CAPITULO 4| SCOTT TAYLOR

1111 Palabras
Después cancelar su reservación en el hotel y de aceptar un poco apenado la oferta de compartir residencia con Alaska, Reece, no tuvo mas remedio que pasar aquella noche en aquella cómoda y hogareña habitación, a la mañana siguiente ambos se encontraron por la mañana, Lask había entrado por ordenes de su madre para despertarlo y decirle que el desayuno estaba listo, pero Reece se encontraba bañado y con unos causales pantalones de chándal y color blanco con n***o y una camiseta gris. —Lo siento—Se disculpo—Pensé que estabas dormido. —Suelo despertar temprano para ir al gimnasio—Dijo intentando que no se sintiera apenada, no quería que pensara que había pasado mala noche cuando había sido todo lo contrario, el americano observo a la chica y sonrió al notar que como sus antiguas novias no usaba provocativos conjuntos para dormir si no ropa holgada y cómoda, su cabello castaño claro estaba sujeto en una coleta alta—Hoy quiero que me acompañes a algún centro comercial cerca, creo que no he comprado regalos para tus padres, baje del avión con lo básico debido a que no pude viajar como pasajero. En vez de oponerse Lask asintió con una sonrisa, el hombre parecía tomarse enserio su compromiso para hacer aquella mentira lo mas real posible así que media hora mas tarde todos se encontraban comiendo los panqueques rellenos de cajeta que la señora Simmons había preparado con tanto esmero aquella mañana. El nerviosismo de Alaska la noche anterior había sido mermado por la calidez de la mañana, Reece era un hombre agradable y atento así que no parecían estar sumergidos en tensión. —¿Qué te parecen Reece? —Preguntó la mujer mayor sobre la comida, él sonrió complacido. —Están realmente deliciosos. —Mi esposa es una gran cocinera, Alaska también lo es, aunque creo que piensa que una abogada no debe meterse tanto en la cocina como una mujer común, yo soy del pensar que puede hacerlo de vez en cuando, es realmente buena—Alagó su padre para después dar un trago a su vaso de jugo—¿Saldrán el día de hoy? Alaska asintió mientras dejaba sus tenedores sobre el plato. —Si papá, llevare a Reece a conocer Byron, esta demasiado curioso es la primera vez que lo visita—El señor Simmons pareció contento con que el hombre pareciera interesado en conocer el ambiente en el que su hija de desenvolvía, dentro de su cabeza solo divagaba el deseo de que el americano se enamorara de aquel pueblo costero y no pasara por su cabeza llevarse a su pequeña a Estados Unidos, no podría verla tan seguido. —Es un lugar muy bonito, aunque es posible que por tu piel termines un poco bronceado—Comentó Amanda y después se dirigió a su hija—Asegúrate que use protector solar si no su piel se pondrá muy roja. —Claro mamá. Una hora más tarde la pareja giraba en reversa en el BMW en dirección al centro comercial de la ciudad, ambos se habían sumergido en una conversación poco convencional, Alaska había insistido en que usara sandalias después de todo eran el zapato nacional de Australia pero Reece no pudo hacer a un lado sus instintos americanos y solo se colocó unos tenis deportivos y una sudadera que hacia juego con sus pantalones, sus gafas negras le daban un estilo muy americano del que Alaska no se quejaba. —Te he dicho, las sandalias son cómodas. —No me pondré sandalias—Insistía Reece mirando sus lindas uñas a través de aquellos cómodos zapatos, después observo sus blancos tenis deportivos y se vio vestido de un estilo diferente, era una vestimenta casual—No son mi estilo. —Antes de irte tendrá que hacerlo por lo menos una vez—Dijo la mujer ocultando su sonrisa mientras miraba por las ventas del auto, mirar a través del cristal la transporto a su infancia, cuando regresaba a la escuela en esa linda bicicleta rosa que portaba una pequeña campana, sus padres escuchaban que se acercaba desde tres cuadras atrás. Las calles eran ocupadas por rostros nuevos, no pudo reconocer a nadie durante ese trayecto, al parecer gente nueva había arribado a la zona costera en busca de una zona tranquila. —¿Qué haremos esta semana? —Posiblemente Emmy nos invite a su casa—La mujer comenzó a explicar cosas sobre su amiga para que Reece comenzara a involucrarse con el circulo con el que tendría que convivir en unas cuantas semanas, era posible que la elocuente chica la visitara el día de hoy, esperaba que no lo hiciera mientras ambos estaban afuera. —¿Crees que deba rentar un auto? —Ella negó. —Con el mío es más que suficiente. —De todas maneras, debería hacerlo—Murmuró casi para si mismo, extrañaba su Maserati, pero era imposible llevarlo hasta el otro lado del mundo, lo volvería a ver en la seguridad del estacionamiento subterráneo de su edificio en unas cuantas semanas—Tu madre es una excelente cocinera, creo que terminare pidiéndole panqueques cada vez que tenga oportunidad. —Mi madre tiene fama de engordar hombre, mira a papá, estoy segura de que pesaba al menos diez libras menos desde la ultima vez que lo mire—Bromeó la mujer antes de que el auto se estacionara delante del enorme Bayron Bay Fair. El americano bajo del auto y se apresuro amablemente a abrir la puerta del copiloto, con un leve sonido de las llaves el auto quedo asegurado para que ambos entraran. —Me sacrificare—Respondió ante las ultimas palabras—Un hombre bien alimentado es un hombre enamorado y contento. Juntos se dirigieron a dentro, las puertas corredizas se abrieron dándoles paso hacia el gran centro comercial en el que reinaba la calidez tropical y playera, había salvavidas, cañas, albercas y demás artículos para permanecer al aire libre que iba de la mano con la paradisiaca ubicación del lugar. Primero recorrieron los pasillos repletos de asadores. —¿A tu padre le gusta la barbacoa? Las cejas de Lask se levantaron mientras pensaba que responder, amaba los asadores para cuando salían a pescar, solía colocar un pez que recién había mordido el anzuelo allí, según su filosofía nada mejor que un pez fresco, asado a las brasas. Justo cuando estaba por responder miro una mata de cabello oscuro que reconoció de inmediato, sus ojos se abrieron con sorpresa. —Maldita sea—Exclamó girando su cuerpo, no quería que el mirara, era muy pronto, no estaba preparada para mirarlo después de tantos años.
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