Maloles le había dicho que el apartamento era el 3 D:
- ¿O el 3 B? Pues ahora no me acuerdo, se parecen tanto las dos letras...
Se acercó al panel de timbres y buscó el 3D porque le sonaba más que el 3B pero no había ningún botón para pulsar sino un agujero.
Metió el dedo moviéndolo para todos los lados pero no lo encontró. Acercó el ojo para ver si lo veía pero se encontró con una maraña de cables pelados.
- ¿Buscas cobre?-dijo una voz infantil a sus espaldas. Has llegado tarde, se lo han llevado ya...anoche vinieron con linternas.
Se giró y se encontró con un niño que no tendría más de tres años.
- ¿Y tú quien eres? ¿El vigilante de seguridad?-preguntó la Reina.
- La he visto por mi ventana y he bajado a ayudarla para que no pierda el tiempo ¿Me da un euro por la información?-preguntó de nuevo el niño.
- Soy Maloles vivo aquí en el 3 B o D ya me he liado ¿No me reconoces?-preguntó la Reina colocándose bien la peluca que se le torcía porque era de las baratas.
Estaba preocupada por si se había vuelto a equivocar de bloque rojo, no sabía que aquello fuera tan difícil.
- Si, me suenas... pero no estoy seguro, la verdad-contestó el niño ¿Eres la putita del barrio no?
- ¿Cómo? ¿Qué has dicho?
- Mi madre dice eso de ti...
- Bueno, niño márchate y déjame en paz que tengo que encontrar el dichoso timbre.
- Me debes un euro por lo del cobre...
La Reina se rebuscó en los bolsillos y sacó dos monedas de diez céntimos.
- Ten anda, aquí tienes, me pillas que no llevo más efectivo, yo soy más de cajero automático.
El niño se giró y miró para todos los lados:
- Me suena que por aquí hay un cajero cerca. Podemos ir y así salda su deuda y yo ya le dejo en paz.
- j***r con el crío, me da cien vueltas.
Un grito se oyó por un balcón de los pisos:
- ¡¡Kevin!! ¡¡Kevin!! Sube ahora mismo y no hables con esa fulana que te pervierte. La voy a arrastrar de los pelos.
El niño entró despavorido por el portal y desapareció escaleras arriba.
La Reina miró hacía el balcón de donde procedían los gritos y vio un cubo de agua caerle.
Se empapó enteretita.
- Será japuta, la Kevin esta.
Miró de nuevo al panel de timbres y observó que habían escrito con rotulador rojo un cartelito que estaba adherido a la pared con esparadrapo:
"No metas el dedo en los agujeros es peligroso"
- Este cartel lo acaban de poner, antes no estaba, a mi que no me líen eh que yo no estoy loca. Pues no me lo creo, tiene que haber un botón ahí dentro del agujero.
Volvió a introducir el dedo pero lo sacó rápidamente porque sintió un calambre:
- ¡Uh! Por poco me quedo ahí pegada...menos mal que lo he sacado a tiempo.
Disimuló avergonzada y miró para los lados por si alguien la había visto.
La madre de Kevin seguía asomada al balcón con el cubo de agua preparado para lanzarlo de un momento a otro. Estaba apoyada en la barandilla y le sacaba la lengua continuamente. Le hacía burla cómo una niña de cinco años.
La Reina se sentía allí tan tonta...sin saber qué hacer.
- Si hubiera alguien para preguntarle...
Pero no vio a nadie.
Miró hacía las ventanas del entresuelo y comprobó cómo las cortinas se movían sutilmente. También vio sombras tras ellas, incluso una le pareció que comía un plátano. Arrojó la cáscara por la ventana.
Empezaron a oírse voces por el telefonillo:
- ¿Si?... ¿Quién es?... ¿Hola?... ¿Sí?... ¿María José has llamado tú?... Yo no, si estoy haciendo la comida... ¿Quién es?... Habrán sido los niños... ¿Quién es?...¿Hola?... Guapa ¿Vas a la pitonisa?
La Reina entonces comprendió que había sido ella, que había llamado a un montón de timbres sin querer y ahora estaban todos contestando.
- ¿Ha dicho pitonisa?
Se aproximó más al telefonillo:
- Si voy a la pitonisa ¿Qué piso es?
- Ni se te ocurra subir-contestó otra vecina. Es una estafadora, conmigo no acertó nada de nada, aún sigo solterona y me dijo que me iban a salir un montón de novios. Me debe 50 euros que es lo que me cobró ¡Sinvergüenza! Las bragas que tengo yo que vender en los mercados para conseguir 50 euros.
La pitonisa contestó:
- Suba al 8 C y rápida que tengo mucha competencia en esta escalera, no se equivoque usted de número.
Entre las vecinas del bloque comenzaron a hablarse por las terrazas de los patios:
- Nena qué raro que la Maloles meta el dedo en el agujero de los timbres con los años que lleva ya aquí viviendo, cada día está más atontada esta mujer-le decía la del quinto a la del cuarto.
- Yo parece que la he visto más enana-le contestaba la otra.
La Reina puso un pie en el portal y miró hacía dentro.
Las paredes estaban todas pintarrajeadas con nombres, números de teléfono, corazones, pollas, tetas...
- Qué escalera más cerda por dios-masculló.
Dos señoras hablaban entre ellas en el rellano de lo qué iban a cocinar ese día.
- Yo hoy voy a hacer habichuelas cómo ayer y cómo mañana-tengo poco qué pensar...
- Hija pues bien buenas que están. Yo también comí ayer y creo que hoy y mañana también.
Se quedaron calladas cuando vieron a la Reina entrar:
-Buenos días Maloles. En usted estábamos pensando-dijo la más alta con los labios rojos mal pintados y una raya en los ojos que le llegaba hasta las orejas.
La otra asintió con la cabeza.
- Buenos días señoras-contestó la Reina.
¿Señoras? pensaron al escucharla ¿Qué se ha tomado esta?
Una de ellas habló:
- Dado que usted es la presidenta de la comunidad le pedimos que por las noches nos deje cenar en la puerta con nuestras banquetas y nuestras silletas. Es una tradición de muchos años y no hacemos mal a nadie, no entendemos porque la lagarta del octavo se ha quejado ¡Nos tiene envidia! ¡Sí, mucha envidia! Porque nosotras tenemos parabólica y ella no.
- Lo que le pasa es que es una solterona, no se ha comido un rosco en su vida-gritó la otra.
- Yo no soy presidenta, soy Reina-se le escapó.
- Mira esta se cree divina y eso que es presidenta de una escalera de mierda, si fueras presidenta de una escalera de la gran vía a saber que te creerías...menuda estirada estás hecha. Se cree que porque limpie en el palacio de la Reina Gin Tonic es más que nadie ¡una mierda! Eres una criada como cualquier otra.
La Reina se quedó traspuesta.
No sabía que la llamaban la Reina Gin Tonic en honor a su afición por el alcohol.
Madre mía, pensó la Reina. Y yo que pensaba que no sabía nadie de mi devoción por la ginebra.
- Cuando pille a la Maloles la dejo sin pelos por irse de la lengua. Le dejo la cabeza como una bola de billar.