Maloles estaba ya desesperada de estar en la habitación, solo le faltaba gritar SOS y tirarse por el balcón.
No entendía porque la Reina tardaba tanto en comprobar si el fuego lo había dejado encendido o no, no había visto cosa más lenta en su vida.
Miró a Lupita que dormía plácidamente sobre su camita. Había descargado hacía escasos minutos y se había quedado en la gloria:
- No me creo que la Reina limpie ella las cacazas de Lupita, llamará a la criada limpiacacas, por qué vamos ¡A mí que no me digan!
Esta perrita lleva un wáter portátil pegado al culo! En mi vida he visto cosa igual.
Unos golpes en la puerta la sorprendieron.
Se quedó paralizada.
Esperó a que fuera una equivocación y no llamaran de nuevo.
Pero volvieron a golpear la puerta con más fuerza.
La Reina le había ordenado que no abriera la puerta a nadie bajo ningún concepto, ni siquiera al mismísimo Rey:
- Sí alteza lo he entendido, no hace falta que me lo repita más, ni que fuera yo de pueblo-le contestó a la Reina para dejarla tranquila.
Oyó una voz tras la puerta que no era la del Rey, por tanto podía dejarlo pasar:
- ¡Adelante! Puedes pasar porque no eres el Rey.
Una cabeza asomó por la puerta con una diadema de brillantes resplandecientes:
- Madre ¿Puedo pasar?-preguntó el Príncipe Manolín colándose mientras cerraba la puerta tras de sí.
Maloles se giró rápidamente hacía la ventana dándole la espalda, le daba miedo que pudiera reconocerla, no quería perder su trabajo por nada del mundo. Se ajustó la peluca, el flequillo lo llevaba puesto para la oreja en lugar de para el frente.
- Hola hijo ¿Va todo bien? Te veo cara de preocupado-le dijo.
El Príncipe la miró extrañada porque ni le había mirado.
- Si madre, me gustaría hablar con usted cara a cara.
Le posó la mano sobre el hombro para que se girara pero la Reina hizo fuerza apretando los dientes y no lo consiguió. Del esfuerzo se le escapó un pedo de reina, de esos finos que chirrían cómo un violín desafinado.
- Hijo prefiero seguir contemplando el paisaje, ahora me ha dado por los árboles, las vacas, los prados... me relaja muchísimo pero tú habla que yo te escucho. Puedes empezar cuando quieras, soy toda oídos para ti.
- Pues... resulta... es que no sé por dónde empezar madre. ¡Buh! Iré directo al grano: que soy gay, ala ya lo he soltado. Ya puedo salir por el ambiente.
Maloles guardó silencio.
Se había quedado paralizada.
- ¿Qué se supone qué tengo yo que decir? pensó ¿Tengo que echar lágrimas?
- ¿No vas a decir nada madre? preguntó el Príncipe con lágrimas en los ojos por culpa de los nervios. ¿Te has quedado en shock?
Hace mucho tiempo que tengo ganas de decíroslo pero tenía miedo porque papá ya sabes cómo es, Vox se queda en nada a su lado... solo piensa en la sucesión hereditaria y no sé... prefiero que se lo digas tú por mi. Yo ahora estoy muy liado con mi peluquería clandestina. Las criadas ya no son lo que eran y van a la peluquería una vez por semana, me reclaman muchas moldeadoras.
- Um-es lo único que se le ocurrió a Maloles decir.
- ¿Sólo me vas a decir eso? ¿Um? ¿Te has quedado sin palabras verdad? Qué menos que un abrazo madre...
Maloles estiró los brazos hacía atrás y el Príncipe se arrojó a ellos. Todo el pelo de la peluca le dio de lleno en la cara.
- Madre echas una olor rara, no te has puesto tu perfume de siempre, no sé, huele cómo a sintético, no sabría decirte...
- Son imaginaciones tuyas hijo, estás en shock por el paso tan importante qué has dado en tu vida. Has sido muy valiente y estoy muy orgullosa de ti-dijo Maloles recordando lo que se decía en estos casos, en los que un hijo sale del armario. Una madre le había contado la experiencia con su hijo y le había dicho esas palabras tal cual.
El móvil de Maloles comenzó a sonar.
- Le has cambiado la sintonía al móvil madre.
Sonaba Despecha de Rosalía.
- Si hijo el himno nacional ya no se lleva, la casa real no puede quedarse atrás, tiene que ir con los nuevos tiempos. La próxima será una de Omar Montes, ya la tengo fichada.
- ¿Madre has vuelto a beber?
- Lo he dejado hijo, ya no tomo ni una gota de alcohol, ahora solo bebo zumos.
- Ya lo veremos...
Maloles miró la pantalla del móvil y era la Reina la que estaba llamando, la tenía agregada cómo "Reina explotadora".
Se lo volvió a guardar en el bolsillo y no atendió la llamada.
- Cójalo madre, si ya he dicho todo lo que tenía que decir, lo he desembuchado todo cómo la Lupita cuando caga.
El móvil dejó de sonar y al instante vibró dos veces seguidas dentro del bolsillo.
Lo volvió a sacar y al mirarlo comprobó que era un wasap de la Reina:
"¿Por qué no lo coges? ¿Ya te crees que eres tú la Reina? Te arranco los pelos. Ya he aparcado. He visto el bloque donde vives, es horroroso"
Maloles contestó "Ok".
Buscó en Spotify su carpeta de música favorita y le dio a reproducir.
Comenzó a sonar Azúcar Moreno "Bandido".
Se guardó de nuevo el móvil.
Maloles no sabía que decir, estaba en shock, el heredero de la corona le acababa de confesar que era gay y ella era la primera en saberlo, solamente ella ¿Qué se supone que tenía que hacer ahora?
Hubo un silencio.
- Madre ¿No vas a decir nada?
Maloles pensó rápidamente, tenía que decir algo.
-¿Tienes novio?-le salió.
El Príncipe la miró sorprendido por lo bien que se lo había tomado.
- Aún no sé lo que es el amor. Solo he tenido rollos con criados, algún mayordomo, también un vigilante de seguridad, el jardinero... pero poca cosa vamos.
Madre mía pues menos mal que es poca cosa, pensó Maloles ¡Vaya un putón!
- Mi sueño es conocer a mi príncipe azul.
A Maloles le vino a la cabeza su hijo del que tenía serias dudas acerca de su orientación s****l pero aún no había salido del armario. Tenía que presentarlos y conseguir que se conocieran más en profundidad.
Ella sacaría a su hijo a empujones del armario empotrado de la habitación.
Se vio ya de suegra consorte del heredero y eso le daría derecho a tener una habitación propia en palacio y una criada. Sería la criada cucharera que la tenía aborrecía.
- Pues... creo que no te vendría mal conocer al hijo de Maloles, parece ser que es entendido en la materia cómo tú.
- ¿Maloles? ¿Esa quien es?
Maloles se quedó traspuesta.
Este tío es tonto, pensó ¡Vaya yerno me he echado!