano? Paola asintió algo insegura, su madre era organizadora de eventos y le encantaba hablar de su trabajo pero hasta el día de hoy no había hablado acerca de ese show. Cuando estuvieron en el salón dónde el show se daría Paola quedó asombrada por todo lo que veía, personas moviéndose de un lado a otro, para ser sólo un simple espectáculo de ventriloquía lo estaban haciendo en grande. — El ventrílocuo así nos lo pidió, dice que a su muñeco es algo coqueto y le gustan las cosas grandes — habló una señora cómo si hubiera leído los pensamientos de Paola. — Bien, menos charla y más acción, tú te encargarás de poner las luces — habló la madre de Paola dirigiendo sus palabras hacía el personal — Tú ayudarás a poner el escenario y tú… — se dirigió a su hija — tú serás… — ¡Mi asistente! — gritó una chica acercándose hasta ellas — perdonen que interrumpa, mi nombre es Kyla y soy el ventrílocuo que ah venido a este maravilloso lugar, mi asistente a enfermado y no pudo asistir así que si no es mucha molestia me gustaría que me prestará a una de sus chicas… Por favor — todas miraron boquiabiertas a la chica, está tenía una mancha negra en el ojo derecho — oh, es maquillaje. — Bueno, yo seré su asistente — habló Paola, sólo esas palabras bastaron para que Kyla se llevará a rastras a la chica. Kyla se dirigió a uno de los cuartos que estaban hasta el final del pasillo, el cuarto dónde se encontraban estaba lleno de polvo y estaba oscuro pero aún así se podían visualizar un par de cajas y arriba de todas estás había un muñeco algo grande con una mancha negra en su ojo derecho, tal y cómo el de Kyla. — ¿No sería mejor buscar otra habitación? el interruptor de aquí no funciona. — ¡No! — se apresuró a decir Kyla — a Robert no le gusta la luz, sería una grosería hacerle eso. "¿Robert? ¿Quién es Robert?" se preguntó Paola pero no sé atrevió a preguntar a esa misteriosa chica. — Bien, el primer trabajo que harás será acomodar todas las cajas, quiero que las pongas en orden y no salgas de aquí a menos que algo lo amerite, a Robert no le gusta estar por mucho tiempo sólo. — ¿Robert? ¿Se refiere al muñeco? — Paola por fin sé atrevió a preguntar, por un momento creyó que la chica estaba loca. — ¡Robert no es ningún muñeco! es mi amigo — Kyla defendió a Robert, sólo eso bastó para que Paola estallara a carcajadas, Kyla frunció el seño. — Está bien, al menos déjame ir al baño. — ¿Eh? — Kyla volteó a ver al muñeco para luego volver a dirigirse a Paola — ¿al menos podrías pedirle a tu madre que venga? Robert quiere conocer a la encargada del evento. Paola sonrió falsamente antes de salir de la habitación, se dirigió a su madre y le dijo que había algo en esa chica que no le cuadraba pero su madre insistió en qué tratara de llevarse bien con ella, sólo sería por ese día. Cuando Paola salió del baño y se dirigía a dónde estaba Kyla escuchó a unas señoras murmurar, su curiosidad era tan grande que no pudo evitar quedarse a escuchar. — ¿Cómo que su asistente desapareció? — habló una señora con preocupación. — Esta mañana llegó aquí con su asistente pero es extraño que de un rato para otro haya desaparecido, ella niega haber venido con uno y mi primo me contó que a ella nunca le duran los asistentes, siempre los está cambiando pero lo más raro es... Sus asistentes desaparecen sin dejar rastro, es cómo si se los tragara la tierra. — Debe ser muy duro trabajar con ella, pobre de la hija de Marta qué tendrá que lidiar con esa chica hasta que termine el show. Una persona cualquiera hubiera ignorado esa conversación pero Paola no, recordó la historia que había escuchado la noche anterior ¿Kyla era la chica del relato? Se negó a sí misma, las historias de terror eran