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2730 Palabras
Probablemente las cosas serían más fáciles si solo se rendía y dejaba de buscar a quien tanto quería, los problemas serían menores, las soluciones serían más fáciles de encontrar, pero el dolor sería inimaginable. Kang ni siquiera podía concebir esa idea. ¿Olvidarse de Darat definitivamente? No lo había hecho cuando no tenía ni una señal de vida de ella y no lo haría ahora que la veía como una pequeña luz en el horizonte. Miró lo más lejos que alcanzó su vista sentado en el techo de la casa, todo estaba oscuro a kilómetros más allá de la ciudad, la cual, por la alta hora de la madrugada estaba levemente iluminada. —¿Cómo estás, Darat?  — preguntó débilmente. Realmente quería escuchar su voz, la extrañaba tanto que si no fuese porque Seuneu también recordaba a Darat, pensaría que ella fue solo una ilusión. Se dejó caer en el techo, recostando su espalda del mismo y pudiendo así mira cómodamente hacia el cielo. Las estrellas iluminaban en un conjunto grande, pero no parecían tan brillantes como la noche que las vio junto a Darat en el hormiguero. Una sonrisa se formó en su rostro al recordar aquella noche. Había terminado muy tarde con su trabajo ese día, estaba agotado, pero sabía que no podría conciliar el sueño tan facilmente, mucho menos cuando Darat le pidió caminar juntos. En aquel momento, sabía que Darat era más importante para él de lo que estaba dispuesto a aceptar, después de todo lo había sabido desde el primer momento que la vio y la impresión que ella causó en él no era como ninguna que haya tenido de alguna otra persona a lo largo de su vida. Pero a pesar de saberlo, fue esa noche que se dio cuenta que se había vuelto adicto a su cercanía. Se dio cuenta de ello por la suma de situaciones que habían tenido lugar ese día. Más temprano la había encontrado entrenando sola y llorando de frustración por no ser tan ágil como ella se había visto a sí misma. Verla así no le había agradado así que se acercó a ella intentando calmarla. No quiso demostrarlo, pero la verdad era que estaba un poco celoso de verla compartiendo con unos chicos del departamento de educación. Sin embargo, ahora que lo pensaba, no había hecho un gran trabajo disimulandolo porque al final le había reclamado igual; ella le aclaró que no era nada de lo que él pensaba así que se tranquilizó. Luego, había tomado su muñeca para ayudarla a aliviar el dolor de un mal golpe que había dado. Nunca se imaginó lo que un simple contacto podría significar; había sujetado su brazo, pero se preguntaba si eso desencadenó una adicción porque no era suficiente y no supo cómo fue capaz de no demostrarlo en ese momento. Vio su rostro herido por un golpe de entrenamiento y le frustró, no quería verla herida nunca más… pero no había hecho un buen trabajo con eso, de haberlo hecho no estarían en esa situación. —¿Quiere caminar… un poco… conmigo? — recordó a Darat tiernamente nerviosa. Así como había notado que quería estar cerca de ella con frecuencia, de lo otro que se había dado cuenta era de que no quería verla con nadie más, no podía imaginarla riendo y siendo con alguien más como era con él, que otro tocara su rostro herido o la ayudase a aliviar un dolor por un mal entrenamiento o ninguna otra cosa, así que quizás fue por eso que cuando ella le hizo esa pregunta, él se había sentido tan orgulloso y había aceptado sin pensarlo dos veces. Luego, habían visto las estrellas como él las veía en ese momento, pero no se sentía remotamente parecido. Aquella vez había sentido calma y al mismo tiempo como si su cuerpo estuviese en batalla. Ahora, solo se sentía agobiante y solitario. —Esperame un poco más, Darat — susurró en un intento porque, de alguna extraña manera, ella pudiese percibirlo. Confiaba en que la vería de nuevo, tenía que