IV| BYRON BAY

1058 Palabras
—¿Qué haz pescado con ella un pequeño robalo? Reece comprendió que iba de inmediato y en esos momentos le hicieron de gran ayuda los tiempos que paso con su abuelo cerca de los Cabos en la pesca deportiva, habían atrapado un enorme Marlín Azul pues su abuelo era un gran fan de los concursos y al tener un bote y ser un veterano del ejercito jubilado no tenía mucho que hacer.   —Mi ultimo gran pez fue hace cinco años, un marlín azul de ochocientas libras, lo pesque durante el torneo Bisbee´s en los Cabos, en México, fue una buena pesca—Entonces Rick Simmons sonrió, estaba complacido con el novio de su hija, si el chico aceptaba lo llevaría y ambos tendrían un día agradable en el mar. —Pero que gran chico me has traído a casa Lask—Reece sonrió cuando Rick Simmons coloco su mano y le dio unas palmaditas en la espalda mientras le invitaba a pasar a casa, por dentro la casa de los Simmons estaba decorada de manera preciosa, Amanda amaba las flores y los colores pasteles por lo que allí dentro dominaba el aura femenina de la mujer de la casa. —¿A que te dedicas Reece? —Preguntó Rick mientras le ofrecía un vaso de jugo, esta era la primera prueba que tendría que enfrentar para poder hacer la mentira creíble, con toda la confianza le respondió. —Soy piloto, piloto aviador—Dijo haciendo que el padre de Lask se sintiera complacido, tenia entendido que los pilotos eran personas con una profesión de elite y además con un buen ingreso monetario, esto último no era algo que le preocupara pues si hija parecía ser más que capaz en ese aspecto y aunque hubiera traído a alguien de construcción el dinero nunca pondría en duda su relación, Lask era autosuficiente. —Con que el trabajo de las alturas ¿Eh? —Rick no ocultó su satisfacción, tanto madre como hija estaban en la cocina preparando para la cena, después bajarían las maletas y por último Reece se llevaría el auto y se hospedaría en su hotel, Mientras ambas mujeres estaban en la cocina Amanda comenzó a interrogar a su hija. —¿Eso es acento americano? Lask comenzó a colocar arroz en el plato para el estofado que su madre había preparado. —Si, Reece es de New York. —¿Dónde has sacado a un americano? —Inquirió su madre. —De Sídney—Mintió—Lo conocí en una reunión de colegas, amigos mutuos. —Es sumamente lindo, cuídalo, aquí hay muchas mujeres que pueden robártelo—Bromeó su madre haciéndola sonreír—Le preparare una habitación. > —Pensó la chica con visible sorpresa, lamentaba no haberse adelantado a su madre y conseguir tiempo para persuadirla, hacerlo ahora era demasiado tarde. Cuando intentaba decir que el Reece tenia un hotel ella alego que era completamente mal educado mandarlo a un hotel habiendo una habitación libre en la casa. —Te quedaras con nosotros—Comunicó su madre cuando estaban colocando los platos sobre el comedor de caoba. Reece hizo una mueca de sorpresa y dirigió los ojos a Alaska quien sonrió dándole su aprobación, no pensaba ponerse a discutir con su madre, no ahora. —Tengo una reservación—Informó intentando persuadirla a irse. —No hay discusión. ¿Verdad Rick? —Su esposa busco su apoyo y el padre de la familia Simmons enseguida le dio su apoyo, el hombre no parecía ser malo, lo único que podría jugar en su contra era que había nacido en América pero sin duda eso se solucionaría cuando se casara con Lask, seria australiano, o eso era lo que la cabeza de Rick maquilaba, tenia una hija de casi treinta y uno soltera sin ni un solo prospecto, el se había casado a los veinticinco, lo único que deseaba era que su hija sentara cabeza de una vez por todas y fuera feliz.    —Claro, quédate con nosotros, es la primera que nos visitas y seria apropiado que nos conociéramos mejor, eso si—Recalcó—Nada de visitar el cuarto de mi hija a altas horas de la noche, eso sí que está completamente prohibido—Con un tono enfadado muy falsamente elaborado lanzo esa amenaza, mientras que sus dos dedos índice y medio iban a pasar a sus ojos para después señalar a Reece. > Eso era lo que Rick Simmons le dijo con la mirada y el americano asintió, claro que no lo haría, se sentía divertido al notar la vergüenza que tenía Alaska cuando lo miraba, en solo una hora ya habían hecho comentarios de niños y además de que compartían cama, a pesar de que para ella pudo haber sido vergonzoso lo único que él podía pensar era que eran padres atentos y visiblemente emocionados por que su hija hubiera sentado cabeza en lo amoroso, así se habían sentidos sus padres con Camille aunque fue su novia desde siempre, que malas jugadas daba la vida cuando se ponía cruel con algunas personas. —¿De que trabajan tus padres Reece? —Aquellas eran las preguntas de rutina que todo padre hacia siempre intentando hacer una tarjeta de información del hombre con el que su hija o hijo tenía una relación. Reece termino de masticar un trozo de carne del delicioso estofado que le habían servido y comenzó a narrar las partes importantes de la familia Hughes. —Mis padres doctores, ambos trabajan en New York y son socios de una cadena importante de hospitales, mi hermano Roger es comandante del ejército norteamericano y mi hermana Tiernan es modelo en los Angeles—Los rostros de los padres de Alaska levantaron las cejas visiblemente sorprendidos por la calidad de familia que eran los Hughes, correctamente eran personas con mucho dinero como solo sus profesiones podían denotar, eran parte de la elite adinerada de New York, incluso el propio Reece tenia en sus cuentas una buena dosis de ceros gracias a la influencia de su familia eso, aunado a la herencia que Trenton Hughes le dejaría cuando tocara el momento de hacer el testamento pues era el mayor de sus hijos y con el que sentía más apego emocional.
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