Alguna vez había leído en alguna parte que nada podría estar mal por largo tiempo, ni tampoco bien, todo buscaría la forma de volver al medio. Se trataba de la regresión a la media.
Pero ese día, todo estaba lejos de regresar al punto medio, en cambio se había ido al extremo de lo malo, de una manera en la que nadie fue capaz de prevenirlo y que parecía que estaba muy lejos de encontrar el camino hacia el equilibrio.
A pesar de que Kang sabía a la perfección que se requería de un solo segundo para que lo impensable tuviera lugar y todo lo que parecía estar tranquilo se alborotara, no fue capaz de anticipar que la tormenta había llegado incluso antes de que la primera gota de agua cayera del cielo.
Quizá porque todo estaba por salirse de control y estallar, Kang había tenido un momento de consuelo y energía esa madrugada mientras se preparaba esperanzado para buscar a Darat.
En cuanto el sol salió, Kang dejó el quinto y último vehículo a las afueras de la cuidad y regresó trotando. No estaba cansado, tenía un rumbo fijo antes de buscar al capitán John para proceder con la misión.
Corrió por las últimas calles hasta que llegó a la puerta de la casa que buscaba y tocó un par de veces.
—¿Buenos días? — salió la misma mujer que la noche anterior.
—Buenos días, disculpe —hizo una pausa recobrando el aliento —, ¿Seuneu ya está despierta?
—¿No logró localizarla anoche?
—Sí, pero es que tengo que hablar algo urgente con ella.
La mujer le miró extrañada, pero Kang no estaba preocupado por eso.
—Bueno, creo que está dormida — respondió señalándo hacia atrás de ella —, quizás pueda pasar más tarde.
—La verdad es que es urgente —explicó —, está bien si la despierta, ella entenderá.
La mujer asintió como si no entendiera del todo.
—¿No cree que ella es muy joven para usted, capitán?
Kang abrió los ojos completamente sorprendido por la insuación.
—Nosotros no — movió las manos al hablar —… no estamos en ese tipo de relación en lo absoluto.
—Ajá — hizo una mueca claramente no convencida en lo absoluto.
—Ella no es…
—Tiene que ser cuidadoso con lo que sea que está haciendo, no me parece adecuado, ella tiene solo dieciseis años capitán, usted debe casi doblarle la edad — se notaba realmente perturbada —, no había querido decirle nada antes por respeto, pero sinceramente no me parece ideal.
Kang respiró profundo y se llenó de paciencia. No importaba si se lo explicaba de mil maneras, ella ya había emitido su juicio.
—De verdad necesito hablar con ella, por favor.
—Bueno, iré a buscarla, pero trate de…
—¿Kang?
Escuchó su voz y trató de mirar por un lado de la mujer.
—¿Seuneu? Que bueno, ¿puedes salir un momento?
—¿Qué puedes querer a estas horas de la mañana, idiota? — se quejó acercándose a la puerta con ojos somnolientos.
—¿Están peleados? — preguntó la mujer — ¿Él te hizo algo?
—No — contestaron al mismo tiempo extrañados.
—En realidad siempre estoy enojada con él, pero eso ya es algo que no tiene solución — agregó ella de inmediato —. Es como un desprecio eterno.
—Seuneu, es sobre ella — se cansó de todo el protocolo.
Los ojos de Seuneu cedieron a despertar por completo.
—¿Qué? ¿En serio? — preguntó emocionada.
—¿Para qué voy a mentirte?
—¡No puede ser! —se llenó de la energía que la caracterizaba — ¡Vuelvo al rato! — informó para luego tomar el brazo de Kang y correr lejos de la puerta.
—¡Pero Seuneu, estás en pijama!
—Rápido, Kang — apresuró ella halándolo —, esa mujer a veces actúa muy autoritaria.
Se detuvieron un par de calles más allá, Kang miró a todos lados asegurándose de que estuvieran vacías.
—¿Qué es? ¿Qué encontraste? — cuestionó emocionada.
—Esta noche iré a buscarla.
—¿Es en serio? —preguntó cubriéndo su boca por la sopresa.
—Sí, llegamos a una conclusión respecto a dónde estaba así que iremos por ella esta misma noche, pero es un secreto.
—No puede ser —cerró sus ojos con voz temblorosa —, al fin.
Kang no pudo evitar sonreír, estaba feliz también.
—Está bien, no tienes que llorar más — dio una palmada en su cabeza —. Todo saldrá bien.
Ella asintió, tragó y luego le miró.
—¿Cuánto tiempo tardarás en traerla? —preguntó con ilusión.
—Apróximadamente seis días, son tres de ida y tres de regreso, pero podrían ser siete en total, espero mantenerlo en seis, no quiero que estemos expuestos tanto tiempo.
La sonrisa se formó ampliamente en el rostro de Seuneu.
—Esto es asombroso — lo abrazó contenta —, traerás a nuestra Darat a casa.
—Sí, así que tienes que prepararte para recibirla — le dio una palmada en el hombro —. Pero no puedes decirle a nadie, ¿entendido? Solo quise informarte para que no te extrañes al no verme en ningún lado por casi una semana.
