POV Abel
Al llegar a la casa de la Chaparra, me abre Iván.
―Hey, ¿Y la Chaparra? ―pregunto, y él se encoge de hombros.
―Ni idea. Desde que ese cabrón regresó, se la pasa en la calle más de lo normal.
―¿Te vas a quedar? ―pregunta Luis como si lo presintiera o algo.
―Sí. Vamos a jugar un rato. ¿Se unen o qué? ―invito consciente de que no van a aceptar.
―Paso ―responde Luis.
―Mañana tengo cosas qué hacer ―dice Iván.
Los tres volteamos en dirección a la puerta en cuanto escuchamos que abre. Es la Chaparra.
―¿Tiene mucho que llegaste? ―pregunta con actitud evasiva pero hacia sus hermanos.
―Media hora, mas o menos. ¿Se arregló todo? ―Asiente haciéndome una señal con la cabeza para que la siga a su habitación.
Al entrar, ella se sienta sobre la cama dejando escapar un suspiro.
―¿Cómo salió todo? ―pregunto esperando saber qué pasó realmente con el pendejo de Edgar.
―Supongo que bien. ¿Qué quieres hacer? ―inquiere recostándose a lo ancho de la cama haciendo que su cabeza quede en la orilla y me recuesto de la misma forma.
―Podemos subir con el telescopio ―propongo. A ella le encantaba subirse a la azotea para ver las estrellas, y con eso supe qué cosa debía regalarle en uno de sus cumpleaños.
―Parece buena idea. Pero sin malvaviscos asados ―menciona arrugando la nariz. Nunca le han gustado.
―Con pizza ―sugiero.
―Ya te tardaste en pedirla ―Sonrío y enseguida tomo mi celular para hacer la orden.
―Ya está. Subimos el telescopio y vamos por la pizza al museo ―Ambos nos levantamos y sacamos la caja de debajo de la cama donde lo guarda.
Yo subo a la azotea para dejarlo listo, y una vez que bajo la encuentro en pijama; su favorita por cierto, tiene pequeñas caritas de cerditos en su pantalón de franela y unas pantuflas igual.
―Hace tiempo que no hacíamos pijamada, Chaparra ―menciono cuando caminamos a la calle.
―No es problema. Vamos a tu casa por tu pijama, te la pones y regresamos a la mía. Si la pizza se enfría es tu culpa.
―¿Y por qué mía?
―Porque debiste traerla puesta.
―Sindo franco, pensé que me ibas a cancelar ―confieso pensando que, con el hype que trae por el pendejo ese, se iba a olvidar de mí.
―Ay… claro que no. ¿Por qué iba a hacerlo?
―Porque estabas con tu amigo recién llegado.
―No empieces. Si yo te doy mi palabra para hacer algo, sabes muy bien que la cumplo y listo, ya está ―Sonrío al escucharla. Al menos me deja tranquilo con esa parte. Solamente debo hacer más planes con ella y ya está―. Solamente por eso, usaremos mascarillas.
―¿Es en serio, Chaparra? ―pregunto con aflicción.
Y es que con ella he hecho cosas inimaginables. La mascarilla de aguacate en la cara es una de ellas, y hay fotografías como prueba. Nos hemos tomado fotos instantáneas haciendo caras graciosas en los kioskos. A ella le encanta que hagamos eso, tiene una obsesión con capturar cada momento. Y pues no es algo que le niegue, yo incluso le he tomado fotos cuando toma los instrumentos que tengo en mi habitación; le gusta jugar con ellos.
Yo sé que en el fondo le importo y no pierdo la fe en creer que ella siente lo mismo por mí. Una vez encontré entre tantas fotos que tomó con mi celular, una mía mientras dormía y enseguida despertando. Se las envió a sí misma desde mi número.
―Sí, le hace falta un poco de brillo a tu cara pálida ―bromea sujetando con sus manos mis mejillas sin dejar de caminar que, casi nos caemos, pero lo logramos evitar a punta de carcajadas.
―Preferiría que no pero no te puedo contradecir, aunque después lo vas a pagar.
―¿Cómo? ―inquiere con esa expresión que pone cuando se sale con la suya.
―Ah… ya lo verás cuando terminemos la pizza.
―Si tú dices.
En menos de media hora, la pizza llega. El repartidor se acerca dudoso, pero en cuanto saco el dinero para pagar, el chico cambia de expresión.
Ambos volvemos, pero con dirección a mi casa para ir por mi pijama. Antes de llegar, nos percatamos de que Edgar está afuera de la casa de Ricardo. Ambos están sentados en la acera platicando.
Ellos nos miran y veo que mi Chaparra solamente levanta un poco la mano a modo de saludo, y ambos entramos a la casa.
En cuanto entramos a la habitación, enciendo la luz buscando el pijama entre un montón de ropa que hay sobre la cama.
―¿No está tu mamá? ―pregunta ella al escuchar mucho silencio.
―Nop. Doble turno, ya sabes.
―¿No prefieres que nos quedemos aquí? ―inquiere dejando la pizza sobre la cama para acercarse a la batería que tengo en el rincón de la habitación.
―No sé, Chaparra. Lo que tú quieras ―digo quitándome la camisa.
Me acerco a la ventana para abrir la cortina y sin demorarme mucho, dejo escapar una leve sonrisa al ver que el pendejo de Edgar sigue enfrente con Ricardo sin dejar de mirar hacia mi casa; para ser más preciso, hacia mi ventana.
―Aquí podemos hacer escandalo y nadie dice nada. En mi casa probablemente Iván nos irá a sermonear que no lo dejamos dormir.
―Si quieres le hablo a Luis para que guarde el telescopio, y le digo que aquí nos vamos a quedar.
―Sí, mejor ―Tomo la parte superior del pijama para colocármela y le llamo a Luis.
Mi Chaparra agarra las baquetas y empieza a golpear no muy fuerte los toms y después uno de los platillos. Sonrío al ver que hace un intento de girar la baqueta entre sus dedos, pero termina lanzándomela por accidente.
Se levanta a buscarla y en eso me contesta Luis.
―¿Qué pasó?
―Oye, ¿puedes hacerme un favor?
―Ya sabes que sí, ¿qué necesitas?
―¿Podrías bajar el telescopio de la Chaparra? Lo dejamos en la azotea. Vinimos a mi casa por un pijama, ya la conoces… ¿No hay problema si nos quedamos acá?
―No. Ya sabes que no.
―Ok. Gracias. Mañana paso a dejarla.
―Está bien. Yo le aviso a Iván. Ya no la dejes salir.
Después de colgarle, me siento en la cama.
―¿Tienes aguacate? ―pregunta pero niego con la cabeza.
―Usemos otra cosa. La ultima vez no pude comerlo por casi un mes.
―Que llorón eres. Tengo una mascarilla que compré hace una semana, iría por ella, pero la piza se enfría ―dice abriendo la caja tomando una rebanada para llevarla a su boca.
―Entonces no habrá mascarillas, ¿verdad? ―cuestiono con curiosidad y esperanza de que diga que no.
―Te salvaste por esta vez… ―dejo escapar el aire retenido y tomo una rebanada de pizza.
Pasamos la noche conversando y jugando videojuegos. Cuando el sueño está por vencernos, ambos nos tumbamos en la cama para dormir.