Mientras la conversación en el estudio se desarrollaba, Akira llegaba a la habitación de Mika. Al golpear la puerta entreabierta, Natsuki lo invitó a pasar con un movimiento de cabeza adornado con una de sus muy amables sonrisas. Midori observaba atentamente al muchacho que acababa de ingresar, ya que no sabía más de él que lo comentado por Osamu durante el trayecto que hicieron del aeropuerto al apartamento. Kaya se encontraba sentada en la silla del tocador de la hija Sato, alejada de la madre y tía que velaban el descanso de la joven sentadas en la cama de esta.
- Disculpe por mi llegada, Natsuki san, pero Takeo san me ha pedido permanecer al lado de Mika mientras él, Sato san y mi padre sostienen una seria conversación en el estudio –Akira hizo ese comentario sin quitar la mirada de Mika, quien lucía tan calmada y serena como siempre.
- No hay problema, Akira. Ven, siéntate al lado de Mika. Estoy segura que a ella le encantará verte ni bien despierte –dijo Natsuki dejando el espacio que ocupaba en la cama para sentarse sobre el sofá de lectura que estaba al otro lado, cerca de Midori.
- Así que tú eres el enamorado de mi sobrina Mika –dijo Midori mirando con fría y analítica mirada a Akira.
- Mucho gusto, soy Akira Müller –solo bastó que el hijo de Yuriko y Bastian mencionara su apellido para que Midori entendiera la situación y en algo el enojo de su hermano. Como la tercera hija Sato no conocía al médico alemán, no lo identificó al ingresar al apartamento, solo pensó que era otro médico extranjero.
- Ahora entiendo por qué Kenji explotó como lo hizo –dijo Midori haciendo un gesto de fastidio.
- Midori chan, por favor, no te molestes con Akira –inmediatamente pidió Natsuki al notar el gesto de su cuñada.
- No te entiendo, Natsuki. ¿Cómo pudiste ocultarle a mi hermano que el hijo de su primer amor mantenía una relación con Mika? –Midori mostraba con más facilidad su molestia con su cuñada.
- Sabes que Kenji es demasiado celoso con sus hijas, y temí que se interpusiera en la decisión de Mika. En todos estos meses de relación, ella ha podido desarrollarse socialmente gracias a Akira, lo que prueba que su presencia en la vida de mi hija es positiva –respondió así Natsuki.
- De acuerdo, pero eso no quita que debiste conversar el tema con Kenji. ¿Acaso no te das cuenta que le has ocultado mucha información a tu esposo? Se supone que entre ustedes no debería haber secretos –lo dicho por Midori era cierto, pero en el momento que Mika le contaba sobre lo que Akira le hacía sentir, habiendo apenas pasado un día y sus horas desde que se conocieron, Natsuki comprendió que ese era un momento especial, uno en que una mujer antepone su maternidad a su relación conyugal.
- Simplemente prioricé a mi hija sobre mi esposo. La decepción que pueda sentir Kenji al enterarse que le oculté información sobre la vida de nuestra hija es fácil de superar porque es un adulto y sé que entenderá mis razones, pero la soledad y el sufrimiento de mi niña por no ser admitida socialmente por muchachitos como ella solo se aliviaba si alguien la aceptaba, y Akira lo hizo. Además, ella lo ama y se sabe amada, por eso le dio el ataque de nervios al imaginarse que la separaban de él. Mira cómo ha quedado mi pobre niña –respondió así Natsuki al comentario de su cuñada.
- Y eso que no presenció el espasmo del sollozo. Ver que empezaban a ponerse sus labios azules por la falta de aire en sus pulmones fue aterrador –mencionó Akira soltando unas lágrimas que caían sobre las sábanas de la cama-. Aunque estoy estudiando para ser médico, y reconozco que actué de la manera adecuada para sacarla de ese estado, no puedo negar que me asusté muchísimo al pensar que Mika no reaccionaría y terminaría desmayándose –Akira sostenía entre sus manos una de las de su amada enamorada, a la que proveía de tiernas caricias.
- Lo que acaba de comentar Akira san es muy cierto –agregó Kaya también soltando lágrimas en silencio-. Por un instante pensé que Mika san se nos iba, que no lograríamos hacerla reaccionar. Fue una experiencia terrible.
- Gracias –fue lo único que soltó Natsuki con una notoria voz quebrada al sentir en el joven Müller y la escolta el miedo que se apoderó de ellos cuando su hija dejó de respirar.
Al sentirse Midori un poco apenada por mostrar su fastidio ante la idea de que Akira era hijo de Yuriko -a quien conoció cuando esta abrió la puerta del penthouse donde vivía Kenji en San Francisco, ciudad a la que se mudó para realizar el MBA en la Universidad de Stanford, enterándose de esa manera que convivían al tener una relación, en ese momento, de seis años-, vio adecuado pedir disculpas al joven Müller, quien no tenía culpa alguna de los actos cometidos por su madre.
- ¿Akira? –Midori mencionó el nombre del joven Müller con duda, para que este levantara la mirara. Ese tono marrón opaco en los ojos del mestizo mostraba el miedo que vivió ante el ataque nervioso que sufrió Mika-. Discúlpame si te hice sentir mal. Es que la manera en que conocí a tu madre no fue la más adecuada, y ese recuerdo llegó a mí ni bien deduje tu procedencia. En verdad, estoy muy apenada. Soy una adulta, por lo que debo comprender que a ti te debo valorar por tus acciones y no por las de tus padres.
- Gracias por sus disculpas, pero debo enfatizar que mi madre no hizo nada malo. Ella solo se enamoró de un hombre que no fue sincero desde un inicio al ocultarle su compromiso en matrimonio pactado por su padre. Cuando lo hizo, ya era demasiado tarde, mi madre ya lo amaba y él a ella, por lo que deshacer la relación no era algo factible –dijo Akira con un semblante calmado, ya que no estaba molesto con Midori ni con nadie, pero no iba a permitir que su madre quede como si fuera una mujer desvergonzada que se interpuso en un matrimonio.
- Lo sabemos, Akira –dijo Natsuki mirando con ternura al joven amado por su hija-. Yuriko solo fue una víctima de las circunstancias, al igual que Kenji. Pactar matrimonios para los hijos no es algo que deba estar permitido porque inocentes sufren con destinos que no eligieron. Es por ello que mi esposo y yo, así como todos los hijos de Kiyoshi Sato y Yori Nagata, nos negamos en exponer a nuestra prole a esa práctica sin sentido, aunque para mí resultó afortunada porque en Kenji encontré al amor de mi vida –la sonrisa de la madre Sato fue tan sincera que contagió al joven Müller, quien le devolvió el gesto, comprobando una vez más que Mika tenía razón al decir que la sonrisa de Akira puede iluminar todo a su alrededor.
- Saben, tengo hambre –soltó Midori acariciando su abdomen. Era la excusa perfecta para dejar solo a Akira cuidando de Mika, además de romper por completo con la tensión que ella misma ocasionó al demostrar su incomodidad por el lazo sanguíneo que lo unía a Yuriko Inoue-. Sé que aún no es hora de cenar, pero bajemos a comer algo, Natsuki. El viaje ha hecho que necesite reponer energías –pidió la cuñada de la madre Sato con un tono de súplica-. Tú también ven con nosotras, Ishida san. Dejemos que Akira cuide de Mika. Creo que él es el más adecuado de todos para velar por el descanso de nuestra querida niña –la mirada pícara de Midori acompañada de una sonrisa ladeada sonrojó al mestizo.