Sara Había tratado de no prestar atención a los mensajes que habían llegado, pues ni siquiera sabía de qué se trataban. Pasaron los días y seguían llegando esos mensajes. Alejandro y yo tratamos de concentrarnos en el trabajo, claro, sin descuidar la seguridad, pero un día cambió todo y, desgraciadamente, esto sí que no lo esperaba. Eloísa toca la puerta con insistencia, pero ya es de madrugada. Alejandro se pone de pie y abre. Escucho susurros y le pregunto: —Alejandro, ¿qué está sucediendo? Él voltea, me mira y me sonríe, pero su sonrisa no llega a sus ojos. —No te preocupes, amor, todo está bien. Sigue durmiendo. Pero ahora se escucha la voz de Jason, así que me pongo de pie, coloco mi bata de dormir y me acerco a ellos. —¿Me van a decir qué es lo que está sucediendo de una vez p