Ella se separó de él.
—¿Es una misión secreta? — preguntó divertida — Bueno tiene sentido, después de todo, nuestra Darat es muy espe…
Seuneu se desmayó.
Así de repentino, sus ojos se voltearon y su cuerpo se desvaneció.
—¡Seuneu! — le llamó sujetándola antes que cayera al suelo — ¡Seuneu! ¡Seuneu, por favor!
Sacudió su rosto dando unas palmadas en el, pero sus ojos estaban cerrados y no parecía querer reaccionar.
—¡Seuneu!
Acercó el oído a su nariz para escuchar si estaba respirando y en efecto así era.
—No puedes hacer esto ahora, Seunue, por favor, ¿cómo vas a desmayarte?
Se agachó en el suelo para apoyarse y cargarla mejor para llevarla al hospital cuando entonces sus ojos abrieron y colocó de pie de golpe.
—¿Seuneu? ¿Hey? ¿Estás bien? — preguntó enderezándose.
Pero ella no respondió, su mirada estaba perdida en algún punto inexistente.
—¿Seuneu?
Su postura era muy recta, estaba muy tensa, su mirada estaba perdida, su rostro inexpresivo y no respondía a su llamado.
—No puede ser.
Seuneu empezó a caminar apresurada, así que la siguió intentando que al llamarla ella pudiese reaccionar.
—Seuneu, ¿me estás escuchando? Por favor, reacciona — chasqueó los dedos frente a su rostro.
Ella dio un golpe a su mano para apartarla de su rostro, había sido más fuerte de lo necesario.
Kang miró más allá de Seuneu, y entendió que la situación era peor de lo que había pensado.
Más esenciales avanzaban de la misma manera que Seuneu: rostro inexpresivo, postura tensa y mirada perdida.
—No, no, no, no — negó Kang.
Estaban siendo controlados.
Sin esperar a nada más Kang tomó a Seuneu cargándola sobre su hombro derecho, para entonces evitar que formara parte de lo que sea que tendría lugar.
Ella comenzó a golpearle la espalda con las manos y a patearle, la verdad es que estaba golpeando con una fuerza que no esperaba que tuviera.
La alerta sonó siendo audible para toda la ciudad, haciéndolo oficial: la calma había pasado y había iniciado la guerra.
Kang corrió hacia el departamento, que no estaba tan lejos como lo estaba el hospital.
—Capitán Kang, ¿qué sucede? — preguntó un combatiente encontrándose con él en el pasillo.
—Traigame una cuerda o una cadena, lo que sea, urgente.
—Sí, señor.
Kang se movilizó hacia la sala de información, desde la cuál podían observar todo lo que sucedía en la ciudad.
—¿Qué? ¿Seuneu? — preguntó Sullivan — ¿Capitán qué…?
—Todos ellos están siendo controlados —declaró para luego sentar a Seuneu en una silla cercana —. ¡Seuneu, por favor! ¡Basta! ¡Reacciona! — pidió sosteniéndo sus muñecas.
Pero ella seguía intentando zafarse y golpearlo. No obstante, su rostro se mantenía inexpresivo, era perturbador y preocupante verla en esa condición. Ella no merecía eso.
—Capitán, aquí — indicó el combatiente que se había encontrado en el camino ofreciéndole unas cuerdas gruesas.
—Ayúdeme a amarrarla —indicó tratando de neutralizarla —. Ustedes, por favor, muestren en pantalla la ciudad.
—Sí, capitán.
Entre el combatiente y él amarraron las manos de Seuneu, luego sus tobillos y finalmente la sujetaron a la silla. Ella seguía intentando librarse.
Kang se acercó a ella y tomó su rostro entre manos.
—¡Seuneu, por favor, reacciona! ¿Qué hay de Darat? Te necesita, ¿lo recuerdas?
Se quedó quieta un solo segundo, haciendo creer a Kang que había conseguido algo, pero en cambio, ella echó el rostro hacia atrás y lo golpeó con un cabezazo.
—Ah, Seuneu — se quejó enderezándose y llevando una mano a su nariz —. Eres fuerte.
—Capitán —llamó Sullivan —, tiene que ver esto.
Kang se giró y observó las pantallas. Un escalofrío recorrió su espalda, eso no lo habían previsto de ninguna manera posible.
—No puede ser — la voz del Sargento Garren resonó en la sala.
Los esenciales estaban destruyéndolo todo.
Rompían ventanas, tiraban postes de luz y se lanzaban contra los nativos.
Era un completo desastre.
—Quieren destruir la ciudad —dijo el Sargento Garren —, quieren dejarnos indefensos.
— Están utilizando a todos los esenciales que teníamos con nosotros — afirmó Kang —. Esto es lo que hablaban de lo que eran capaces de hacer y que nos podría sorprender.
—Estamos siendo atacados desde dentro — declaró el Sargento Garren —. Los contra atacaremos y nos levantaremos —espetó enojado y luego miró hacia Kang —, por ahora, ocupémosnos de esto, hay que neutralizar a los esenciales sin herirlos. No les daremos el gusto de eliminarlos.