Observando su rostro de desconcierto, y como apretaba los labios, conteniendo su propio cuerpo, me tocó la mejilla, pegando su rostro al mío. — Ah… —soltó un largo aliento apretando los ojos—. En verdad estoy muriendo por hacerte mía ahora, mi cuerpo quema y sólo necesita el tuyo para apaciguarlo, pero si no te sientes cómoda lo comprenderé. Él me miraba con súplica, parecía que quedarse así le dolía, y su erección presionando contra mi estómago me lo decía. Lo cierto era que nunca había hecho tal cosa estando en mis días, aunque eso parecía no importarle, lo único que él esperaba fue mi respuesta. Entonces, recordé algo que una vez escuché cuando estaba en los pasillos de la universidad. Fue hace años, cuando estaba a la mitad, estaba esperando a Harry para irnos a comer, cuando uno

