Sara Estoy acostada, viendo mi mano. Es que aún no lo puedo creer: acepté casarme con Alejandro. Dios, apenas me han entregado el divorcio y yo ya pienso en otro matrimonio, aunque la diferencia es que Alejandro es diferente. Vaya, que ese hombre es especial. Yo suspiro y me pongo de pie, me meto a la ducha y él sigue dormido como una roca. Pobre, no sé cómo es posible que de la noche a la mañana todos mis síntomas ahora los tiene Alejandro, y aunque no lo diga, sé que se siente terrible. Cuando salgo de la ducha, voy al vestidor. Sé que Alejandro no querrá que vaya a la empresa, pero esta no es una opción; tengo que retomar mi trabajo y me imagino que debe de haber demasiado. Cuando termino de arreglarme, salgo de la habitación y me dirijo a la cocina. Dejaré que Alejandro duerma un poco

