POV Edgar
Le mando un mensaje a Natalia para verla. No me atrevo a buscarla en su casa porque no quiero meterla en problemas con su familia. No es porque le tenga miedo a Iván, ni siquiera es caso. Al contrario, quiero partirle la cara. Si aún no me atrevo a acercarme, es por sus papás.
Yo soy consciente que ni de broma van a darme permiso para estar con ella, y tampoco es que se los vaya a pedir, ella ya sabe lo que hace.
Escucho a Ricardo gritar mi nombre y salgo a la calle. Pero cuando llego a la puerta, alcanzo a verla sentada afuera de su casa, con el puto de Abel.
Parecen bien entretenidos en lo que sea que estén hablando, porque ella me ve, pero no pasa mucho y regresa su atención al pendejo ese.
―Deja de mirarlos así. ―dice Ricardo, pero no puedo dejar de hacerlo.
―No sé qué voy a hacer para no partirle su madre al puto de Abel e Iván. Me cuesta mucho mantenerme al margen ―confieso enojado.
―¿Y cómo por qué?
―Pues ese pendejo lo hace a propósito. Míralo ―Señalo con un ligero gesto en la barbilla en dirección a ellos.
―No jodas. Ya te dije que él siempre anda pegado a ella. Que no te sorprenda verlos juntos, son como uña y mugre.
―Natalia y yo éramos uña y mugre.
―Ya sé, hermano. Me refiero a que, ahora menos se le va a despegar. Por cierto, ¿cómo les fue anoche?
―¿Uhm? ―Me hago el desentendido.
―No te hagas pendejo. Anoche se quedó contigo, ¿le dijiste? ―Dejo escapar un suspiro nada mas de acordarme.
―No. No tuve un momento adecuado para decirle.
―Eres muy lento.
―No soy lento. Es que no sé cómo decírselo.
―No busques cómo decírselo. Solamente suéltaselo y ya.
―Si ese pendejo se le despega ahorita, lo haré.
—Eso dices…
―No. Es en serio. Se lo diré ya.
―Hechos, amigo. Quiero ver hechos.
Me codea, y cuando volteo a verlo, me señala con la barbilla en dirección a la virgen.
Es Abel acompañado de Natalia que van pasando por ahí. Ella se detiene y le dice algo, después él la abraza y se va.
―Yo me voy ―anuncia Ricardo al ver que ella se acerca.
―Hola ―saluda con tranquilidad.
―Hola, Natalia ―corresponde Ricardo, pero enseguida se despide―. Perdón, pero me están marcando y tengo que ir a ver algo. No vemos luego.
―Okey ―dice ella un poco atolondrada y se sienta a mi lado sin dejar de ver a Ricardo― ¿Qué le pasa? ¿Está bien?
―Sí, solamente se fue para dejarnos solos.
―¿Ah sí? ―pregunta mirándome―. Que considerado. ¿Cómo te fue hoy?
―Bien, todo bien. Está todo tranquilo.
―Ya. Entiendo.
―Oye, quería disculparme contigo por lo de ayer.
―¿Querías o quieres?
―Quiero.
―Okey. No te preocupes. Solamente quiero que sepas que, no acepto que decidan de esa manera por mí. Podrías meterme en más problemas.
―No comprendo del todo, pero está bien. Aunque con él no tienes problemas, ¿verdad?
―¿Con Abel? No ―responde tras su pregunta―, la verdad es que no.
―¿Te quedaste ahí con él? Porque ya no te vi salir.
―Sí, me quedé con él. Te lo dije anoche que nos veríamos.
―Entonces, ¿con Abel te puedes quedar si quieres, pero conmigo no?
―No se trata de eso.
―No, seguramente no ―respondo con ironía.
―Mis papás tienen a Abel en una estima muy alta, Edgar. Así que… Si saben que estoy con él, no dicen nada porque le tienen mucha confianza. Se lleva bien con los gemelos y…
―¿Sabes, Natalia? ―interrumpo.
