Primer encuentro...

1159 Palabras
-No puedo creer que esté corriendo tan tarde-, se queja Fausto para sí mismo, son casi las ocho de la mañana, últimamente sus días han sido tan ajetreados que no ha podido salir a correr a las seis de la mañana como a él le gusta. Sin embargo, su mal humor se disipa instantáneamente al observar a una joven mujer que viene trotando en su dirección, inmediatamente traga fuerte de la impresión, pues se siente cautivado por esa chica, su piel clara pero ligeramente bronceada por el sol, su cabello largo y espeso color castaño; se siente realmente atraído por esa imagen, tanto que se detiene un segundo para respirar sin apartar la mirada de esas piernas gruesas y torneadas, al mismo tiempo que recorre con sus ojos la esbelta figura que cada vez está más cerca de él, su pequeño short deportivo baila al compas de sus piernas, así como la playera holgada que deja ver un sostén deportivo sujetándome firmemente un busto perfecto ante sus ojos. Fausto tiene que fingir estar cansado, para poder detenerse y observar detenidamente a esta mujer, está tan cerca que al ver sus ojos azules, se siente todavía más hipnotizado y no se esfuerza por disimular su mirada. -Que tipo tan atractivo-, piensa Amanda mientras ve a un corredor detenerse para descansar y tomar aire, discretamente, Amanda observa el torso bien definido de ese apuesto joven, esta tan distraída admirando el cuerpo de ese hombre, que no se da cuenta que esta recibiendo la misma atención de su parte, cuando están lo suficientemente cerca, sus miradas se cruzan y Amanda queda cautivada por el color gris de esos ojos, que acompañan un rostro firme pero con rasgos delicados, lo cual hace una combinación digna de robar la atención de Amanda. Amanda no deja de trotar y después de pasar junto al joven, no puede evitar voltear la vista hacia atrás y darse cuenta que él también la está observando, ambos sonríen y continúan su camino en sentido contrario. Fausto inmediatamente se arrepiente de no haber entablado conversación con Amanda, no es común que él deje de reaccionar, cuando alguien le atrae, simplemente se acerca y normalmente consigue su objetivo, pasar la noche con esa persona y no volverla a ver. Por su parte, Amanda se siente extraña, normalmente no se percata de los hombres que la observan detenidamente, pero esta vez si pone atención en ese joven, y además, le ha gustado haber llamado su atención, se sintió atractiva y eso levanto bastante su autoestima, deseó que ese encuentro no fuera tan casual y efímero. -Sí tan solo fuese un poco más como Lola-. Se dijo así misma,-Lola no habría dudado en hablarle-. Se regaño por no ser más decidida y espontanea. -Amanda, que bueno que llegas, no entiendo como vos tenés fuerza para salir a correr después de habernos desvelado tanto-.Comenta Marcela con asombro. -Por habernos desvelado se me hizo tarde, disfruto tanto de salir y correr al aire libre, además, el estar en esta ciudad me ofrece nuevos lugares para ver y hacer mi rutina más atractiva-. Contesta Amanda recortando al atlético joven. -Como digas, yo me siento muy cansada todavía-,contesta Marcela con un bostezo-. Bueno, cámbiate, iremos a la playa, debemos estrenar esos lindos bañadores. -Perfecto, bajaré en un momento. -Éste club de playa es perfecto, podemos descansar en los camastros mientras disfrutamos de la hermosa vista-. Lola aun se siente cansada, por lo que le resulta atractivo pasar el día en un camastro, tomando bebidas refrescantes. -Cuanta razón tenés, creo que podría acostumbrarme a esta vida, pero mañana debemos ir a la zona arqueológica-. Marce les recuerda a sus amigas. -Por hoy disfrutemos nuestro día-.Propone Amanda levantando su piña colada y se dispone a contarles sobre el atractivo hombre que vio cuando corría. Después de que sus amigas la regañaran por no haberse detenido a hablar con él, Amanda se acerca a la barra para pedir otra bebida, cuando un tipo se para repentinamente de su silla y con su espalda golpea el brazo de Amanda, provocando que ésta derramara su fría bebida sobre su pecho, haciéndola soltar un grito ahogado al sentir el frio sobre su piel expuesta. Carlos se disculpa rápidamente, muy apenado por la situación-, Disculpa, no me di cuenta que había alguien detrás de mí, déjame pedir otra...-Disculpa a mi amigo-, interrumpe Fausto sin dejar que Carlos se ofrezca a pedir otra bebida para la chica- no ha sido toda su culpa, yo le pedí un favor y por eso él se puso de pie, yo debí esperar a que tu pasaras para pedirle algo, permíteme reponer tu bebida. Amanda estaba sorprendida, le parecía irreal encontrarse con el tipo del cual estaba hablando hace unos instantes con Lola y Marcela, estaba tan asombrada que tardó en dar una respuesta y titubeo un poco al hablar-.No te preocupes, no es necesario-. se arrepintió inmediatamente de que esas palabras salieran de su boca, no entendía porque había rechazado la oportunidad y a decir verdad, Fausto estaba un poco confundido, no estaba acostumbrado al rechazo. Por tal razón, ambos se quedaron en silencio un instante, él cual fue tan incomodo que parecía una eternidad, hasta que Fausto por fin habló.-Insisto, te invitaré algo de tomar-.Dijo esto y enseguida tomó la mano de Amanda para dirigirla a la barra, ella estaba en completo silencio, sentir el contacto de Fausto le provocó una reacción extraña, pero para nada incomoda. -Mi nombre es Fausto Peña -Amanda, mi nombre es Amanda-. Fue todo lo que ella consiguió decir, estaba realmente nerviosa y ahora se sentía avergonzada. Pero eso a Fausto le provocó algo diferente, le encantó verla nerviosa, era un contraste fascinante, su apariencia seductora y confiada contra su timidez, le pareció una mujer muy interesante, ver que no se esforzaba por ser sexy, solo era algo que tenia por naturaleza. -Disculpa, debo buscar a mis amigas-, Amanda no sabia que le pasaba, su boca decía palabras que no quería. -Amanda, ¿tan pronto te olvidaste del corredor? -, comenta Lola pícaramente mientras se acerca a su amiga, los ojos de Amanda se abren de sorpresa y vergüenza al escuchar las palabras de Lola y se percata de la ceja levantada y la sonrisa de autosuficiencia de Fausto. -Soy Fausto y supongo que también soy el corredor que mencionas-. La confianza con la que habla deja a Lola asombrada y enseguida se percata del error que ha cometido, pues ella nunca imaginó que este tipo seria el mismo del que les habló Amanda. -Amiga, tu papá te ha estado marcando, vine a darte tu celular-. Comenta mientras le da el móvil a Amanda, la cual aprovecha para escabullirse de tan bochornoso momento. -Gracias, me adelanto a la casa, necesito un lugar en silencio para hablar con mi papá-. Dice esto y sale casi corriendo del club, Lola siente que ha arruinado la oportunidad de su amiga, pero buscará enmendar su intromisión.
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