hacerlo para poder seguir luchando. No obstante, no estaba seguro de cómo sería cuando se viesen el uno al otro. Para él había pasado poco más de diechiocho meses, la vería de nuevo y ella tendría veintiseis años porque había cumplido tres meses después de ser llevada y de nuevo tres meses atrás. Mientras que para ella, solo habían pasado unos días porque acababa de despertar, sin embargo, Darat estaba mucho más perturbada por no saber si él había existido o no. Kang suspiró con pesar. Qué complicada situación. Pensar en ella, sintiéndose tan confundida y angustiada aumentaba su desesperación y fustración por no hacer nada por aliviar su agonía. Cada vez que había podido hacerlo, lo había hecho, pero esta vez no podía. ¿Qué era peor? ¿Qué era más difícil? ¿Ser quien estuviera perdido como lo estaba ella, o ser quien intentaba encontrarla? Porque no era sencillo ser quien estuviera agonizando, ni tampoco ser quien solo observaba sin poder hacer nada para aliviarlo. Ambos dolores eran intensos. Una parte de él estuvo enojada con Darat los meses siguientes a aquel día en el que perdió de su lado porque ella siempre había sabido y estado segura de que no regresaría. Incluso ese mismo día de las estrellas, cuando Kang le había dicho que le preocupaba que muchos combatientes no regresarían, ella le había respondido: —Yo seré una de ellos y lo sé porque lo fui en la perspectiva. Y aun cuando Kang le pidió que no pensara de esa manera, ella había declarado: —Lo que sucede es que, pase lo que pase, mi ser me lleva a proteger a quien me importa. Guardaba cierto enojo con ella. ¿Por qué lo había visto tan importante como para arriesgar su vida por él? Si tanto lo había querido como para protegerlo, habría preferido que lo quisiera un poco menos para que así se hubiese quedado a su lado. Kang cruzó los brazos sobre su estómago, había sentido un tirón en el pecho que había sido como si le pegasen sacándole el aire. Quería abrazar a Darat. La extrañaba. —¿Por qué? — preguntó agobiado — ¿Cuándo estarás aquí? Soy un idiota. No le había dicho tantas cosas, las había enlistado muchas veces, quería tener la oportunidad de decirselas todas, pero temía que alguna se le olvidara. No era alguien de palabras, nunca lo había sido, le costaba expresar lo que realmente sentía, pero no era como si no lo sintiera, en cambio sentía más de la cuenta, tanto que le nublaba el pensamiento. Pero había pensado una y otra vez, cómo decirle de la mejor manera todo a Darat. Estaba muy cerca de llegar a ella, así que debía seguir avanzando, debía seguir indagando y actuando para alcanzarla. Sentía que el tiempo al fin se estaba acortando y al fin estaba por llegar hasta ella. Lo frustrante era que al mismo tiempo parecía que estaba muy lejos. La habían encontrado, habían dado con su ubicación, pero entonces se habían desesperado y actuado de manera precipitada y le habían mostrado al orden mundial que la querían, estos al saberlo debían haberla movido y ahora no tenían manera de saber donde estaba. Darat era muy importante para el orden, no era como si fuese la única descendiente obtenida con éxito del Restaurador Riot, pero no era como si pudiesen darse el lujo de perderla. Habían solicitado para ella ciudado y protección desde un principio… Kang se levantó del suelo de golpe. Desde un principio la habían puesto en un lugar seguro. El orden mundial sabía que Darat era importante para ellos, pero aún así intentaba jugar con sus mentes haciéndoles creer que podían hacer un intercambio por ella, cuando desde un primer momento no pensaban intercambiarla ni entregarla en absoluto. Jugaban con ellos. ¿Qué tal si no la habían movido? Nunca habían insinuado nada al respecto, eran ellos quienes lo habían supuesto. ¿Qué tal si el orden mantenía a Darat en esa misma ubicación? ¿Qué tal si estaban muy confiados de que podrían confundirlos y que además esa base especializada resultase tan resguardada? Al final solo habían pasado dos días. ¿Eran capaz de moverla sabiendo que eso podría alterarla aún más? Si lo pensaba desde ese punto de vista, reforzaba la idea.             