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2131 Palabras
—¡Desgraciado! — se quejó Kang golpeando el escritorio. —El orden a veces puede ser muy flojo respecto a sus peticiones, ¿no lo creen? — Señaló Coleman. Kang apretó los dientes, cerró los ojos y respiró profundo. Él no era tan temperamental, no entendía qué le sucedía últimamente. —¿Por qué lo dices? — inquirió el sargento Garren — ¿Qué has notado? —Bueno, lo único con lo que nos han estado amenazando es con la guerra definitiva y ahora con que nos rindamos ante lo que quieren que es nos limitemos a un solo continente y nos daran a Darat — respondió un poco temeroso —. No lo sé, pero me parece algo muy cliché de su parte, o no sé si estoy fuera de lugar creyendo que… —No, no estás fueras de lugar — señaló Kang —. Tienes un punto. Es decir, estamos hablando del Orden Mundial que ha gobernado durante siglos, le hemos golpeado durante solo un par, ahora es que hemos nivelado el campo de batalla, pero aun así, no están demandando más que algo tan general y obvio como nuestra rendición. —Es que eso es lo único que pueden querer de nosotros — añadió la capitana Dévora alzando los hombros —, no tenemos más nada que ellos quieran. Somos un frente fuerte ante ellos ahora, no pueden atacarnos así sin más. —¿Y por qué no? — preguntó el Sargento Garren de manera natural. Eso la había tomado por sorpresa. —No lo sé, porque saben que estamos preparados, tenemos personas aquí, por más que tengan un retorcido sentido de cuidado del planeta, les importan las personas, además seguir con una guerra activa significaría un impacto ambiental notorio. —No, eso no es — negó de forma pensativa —. Es decir, pueden ser puntos colaterales, pero no es la verdadera razón. Kang analizó los diferentes puntos. —Si lo ven de esta manera — habló el capitán John, el cual destilaba sabiduría probablemente por ser el de mayor edad entre ellos —, ¿qué implica un mayor peligro para ellos en este momento? ¿Una contaminación ambiental que puede tener impacto, pero que fácilmente, de la manera en la que ellos controlan todo lo demás, pueden remediar? ¿o nosotros formando una resistencia y destruyendo su sistema? Porque considerando eso, no creo que tampoco les importen demasiado unas cuantas vidas humanas perdidas, si recuerdan también que mantienen a las personas presas en sus propias mentes solo para que no alteren su estilo de vida. La mirada de Kang se encontró con la del Sargento Garren, ambos se habían dado cuenta de que habían caído en el punto demasiado tarde. —No están siendo diplomáticos — declaró Kang. —Están ganando tiempo para atacarnos de una manera que no veremos venir — concluyó el sargento Garren. Todos se quedaron en silencio, tenía sentido y no habían sido capaces de notarlo o pensar en ello hasta ese momento. Kang analizó todos los puntos. —¿Lo ves? Por esta razón llegué a ser capitán — le replicó con orgullo el capitán Coleman a la capitana Dévora. Esta giró los ojos mientras negaba con la cabeza, para luego decir: —Entonces todo este asunto de la combatiente Darat, que ellos la utilicen como rehén y todo lo demás, es solo una distracción. —Lo es — afirmó Kang pasando una mano por su cabeza con frustración —. Les dí una carta para jugar en nuestra contra. —No, está bien — consoló el capitán John dando un paso en su dirección —, esto puede ser beneficioso para nosotros. —¿Podría? —Sí — le respondió al capitán Coleman —. Según lo veo, nos están considerando solo un grupo de niños, están jugando con nosotros, nos están dejando creer que tenemos control, cuando están organizando un golpe para liquidarnos en un segundo. —Como un gato que juega con su presa — comprendió el capitán Coleman para luego hacer una mueca de sorpresa exagerada—, oh, los del orden son increíbles. —Coleman — le miró la capitana Dévora con una mueca. —Lo siento — alzó las manos culpable. —Tienes razón — señaló