sólo eso, historias, el ventrílocuo maldito no existía. Llegó a la habitación oscura pero antes de tomar el picaporte se detuvo cuándo escuchó a Kyla, esta estaba hablando con alguien, Paola no pudo ocultar su curiosidad y se quedó a escuchar lo que hablaba, al principio creyó que hablaba con su madre pero lo que escuchó la dejó aterrada. — Por favor espera sólo un poco más, esa chica no debe de tardar en venir… ¿Eh? ¿Ya no puedes aguantar hasta la noche?... Tranquilo, si no vuelve pronto te buscaré a alguien más, tranquilo mi pequeño, esa barriguita pronto estará llena… Tan pronto termine el show te darás un festín ... ¿Eh? ¿Alguien nos está escuchando? Paola se asustó y abrió la puerta de golpe sólo para encontrarse a Kyla hablándole a su muñeco, Paola la miró incrédula. — ¿No crees que ya estás algo grande para hablarle a un muñeco? — ¿A ti no te han enseñado a no escuchar detrás de la puerta? ¡Responde! ¡¿Que tanto oíste?! — el semblante de Kyla cambió, no mostraba ninguna emoción. — Lo suficiente cómo para saber que estás loca — Paola miró por encima de los hombros de Kyla, se asustó al ver cómo el muñeco Robert había movido un ojo — e-esa cosa... ¡¿Que es esa cosa?! Paola parecía estar perdiendo la cordura, se acercó al muñeco y lo empezó a sacudir, Kyla la intento separar de su amado muñeco, en un forcejeo le terminaron por romper el brazo izquierdo, al hacer eso el brazo de Kyla pareció haberse roto también. Paola se asustó al ver tal similitud en eso e intentó salir de ahí pero ya era imposible, la puerta parecía estar trabada. — ¡¿Que eres?! — gritó asustada. — Robert está hambriento... Y yo también — Kyla tomó entre sus brazos a Robert y se empezó a acercar hacía Paola. — ¡Aléjate! ¡Aléjate de mí! — Robert está hambriento, yo ya no lo puedo detener... Dice Robert que tú madre estuvo deliciosa — sonrió maliciosamente dejando ver un trozo de carne en sus dientes. Paola abrió sus ojos tanto cómo estos se lo permitieron, ya no tenía escapatoria, estos seres no eran humanos. — ¡Déjame! ¡No lo hagas! ¡¿Que cosa eres?! La habitación oscura por un momento pareció iluminarse, cuando Kyla estuvo cerca de Paola esta pudo darse cuenta de algo, la mancha negra que se posaba en el ojo de Kyla no era maquillaje, si no sangre. Pedazo de carne había sido arrancado del cuerpo de Kyla cuando esta no le llevó sus alimentos a Robert, lo que Robert sintiera lo sentía Kyla y viceversa, sus vidas estaban atadas por toda la eternidad. Fue ahí cuando Paola se dio cuenta de algo, las historias de terror pueden convertirse en una realidad, y la desaparición de los niños y adultos se debía al ventrílocuo maldito y a un muñeco que comía personas. Kyla sonrió de forma macabra antes de clavarle los dientes a Paola. — Kyla ¿Estás ahí? — golpearon la puerta dónde el ventrílocuo se encontraba. — ¡En un momento voy! — gritó la chica, cuando se escuchó cómo los pasos se iban alejando por fin pudo suspirar — bien Robert, ahora tienes un nuevo amigo. Abrió una caja y dentro de ella habían un montón de muñecos todos de diferentes tamaños, arriba de todos esos muñecos metió al nuevo integrante de su familia, un muñeco muy parecido a Paola. Paola despertó muy agitada, estaba asustada y empapada de sudor, tocó cada parte de su cuerpo y sintió cómo el alma le volvía al cuerpo, al parecer todo había sido una pesadilla. Tan pronto se puso su uniforme bajó a desayunar con sus padres. — Todos amarán el show, hace tiempo que no viene un ventrílocuo a la ciudad — habló su madre muy emocionada. Paola sintió un escalofrío, al parecer no había sido una pesadilla si no una premonición. Todo ya estaba destinado a suceder.
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