Kang se colocó de pie, se dirigió al bode del techo y bajó por la fachada de la casa de dos pisos. Estaba demasiado emocionado.             ¿Estaba soñando demasiado? Practicamente corrió por las calles hasta llegar al departamento. Subió al tercer piso donde se había establecido el sargento Garren y tocó la puerta con premura. Necesitaba exponerle su punto, necesitaba que le dijera si era posible o no, que le sacudiera si era necesario y lo hiciera entrar en razón, porque ahora que lo pensaba sonaba muy forzado de su parte. —¿Kang? ¿Estás bien? ¿De nuevo estás en pánico? —preguntó el Sargento Garren abriendo la puerta medio adormilado. —No, pero creo que tengo una idea muy loca —respondió frenético mientras entraba al apartamento. —Sí, bueno, a estas horas sueles tener ideas poco razonables — se quejó él siguiéndole. —Es solo que he estado pensando un rato — explicó deteniéndose en medio de la sala —, si Darat es como un sujeto de prueba de un experimento, ¿correcto?  —Sí, efectivamente no la ven como a una persona — respondió pasando una mano por su rostro como intentando despertarse —, incluso a todos ellos los clasifican como a otra r**a. —Exacto — señaló Kang con ambas manos —, si la ven como un experimento, mover a un sujeto de prueba de un lugar a otro de manera repentina podría causar alteraciones, ¿no es así? El sargento Garren le miró con atención. —¿Estás insinuando que Darat se encuentra en la misma ubicación? —Sí, ¿es posible? Él le miró en silencio por varios segundos, luego lo pensó sentándose en un sofá frente a Kang. —Ellos siempre supieron que Darat era valiosa para ellos, y no iban ni van a entregarla — analizó el Sargento Garren —, solo se dieron cuenta que podían chantagearnos con ella para mantenerlos distraídos y que había una forma de quebrarla para utilizarla para sus fines. Ella acaba de despertar, así que no deberían moverla demasiado, al menos que pudiesen volverla a dormir. Pero pensándolo bien, Kang, no creo que el orden tenga especial interés por gastar tiempo en llevar a Darat a otro lugar, estamos lo suficientemente lejos como para que ellos noten si nos movemos en su dirección y tener tiempo de moverla. —Entonces… —Puede que siga allí. —Sí —aplaudió Kang orgulloso —, solo quería saber si no estaba forzando demasiado las cosas. —Las estás forzando — indicó moviéndo una de sus manos—, sin embargo, tienes un punto a favor. —¿Puedo ir por ella? El sargento Garren bajó la cabeza y se quedó en silencio. —¿Es demasiado ilógico? —Déjame pensar un momento —pidió abriendo las manos. Kang se quedó en silencio, esperaba que él pudiese estar de acuerdo. Miró hacia un lado y encontró un pequeño mapa en la pared que no había visto en otras oportunidades, quiso leer lo que estaba escrito y señalado en el, pero estaba muy lejos para verlo con detalle. —Puedes ir —dijo al fin el Sargento Garren captando su atención de nuevo —. Tienes que ser muy cuidadoso, deberías aprovechar la tomenta de esta noche para no levantar sospechas. —Sí, señor, prepararé un equipo. —Nadie puede saber de esto — ordenó colocándose de pie —. Solo tú, John, y diez combatientes experimentados, nada más, nadie, absolutamente nadie debe enterarse de esto. —Sí, señor. —Será como una misión de reconocimiento — continuó dando las directrices —, Darat puede estar allí, como puede no estarlo. No descartes la posibilidad. —Entendido. —Además, sea que se encuentre allí o no, debes traer contigo a todos los científicos, médicos y esenciales que estén en esa base — continuó explicando concentrando —. Sullivan