el sargento Garren. —¿Yo? — preguntó el capitán Coleman. —No, el capitán John — aclaró —. Darat puede ser nuestra pared de humo, podemos dejar que crean que juegan con nosotros, que intentamos solo contrarrestar sus ataques, podemos seguirles la corriente. —Porque se olvidan que no somos solo nosotros cinco detrás de todo esto — continuó el capitán Kang —, no creo que no sospechen o sepan que somos más que solo nosotros, pero parece que nos están subestimando. —Esa es nuestra mejor ofensiva — señaló el Sargento Garren con orgullo y con una expresión animada —. Debemos acelerar nuestro plan mientras intentamos hacerles creer que estamos concentrados solo en la combatiente Darat y en suministros médicos o tecnología. Planificaremos varias ofertas para ganar tiempo. —Tranquilo, Capitán Kang — el capitán John colocó una mano sobre su hombro —, no solo la traeremos de regreso, sino que ganaremos la guerra. Kang asintió y trató de sonreír. —Sí, capitán John. —Entonces, armamemos equipos — indicó el Sargento Garren —, capitán John y capitán Kang, enfóquense en todo lo referente a la combatiente Darat. Capitán Coleman y capitana Dévora, céntrense en acelerar el entrenamiento de los nuevos combatientes. —Sí, señor — respondieron al unísino. —No hay tiempo que perder, pero ahora vayan a descansar, sobretodo tú, Capitán Kang, estoy seguro que tienes días sin dormir. —No, yo estoy bien, no tiene que… —Capitán John, por favor acompañe al capitán Kang a su dormitorio y no le deje salir — ordenó el sargento Garren —, tiene permiso de noquearlo si es necesario. —Sargento… —No es cuestionable, capitán Kang — dijo firme —, si quieres ser capaz de traer a Darat necesitas tener una mente clara, ¿no lo ves? Ese mismo cansancio es lo que te tiene tan explosivo. Quiso replicar, pero entre que comprendió que tenía razón y que no debía ir en contra de su orden, no tuvo argumentos para hacerlo de forma válida. —Sí, señor, está bien — respondió acatando la orden. —Mañana idearemos una nueva estrategia, confío en ti — le dio una palmada a su hombro —, recuerda, piensa en lo que eres, no en lo que tienes. —Gracias, señor. —Acompáñelo, capitán John— insistió el Sargento Garren —. Iré a pasar la información sobre la reunión. Buenas noches. —Restauración — respondieron haciéndo su respectivo gesto. Así el capitán John caminó a su lado al salir de la sala. —Debes intentar descansar, muchacho — sugirió él mientras avanzaban por el pasillo. Kang tomó una respiración profunda y luego exhaló pesadamente. —Se ha vuelto muy difícil y empeora cada día. —¿La extrañas tanto así? Alzó la comisura de sus labios en una muy pequeña sonrisa. —Esa palabra no es suficiente para explicarlo — respondió con una presión en el pecho —. No puedo pensar en nada más cuando no sé nada de ella, es una sensación que no me gusta tener, pero solo puedo aliviarlo cuando consigo tenerla cerca. —Suena como si no es la primera vez que sucede. El aire frío de la noche golpeó su rostro como si no quisiera darle tregua a su incomodidad. —No — respondió Kang —, ya me ha pasado antes, claro, esta vez es más intenso debido a las circunstancias — quizás no debía estar hablando al respecto, pero sentía cierto consuelo al hablarle sobre ella a alguien más —, pero la primera vez, fue cuando ella estaba en su proceso de desintoxicación y rehabilitación, esa vez fue como una ligera incomodidad por saber que ella sufría, en ese tiempo no había como… — pensó buscando la palaba —… ¿aceptado? Lo que ella significaba para mí, a pesar de que lo sabía. Otra de las veces fue cuando tuve una misión en exteriores, tuve que buscar una información, ¡ah, esa vez fue estresante! — se quejó haciendo una mueca y moviendo la cabeza hacia un lado. —¿Por qué? — el capitán John se escuchó divertido. —¡Porque ella había estado ignorándome por una semana entera! —expuso sintiéndose frustrado de nuevo — Se enojó por un