Capítulo 18

1235 Palabras
La historia que se perdió, seguro que aún la puedes encontrar, lo vi todo cuando anocheció, estaba todo en el mismo lugar. Con mucho cuidado debes buscar, es como una aguja en un pajar, la biblioteca no te lo va mostrar, Si ya decidió que lo iba a ocultar. La mujer nos miró con alegría al saber que habíamos llegado allí, pero Bastian estaba bastante enojado con ella por no habernos dado la información correcta. Él parecía a punto de abalanzarse sobre ella, así que tuve que sostener su manos con fuerza, para indicarle que se calmara. Me sorprendí cuando sus colmillos sobresalieron de su boca, y sus ojos se volvieron de color rojo, el azul desapareció en un instante como aquella otra vez cuando me protegió. La mujer no se asustó, lo veía como si fuera algo normal, tal vez ya se lo esperaba. Yo no comprendía totalmente la situación, cansada por toda la noche y el nuevo día que continuaba sumido en oscuridad, sentí sudor en mi frente y me lo sequé con el otro brazo libre, antes de interponerme entre los dos y buscar respuestas. Ambos me miraron dubitativos, y luego Bastian cambió su postura tras tomar un largo respiro. No le quedaba más remedio que evitar la violencia, porque yo necesitaba respuestas, y no podía obtenerlas de una persona muerta. Aunque en el día de los muertos todo era posible, de eso estaba más que segura. Cuando todo pareció calmarse finalmente, me dirigí a la mujer e hice mis preguntas. —¿Quién eres realmente? —hice la primera pregunta. —Pertenezco a la orden secreta de las brujas, o en pocas palabras la O.S.B. —explicó —, mi misión desde hace muchos años ha sido terminar con la guerra y acabar con el origen de ella —continuó con la explicación. —Pero, la guerra terminó ya hace mucho —dije sorprendida. —No, nunca ha terminado, aún hay lugares donde se sigue peleando, las brujas son asesinadas a diestra y siniestra, los vampiros no se han detenido en su venganza, les demás seres mágicos se continúan ocultando en los rincones más recónditos del mundo para no verse involucrados, y los humanos se han juntado en el peor lugar posible, dando pie a una cacería siniestra, en la que sin saber están siendo criados como cerdos para el matadero —explicó con cuidado. —¿Cuál es el origen exacto de esta guerra de la que hablas? —Ya hablamos de eso —me dijo, pero mi mente no lograba recordarlo, aunque recordaba que era cierto, ella nos había hablado de la guerra de los siete reyes, ella… —Niña… —Bastian se acercó a mi preocupado, la nariz me estaba sangrando y un fuerte temblor tomó mi cuerpo. No pude controlar ninguno de mis movimientos, solamente podía mirara a la distancia, como si no hiciera parte de aquella escena y todo se desarrollara lentamente frente a mi. La mujer se acercó de inmediato y revisó mis brazos que no dejaban de brillar, los miró con mucha atención y luego dio un vistazo a Bianca.  —Está marcada —concluyó la guardiana de la biblioteca. Sacudió su mano y una bara de madera apareció, la sujetos y la pasó por mis brazos lentamente. —¿Qué está haciendo? —preguntó Bastian preocupado. —Liberata —dijo la mujer y se llevó aquellas palabras escritas en mis brazos con la punta de la barita de madera, como si arrastrara la tinta mágica fuera de mi piel. Las palabras se retorcieron, intentaban resistirse y aferrarse a mi; pero les fue imposible. Cuando la última letra se despegó de mi piel, caí en un profundo sueño, que me llevó a un lugar inesperado. Toqué la falda esponjosa de mi vestido y la moví un poco para acomodarla mejor, me revisé en el espejo y me vi el cuerpo entero con el vestido de princesa, como me gustaba llamarlo. Me sentía hermosa con aquella ropa, pero sentía que algo faltaba, me toqué el pecho y respiré profundamente, entonces noté que no tenía mi collar. Me dirigí al armario y busqué la joya que tanto deseaba tener, era mi amuleto de la suerte, me lo había regalado mi padre en mi cumpleaños número trece, era un símbolo familiar. —Luces hermosa —dijo alguien y me volví para descubrir a Bastian en la puerta de mi habitación. —¿Qué hace aquí? —pregunté preocupada, no era bien visto que un hombre entrara en la habitación de una señorita soltera .— No debería estar aquí, alguien podría vernos y... —Nadie va a vernos, a menos que sueñes con eso —dijo él, y se acercó para entregarme una rosa —, tienes sueños llenos de muchos detalles —comentó tocando el tocador, luego el dosel de la cama —, parece demasiado real —dijo sorprendido. —¿De qué estás hablando? —no entendía a qué se refería. —¿Qué hay en el balcón? —preguntó y se acercó allí rápidamente, no pude detenerlo de abrir las puertas. Lo vi sorprendido cuando vio la calle antigua de un reino cuyo nombre no logré recordar, con la sensación de que ya ni siquiera existía —. ¿De dónde conoces este lugar? —me preguntó. —Yo vivo aquí —le dije. —No, toda esta calle… Hubo un horrible incendio en este lugar, comenzó en una casa y luego se extendió destruyendo cada casa alrededor, la mitad de la ciudad quedó destruida —explicó. —No —negué y él se acercó a mi. —¿Cuál es tu nombre, niña? ¿Recuerdas cuál es tu verdadero nombre? —insistió en ello y mis labios se abrieron lentamente para decirle. —Kat… Desperté sintiéndome desorientada, estaba sobre un largo diván con mis piernas extendidas a lo largo, mi cabeza estaba apoyada sobre una cómoda almohada y mis manos caían hacia el suelo. Lo primero que vi al abrir mis ojos fueron los dos iris azules de Bastian, noté que tenía manchas rojas en sus ojos o incluso líneas. —Bastian, eres un vampiro —dije de repente y él sonrió. —Soy un vampiro bastante guapo, ¿no crees? —comentó. —Más bien egocéntrico —añadí y él frunció el ceño —. Guapo, pero egocéntrico. —Pues… —se quedó pensando en lo que dije mientras estaba a punto de darme una respuesta, entonces miró a otro lado para terminar la conversación —, lo importante es que ya despertaste, ¿te sientes mejor? —¿Qué me pasó? —pregunté. —Te desmayaste, pero ya estás bien —fue la única explicación que me dio. Luego me dio un vaso de agua para que me reincorporara. —Todos están preocupados por ti —me informó. Cuando terminé de tomar agua, me llevó hacia el centro de la biblioteca donde las hadas me recibieron alegres, la guardiana me miró de reojo y la bruja cuyo nombre no recordaba realmente se acercó a mí con expresión preocupada. Les dije a todos que ya me sentía mucho mejor y ellos se alegraron, luego me dijeron que estaban aprovechando su estadía en la biblioteca para realizar algunas investigaciones. Decidí unirme y le pedí a Bastian que también lo hiciera, aunque no estaba muy contento al respecto.
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