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860 Palabras

Luna se separó de los brazos del hombre y se acomodó el vestido, al mismo tiempo que se maldice a sí misma por ser tan floja y dejarse caer fácilmente en las tentaciones de ese maldito. Pero es que ese idiota derrite a cualquiera, con esa mirada seductora y esos labios tan apetecibles que dan ganas de estar todo el día y la noche prendidos de ellos. La señora Estrella, regresó a la mesa donde se encuentra su hijo y sus nietos a la espera de que les sirvan la comida. Ella va con una sonrisa que se le figura en su rostro y a leguas se le nota su gran felicidad. —¿Qué pasa, mamá? ¿Qué ha pasado por allí para que tú vengas tan sonriente? Owen acaba de colgar una llamada y la observa con confusión y quizá hasta con cierta diversión. —¡Ay hijo, no te imaginas la pena que acabo de pasar!,

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