malentendido, porque yo no sabía decirle las cosas directamente, entonces estuvo ignorándome, y no importaba cuándo intetara encontrarla o hablarle, ella sabía perfectamente cómo esconderse. —Sí — rio un poco —, a veces tienen esa característica. —¿Verdad? — miró hacia el camino dejándo salir aire y caer sus brazos a los costados frustrado. Kang abrió la puerta de la casa que compartía con los otros capitanes. —Por eso debes decirles continuamente lo que sientes — el capitán John movió sus manos intentando expresar su punto —. Esenciales o nativas, las mujeres necesitan que les digas constantemente las cosas de forma directa. —Sí — asintió deteniéndose frente a las escaleras mientras abría los ojos grandemente —, entendí muy tarde que eso era importante y la hacía feliz. —No es muy tarde — le dio una palmada en el hombro —, verás que tendrás la oportunidad de remediarlo. Kang sintió el pesar en su pecho de nuevo, miró hacia el suelo y ladeó la cabeza. —Me costó mucho encontrarla cuando me estaba ignorando y eso era agobiante, ni siquiera estoy seguro cómo puede ser así, pero lo era. Entonces, no siendo suficiente eso, surgió la misión y cada día era… — lo pensó un momento, definitivamente las palabras no eran lo suyo —… ni siquiera puedo describirlo, solo no saber absolutamente nada de ella, si estaba bien, si había resultado herida por el entrenamiento, si algo había pasado, sea lo que sea, solo quería estar a su alrededor, tenerla cerca. Tragó el nudo en su garganta y miró de nuevo al capitán John. —Ahora todo eso se ha multiplicado de forma tan incomprensible que no puedo ni quiero dormir. El capitán John lo miró con compresión, asintió varias veces y luego le dijo: —¿Sabes qué? No puedo decirte que intentes descansar, no estás en una posición fácil, es como decirte que no estés triste, no sirve de nada y no estoy seguro de qué pueda decir para consolarte o ayudar a tu situación, pero muchacho, tienes que luchar con todo lo que esté a tu alcance para recuperarla, y eso implica obligarte a dormir. Kang dejó salir una pequeña risa mientras negaba con la cabeza. —Esa es una buena tecnica de convencimiento. —Por eso soy capitán — imitó al capitán Coleman —. Ya, muchacho, sube y descansa. —Gracias, Capitán John. —De nada, te veré mañana para organizarnos. —Está bien. Tras eso, Kang subió las escaleras y se dirigió a su habitación, la verdad es que hacía días que no entraba, a veces se quedaba fuera del departamento o dentro de la sala de información. Dejó salir una respiración pesada, quitó la chaqueta de sus brazos y se sentó en la cama, mirando el cielo a través de la ventana. No le gustaba eso. La tranquilidad, la soledad, las detestaba en ese tiempo porque le permitían pensar y no estaba apto para hacerlo.  Había algo que había dicho el tal Jules, y no podía quitarle la razón, era una de las cosas que había comenzado a atormentarle más cuando la habían encontrado: La mente de Darat se había quebrado. ¿Quedaría algo rescatable en ella? Esperaba que sí, tenía que creer que lo había, él la conocía, Darat no era débil en lo absoluto, ella tenía que resistir más. Pero si le dolía tanto, no quería obligarla a seguir, tal como en varias oportunidades detuvo los entrenamientos al notarla cansada, quería tener el poder de detener todo aquello para ella y decirle que estaba bien, que podía debilitarse un poco si lo necesitaba porque él tenía fuerza para los dos. Subió las piernas a la cama y apoyó los codos de ellas. Recordó los pensamientos que Darat había tenido y que se mostraron en el reporte. Ella también lo extrañaba, y como había dicho Seuneu, era peor para ella porque creía que todo había estado en su mente como si fuera una ilusión. —Darat, por favor, aférrate a algo, encuentra cualquier cosa, cualquier detalle, espera solo un poco más, te prometo que iré hasta ti. 
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