logró obtener toda la información así que utilízala para ir preparado. Creo que tendras que llevar cinco vehículos, uno de ellos tendrá que ser uno de carga, pero te repito, tendrás que sacarlos tú mismo justo ahora para que nadie lo note. ¿Quedó claro? —Sí, señor. El sargento Garren se acercó deteniéndose justo frente a él. —Kang, se que esta misión es importante para ti porque se trata de Darat, así que necesito que pienses en ella como una misión de alto riesgo de la que nadie. Escuchame bien, nadie puede saber. Nadie puede verlos salir. ¿Comprendes? Miró la seriedad e insistencia en los ojos del Sargento Garren, ¿había algo más detrás de sus palabras? —Comprendo, Sargento, no le decepcionaré Él asintió y se apartó. —Entonces, ponte en marcha, aprovecha cada mínimo segundo. —Gracias, Sargento. Sin decir nada más, Kang se movió por la sala dirigiéndose a la puerta. —Y Kang… Se detuvo para verle. —…Tienes que regresar a salvo, sea lo que sea que suceda. La encuentres o no. ¿Quedó claro? Pensar en la posibilidad de que podía no encontrarla no era algo que le agradara. No sabía cómo podía reaccionar si Darat no estaba allí, si una vez más fallaba. —Sí, señor. Quedó claro. De esa manera, sin retrasar más, Kang salió del apartamento del Sargento Garren. Sintió su corazón acelerarse como un indicatorio de que todo estaba por ponerse en movimiento. Al fin saldría al encuentro con la persona que tanto había añorado. La energía le recargó el cuerpo, no necesitaba ni quería dormir, era una perdida de tiempo cuando estaba por alcanzar lo que tanto había soñado. Bajó las escaleras de a dos y corrió fuera del departamento. La noche seguía siendo espesa, si mal no calculaba faltaban unas tres horas para el amanecer, lo cual sería suficiente tiempo para posicionar uno de los vehículos de carga a las afueras de la ciudad. Prefirió caminar hacia el estacionamiento de esos vehículos, el cual estaba a una distancia razonable del departamento, pues este último se encontraba justo al centro de la ciudad. Sintió el frío de la noche golpearle el rostro, por lo que subió la capucha de su chaqueta y luego cubrió la mitad de su cara. Sonrió levemente, fue como si se estuviera preparando para la batalla, aunque eso era lo que estaba haciendo. Miró hacia el cielo estrellado mientras avanzaba. —Ya casi estoy allí —susurró —, por favor, solo espera un poco más. Aceleró su paso en un impulso producido por la euforia, no podía creer que al fin estuviese ocuriendo. El momento al fin había llegado. Si avanzaban con la tormenta lo más que pudieran en los vehículos, estarían llegando a la base especializada en cuatro días. Se sentía como si fuese mucho tiempo, pero calmó su ansiedad diciéndose que más habían sido los días que habían pasado hasta ahora. Un año y medio había esperado, solo faltaban días. Kang vio la imagen de Darat pasar su mente, cada vez que su mirada se encontró con la de él, cuando le saludó a la distancia, cuando llamaba su nombre, cuando le sonreía, cuando incluso le había ignorado y cuando ella lo había abrazado escondiendo el rostro en su pecho. Eso lo llenaba de fuerzas. Pensar que nuevos momentos junto a ella se acumularían en su memoria, le inundaba de felicidad. Porque no dudaba, Darat también sentía por él lo mismo, ella se lo había dicho directamente e indirectamente con la forma en la que actuaba cerca de él. Era una sensación única saber que sus sentimientos eran correspondidos. Y confiaba en ella. Confiaba en que ella no dejaría ir su cordura del todo, aunque estuviera pasando por un momento agonizante, Darat podría hacerlo, ella no se perdería a sí misma. La única duda que quedaba ahora en su cabeza era: ¿Alguien alguna vez había extrañado tanto a alguien, de la manera en la que él extrañaba a Darat?
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