Maloles seguía contemplando el paisaje de espaldas al príncipe.
Manolín se había emocionado y lloraba desconsoladamente a moco tendido. Llevaba ya mucho tiempo con la necesidad de contar a su madre que era gay y por fin lo había desembuchado.
- Me he quedado como la Lupita madre, que gusto vaciarlo todo, me siento tan libre... Llevo ya tanto tiempo con ganas de decíroslo...que ya era hora de hacerlo. Con papá sé que será más difícil pero también he decidido hacerlo, por encima de la corona estoy yo y nada ni nadie se interpondrá en mi camino. Ser yo mismo es lo más bonito que me puede pasar y no consentiré que nadie me lo impida.
- Estoy contigo hijo para lo bueno y para lo malo-recordó que le había dicho su amiga eso a su hijo. Somos una piña, añadió.
- ¿Una piña? Hablas raro madre ¿Te encuentras bien? ¿Tienes resaca?
Maloles lo negó con la cabeza y disimuladamente se puso las manos sobre la peluca para que no se le cayera al suelo.
- ¿Yo alcohol hijo? Ni loca, ni una gota.
El Príncipe la miraba extrañado pero era mejor no insistir más, a su madre lo que le pasaba es que se había quedado en shock por la noticia, había leído que sucedía a menudo porque rompes los esquemas de los padres y ya no eres quién ellos pensaban que eras. Y en su caso, al ser hijo único y heredero de la corona, se agravaba más aún.
Me inscribiré en un colectivo para que me asesoren, será lo mejor, pensó. Estaba muy animado a hacerlo porque había leído en internet que hacían muchas actividades lúdicas, talleres formativos, charlas, viajes de convivencia...y sobre todo eran espacios seguros en los que podías conocer gente afín a ti y no sentirte excluido sino apoyado y querido. De todos los colectivos que había visto, el que más confianza le había inspirado era el de "Alocadas LGTB".
Maloles carraspeó varias veces.
El Príncipe nunca había visto a su madre hacer esos ruidos guturales tan extraños.
- Espera hijo que tengo un pollo en la garganta.
Continuó carraspeando mientras el hijo la miraba con los ojos como platos.
La Reina arrojó el pollo finalmente y lo expulsó por la ventana.
- ¡Dios madre! Me quedo mortísimo con lo que acabas de hacer.
- Ya está hijo solucionado es que cuando se te atasca el pollo en la garganta tela marinera para sacarlo.
Mi madre está realmente mal, necesita ayuda médica, psiquiátrica y psicológica, pensó Manolín.
- Hijo-comenzó diciendo Maloles modulando la voz para que no la reconociera-lo mejor es que efectivamente seas tú mismo y está bien lo de apuntarte a algún colectivo de esos que dices que has visto y conozcas gente cómo tú, para sentirte más agusto y cojas más confianza en ti. Has dado un paso muy importante y debes ir sobre seguro, me dolería mucho que sufrieras. Ahí todo lo que aprendas será bueno para ti, no me cabe la menor duda, gracias a ellos se han conseguido muchos derechos ¡Son unos valientes! Además, ahora que lo dices se lo voy a preguntar a mi hijo a ver si él conoce algún colectivo de esos...
Manolín pensó que su madre había vuelto a beber ahora sí que estaba claro.
Maloles se corrigió rápidamente:
- Quiero decir que si, que estoy de acuerdo hijo contigo en que vayas a ese colectivo de alocadas.
- ¡Ah vale madre! Creí que no te había entendido bien, estaba ya pensando que podrías tener un hijo secreto al que yo no conociera.
Unos golpes en la puerta los sorprendieron.
El Príncipe fue a abrir la puerta pero un grito de la Reina lo detuvo en seco:
- ¡No abras! ¡Te lo prohíbo! ¡Es una orden real!
Manolín se quedo paralizado cómo una estatua.
- ¿Quién es? Gritó Maloles aún de espaldas y mirando por la ventana.
- Soy la criada cucharera señora, vengo a por las cucharillas del mojito.
- Hijo comprueba si hay alguna cucharilla escondida por la habitación.
Manolín miró a su alrededor, buscó por toda la habitación por debajo de los cojines, por las estanterías, por los cajones... pero no había ni rastro.
- No madre no veo cucharillas a no ser que te las hayas tragado.
- ¡Te las llevaste ya amnésica! gritó Maloles a la criada. Además, yo ya no bebo, no seas lianta.
Se oyó a la criada cucharera carraspear al otro lado de la puerta.
- Mil perdones señora, no volverá a pasar. Sigo con mi trabajo, adiós.
Manolín se dirigió de nuevo a su madre:
- Madre me dijiste que el hijo de Maloles es entendido en la materia ¿A qué te referías con eso? ¿Me lo puedes explicar mejor? ¿A qué materia te referías?
- ¡Tampoco te creas que sé mucho yo eh! Pero ella me contó una vez haciendo ganchillo que tiene serias dudas acerca de la orientación s****l de su hijo porque no es que se le note ni mucho menos pero eso una madre lo sabe de siempre aunque no quiera reconocerlo pero una madre es una madre porque te ha parido ella y no se engaña así tan fácilmente.
- Pues tú madre parece que lo mío no lo sabías...te veo muy confundida, parece que no fuera hijo tuyo...
- Hijo es que contigo ha sido muy difícil a pesar de que tienes una peluquería clandestina, de que peinas a todas las criadas de palacio, que el rosa te pone loco, que te encantan los abanicos y las lentejuelas ¡No lo había imaginado! ¡Me lo has puesto muy difícil! Eres muy pillín. Además, siempre he pensado que los gays tienen pluma y cómo a ti no se te nota nada la pluma pues pensaba que eras hetero y mi gozo en un pozo.
- Si madre me las he ingeniado bien para que no lo imaginaras, quería yo decírtelo por mí mismo y que no fuera por la prensa ni por las criadas cotillas de palacio.
- Has hecho bien hijo, estoy muy orgullosa de ti. Por cierto, lleva cuidado que hay mucha lagarta suelta, lagarto quiero decir, eres todo un partidazo para mí, quiero decir un hijazo para mí.
- Pues no estaría mal conocer al hijo de Maloles...
- ¡Ya estás puteando hijo!
- ¡Madre por dios qué bien te lo has tomado!
- Para que vayas cogiendo confianza en ti mismo hijo necesitas todo mi apoyo.
- Ale pues ya la he cogido. Madre ¿Me ayudarás a conocer al hijo de Maloles?
- Por supuesto que sí hijo, no te quepa la menor duda...pensaré algo para que podáis conoceros. Por ejemplo, podemos mandarle un wasap.