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1250 Palabras
             En la sala de sesiones llegaron a la conclusión que algo estaba tramando hacer el Orden Mundial con los esenciales y con todos los que ellos rescataron de las bases durante los últimos meses antes de la misión de alto riesgo.             Lo peor era que no tenían forma de saber si había algo en las medicinas que habían solicitado para ellos, cuando meses atrás todos se habían estado enfermando.             Por esa razón, Kang no pudo evitar salir lo más rápido que pudo, en busca de la pequeña Seuneu. No podía permitir que nada le sucediese a ella también.             Kang la buscó primero en la casa donde estaba viviendo. Se bajó del vehículo y corrió hacia la puerta para tocarla desesperado.             —Buenas noches — saludó una mujer abriendo la puerta.             —Buenas noches, disculpe la hora —habló rápidamente —, ¿la joven Seuneu está aquí?             —No, lo siento, no ha llegado, debe estar ensayando todavía.             —Está bien, la buscaré entonces, muchas gracias.             —No hay de qué —apenas escuchó porque salió corriendo de nuevo hacia el vehículo.             Una parte de él había supuesto que Seuneu estaba ensayando todavía, pero había querido primero pasar por su casa para descartar, además le quedaba en la vía.             Kang había mantenido cerca a Seuneu, teniendo cuidado con ella porque ese día cuando regresó de la misión de alto riesgo y le contó lo que había pasado, Seuneu se había notado tan herida como él y le había preocupado y conmovido que alguien además de él, recordara y quisiera a Darat.             De esa manera se habían apoyado el uno al otro, a pesar de que la mayoría del tiempo Seuneu quería demostrar que lo detestaba, Kang sabía que no era así.             Llegó al establecimiento utilizado por el departamento de educación y se bajó aun mientras apagaba el vehículo. Corrió, atravesó la puerta y entonces escuchó la melodía.             Hacía unas cuantas semanas Kang no pasaba por allí a escuchar un poco de música, había estado muy ocupado.             No tuvo que buscar demasiado, pronto localizó a Seuneu parada en medio del escenario cumpliendo el rol de vocalista principal.             Su voz era hermosa, poseía una melodía única capaz de actuar como un esperado consuelo.             Kang dejó salir aire contenido y tomó el asiento más cercano, no podía interrumpir su canción o Seuneu le mataría.             Notaba por qué había compaginado tan bien con Darat, las dos eran como una luz en medio de un cuarto oscuro, brillaban con luz propia. No quería perder a nadie más, no iba a dejar que nada le sucediera a la pequeña Seuneu. La llamaba pequeña, pero había crecido mucho durante ese año y medio, se había vuelto notablemente más alta que Darat, no obstante, mantenía su rostro de niña, al menos Kang no dejaría nunca de verla como una.             La canción terminó y Seuneu le notó.             Kang movió una mano colocándose de pie orgulloso de ella, mientras que Seuneu hizo una mueca de cansancio, supo que bromeaba porque luego dejó salir una sonrisa y caminó en su dirección.             —¿Qué haces aquí? — preguntó alcanzándolo — ¿Escuchaste todo?             Cuando ella preguntaba eso, lo que realmente quería era que Kang le dijera cómo lo había hecho.             —Sí, cantaste hermoso — animó —, en lo cabe con una voz tan chillona como la tuya.             —Ya vas a empezar — alzó una mano girando los ojos —. ¿Qué haces aquí? ¿Pasó algo?             Allí regresó su preocupación, la miró de pies a cabeza examinándola.             —Algo así, solo quería saber si estás bien, ¿estás bien?             —Eh... sí, lo estoy. ¿Por qué?             —¿Estás segura? — la miró a los ojos intentando plantear la seriedad de su pregunta.             —Sí, estoy perfectamente, me siento bien. ¿Por qué?             —No es nada por lo que debas preocuparte demasiado —intentó restarle importancia, no era como si ella pudiese hacer algo tampoco —. Pero necesito, como que, realmente necesito, Seuneu, que me mantengas informado de si te sientes mal o extraña, ¿entiendes?             —Ajá — respondió notablemente confundida.             —Cualquier cosa, tienes que informarme, ¿entendido? Si sientes alguna molestia, corre a avisarme.             Seuneu hizo una mueca y actuó como si estuviera pensando.             —Bueno, ahora que lo mencionas así creo que sí siento una molestia.             —¿Qué, qué, qué? ¿Qué es? — la preocupación caló por su pecho, estaba listo para tomarla y llevarla al hospital.             —Ay, ay, ay — se quejó inclinando su cuerpo —, aquí — lo señaló enderezándose —, tú, idiota, eres una molestia.             Kang exhaló pesadamente y llevó una mano a su cabeza.             —No me hagas eso, seuneu, por favor, vas a matarme.             Ella rio de forma divertida. —Me lo he planteado, pero entonces Darat estaría devastada, así que mejor no. Kang no dejó de mirarle con preocupación y parece que al fin Seuneu lo entendió porque colocó las manos sobre sus hombros y dijo: —Ya, sea lo que sea, no te preocupes, Kang, estoy bien, estaré bien, gracias por preocuparte por mí, aunque sé que lo haces por Darat. Al escuchar aquello, Kang sintió incomodidad y le pareció que ella estaba lamentándolo de alguna manera. —No — quiso dejarlo en claro —, me preocupo por ti porque te has vuelto importante para mí. A Kang le dio la impresión de que Seuneu fue tomada por sorpresa porque apartó las manos y lo miró con ojos grandes y llenos de intriga. —¿Es en serio? — preguntó suavemente. —Sí, claro, te he tomado cariño — dijo sincero —. Eres algo así como un gato, repelente y que vive por su propia cuenta — se llevó las manos al corazón —, pero una mascota al fin. Seuneu lo miró con una mueca de fingido desprecio, pero luego sonrió. —Ya vete de aquí, idiota — le dio un leve golpe en el brazo. Kang rio y alzó las manos a modo de rendición. —Claro, te doy tu espacio pequeño gatito — bromeó burlándose. —Si, si, como sea — Seuneu le dio la espalda y movió una mano sobre su cabeza. La observó avanzar unos cuantos pasos, realmente la veía como una hermana menor, una que nunca había tenido, pero siempre querido. Pensó en Darat y en lo que había aprendido con ella y era que, para ellas era importante que se les dijera las cosas directamente. —Seuneu — le llamó antes que se alejara más. —¿Ahora qué, Kang? — preguntó girándose fastidiada. —Sí me preocupo por ti — declaró de forma audible—, sí eres importante para mí, eres familia, ¿está claro? Seuneu asintió y una sonrisa se formó en su rostro. Kang supo que aunque ella quisiera ocultarlo, estaba conmovida y agradecida porque él se lo dijera. —Gracias, Kang. —Recuerda avisarme si te sientes mal — la señaló mientras ella caminaba en reversa. —Sí, señor, ya entendí — se quejó dándole la espalda. —¡Y no regreses tan tarde! —Ya — se giró abriéndole los ojos con insistencia. Kang solo rio y negó con la cabeza. Estaba contento de tener a esa pequeña fastidiosa como un apoyo, que no le había dejado solo y que le había animado en los momentos que más lo necesitaba. Si algo se había determinado, era a no dejar que nada le sucediera.  
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