―¿Uhm?
―Me gustas mucho y no puedo seguir haciendo que no pasó nada en la discoteca. Te besé porque realmente quería hacerlo y lamento si pensé que el alcohol estaba influyendo. La verdad es que me has gustado siempre, desde que éramos unos niños. Si nunca lo dije fue porque siempre tuve la idea de que me querías solamente como un amigo, pero con ese beso que nos dimos, me confirmaste otra cosa y por eso estoy diciéndotelo ahora. Porque entre más pienso en decírtelo, más se complica y siempre hay alguien que nos interrumpe. No soporto ver la cercanía que tienes con Abel, aunque sé que yo fui quien lo echó a perder y el que prácticamente te empujó a estar con él estos años. Pero estoy de regreso, y te estoy diciendo lo que siento. Me dan celos cuando te veo con él y cuando veo cómo son de cercanos. Es decir, todo eso es lo que tenías conmigo y lo voy a recuperar. ¿Quieres ser mi novia?
―Wow… Tal vez si respiras y vamos por partes podamos entendernos como mínimo ―dice como procesando todo y sin mirarme.
―Nat…
―Edgar, yo… eso fue un boom… Demasiado para procesar.
―¿Por qué demasiado para procesar? No entiendo. Querías saber si tú me gustas, por eso me lo preguntaste en la discoteca.
―A ver, ese beso en Tornado… ¿no fue por lastima?
―No. Para nada fue por lastima. En verdad quería hacerlo y cuando dije que no quería mal entendidos, me refería a que no quería que pensaras que me aprovechaba de ti. Yo quería decirte esto mientras no tuvieras una sola gota de alcohol en tu organismo. Al menos yo, prefiero ser consciente y disfrutarlo.
―Me has dejado aturdida ―confiesa.
―¿No vas a responderme?
―Creo que… Edgar, necesito pensarlo. Disculpa ―dice sin mirarme y se levanta para caminar en dirección a su casa.
Saco el celular para abrir el w******p. Veo la conversación con Natalia, y abro su foto de perfil. Me quedo observándola unos minutos, cuando siento que alguien camina hacia donde estoy. Esperanzado de que sea Nat nuevamente, levanto la vista pero no es ella, es el puto de Abel.
―Yo sé lo que intentas y no te va a funcionar. Déjala tranquila. Mi Chaparra no necesita más conflictos en su vida.
Mi Chaparra… nada mas de oírlo se me revuelven las putas tripas.
―Solamente te aviso, que yo fui el que estuvo con ella cuando casi se muere. Fui el que puso el hombro para que ella llorara por un pendejo al que le valía un carajo lo que ella sintiera.
―No es algo que yo deba arreglar o aclarar contigo.
―Sí, ya se. Solo espero que ella no haya tomado una decisión equivocada. Y no por ti. Por ella. Siempre tan ingenua queriendo ver lo bueno en las personas. Solo te advierto, cabrón. Si tú le haces algo, y ella viene conmigo, olvídate de recuperarla. La conozco muy bien, y podrá dar segundas, pero no terceras oportunidades.
―¿Qué mierda voy a hacerle?
―Tú sabrás. Pero no vine aquí a pelear. Solamente te vine a advertir.
―¿Ella te lo pidió?
―No. Ella no me lo pidió.
―Pues yo sí te voy a pedir algo. Los vi hace rato, y no quiero que te le acerques más de lo normal.
―¿Para ti qué es más de lo normal? Porque cuando la toco, no parece que a ella le moleste ―Tenso la mandíbula apretando los dientes, aguantándome las ganas de meterle un golpe―. Es mi amiga, y siempre voy a estar con ella. No puedes decirme que hacer y qué no.
―Lo que sea que intentes, no te va a funcionar. Le acabo de pedir que sea mi novia, ¿y qué crees?
―Hasta que ella no me lo diga, no creeré nada ―dice molesto y se da la media vuelta para irse.
Ella dirá que sí. Lo sé.