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1959 Palabras
Había quemado el desayuno, estaba de mal humor. ¿Cómo cocinaban? ¿Cómo los adultos vivían cocinando?. Me frustré y le abrí un atún a Louis, su pelaje estaba pegado a mi pierna, intentaba agarrarse de mí y lo sostuve para dejarlo sobre su cama. En toda la mañana no pude comer, no probaría esa atrosidad que preparé. Salí para comprar unos panes y compré un jugo de durazno. Mi falta de ánimos se estaba esfumando. Clara llegaría en unos minutos. Hoy no tendría que ir al local, pero estaría en un curso al que me inscribí. Thomas. Cada vez que pienso en el, siento un cosquilleo en el pecho, estómago y cuerpo. No quería admitirlo, pero mi jefe atraía más mujeres que clientes. Estar sentada comiendo quitó el dolor que empezaba a sentir por el hambre. Diez minutos después llegó Clara, con ojeras, un sombrero de playa y un vestido blanco veraniego. —Estoy fatal. Lo sé—argumentó—No he podido arreglarme, el sol ha quemado mi rostro, las noches parecen interminables. Empiezo a odiar mi vida—expresó molesta. —No te ves bien—solté como si no fuera obvio—Clara ¿Quieres venir a mi casa? Pasar unos días conmigo puede ayudarte. —No eres psicóloga Stella—rodó los ojos—Estoy bien en mi casa. —Ayer ví a Alexander, se veía terrible. Deberías hablar con el. ¿Que sucedió con el bebé? —Había estado bebiendo, no sabía que estaba embarazada—explicó—Después tuve algunos contratiempos y perdí al bebé. —Clara—murmuré viendo sus ojos lagrimear. Tomé la mano de mi mejor amiga y la apreté, para que supiera que estaba ahí, que nada malo sucedería, quería darle a entender que siempre que lo necesite yo iba a existir. —Alexander ha estado llamando, quiero hablar con él. Quiero explicarle lo que sucedió, pero tengo miedo Stel. —El va a entenderlo, es un chico... Asombroso, nadie te ama más que el ¿Ok? Solo respira, cálmate e invitalo. —¿Ahora? Asentí —Estoy horrible—continuó —Da igual—respondí sonriendo—Solo hazlo. Con el miedo latente, Clara llamo a Alexander, los primeros minutos ambos se quedaron callados, llorando a través de la línea, con un poco más de calma. Empezaron a conversar, en cinco minutos el estaría aquí. Recogí mis cosas y le di un beso en la mejilla. —Se que puedes hacerlo. —Gracias—murmuró cerrando los ojos. No había estado muy tranquila, la sensación de inutilidad crecía cada vez más, no podía limpiar, lavar mi ropa, cocinar. Solo sabía existir, me ha costado tanto entender como funciona un hogar que desearía haber nacido en una familia más normal. Una llamada entró a mi móvil. Mi tía me platicó sobre la fiesta que daríamos, ya tenía un vestido, sería hecho por el Sr. Aron y lo vería en unos veinte minutos. Que nervios ver a un hombre como él, con tanta clase, con tantos contratos, problemas y pensamientos. Si lo viera en persona, estoy segura que soltaría una chorrada. Quizás le pregunté ¿Es cierto que golpeaste a una mujer? ¿Se siente bien con eso? «Sería un patético comienzo». Ni siquiera podría considerarlo como un comienzo. Me acerqué hasta su estudio y compré un café en el camino. Mis pies temblaban, cuando estuve adentro, observé todo, desde las lámparas de cristal hasta las personas corriendo de un lado a otro. Un chico alto, con lentes de sol y traje n***o se acercó a mí. Su sonrisa iluminaba el lugar, verlo me había hipnotizado. Este hombre no debía ser natural, alguien con su belleza no podía existir. No en este mundo. —¿Stella Stone? «Oh, sabía mi nombre» Asentí. —Me llamo Hunter Blake—continuó—Soy hermano del Sr. Aron, eres preciosa. Tu tía nos ha contactado, ha sidó amiga de la familia desde hace mucho. —Gracias por el cumplido—murmuré—¿A dónde vamos?—pregunté siguiéndolo. —Una chica como tú necesita el mejor vestido. ¿Tienes novio? Puse una mueca—No conozco esa palabra. —Curioso, ¿Quieres salir conmigo? Estoy disponible, el trabajo me estresa. Salir contigo será liberador. Conocer gente nueva es mi fuerte. —Lo he notado. Pensaré en tu oferta. —Bien—sonrió abriendo una enorme puerta. El Sr. Blake estaba ahí, con Eleanor. Mi boca se abrió, no dije nada, Hunter no dijo nada. Solo nos quedamos en silencio. Ambos estaban demasiado cerca, juraría que se habían besado y me gustaría saber que los llevo a esta situación. El Sr. Blake carraspeó su garganta y se enderezó. Las mejillas de la chica se pusieron rojas de la vergüenza. Y como no, si hasta las mías se pusieron de la misma forma. —Lamento está impresión—contestó acomodando su saco—Eleanor solo venía a buscar unos papales. —Vaya, menos mal que sus parejas no los han pillado—respondió con sarcasmo. Miré a Hunter y me callé. La tensión podía sentirse. —No es lo que parece—Hablo la chica con su voz angelical—Aron tenía una mancha en su camisa. Ha sidó un error, nada ha sucedido ¿No es así? —Es así—aseguró serio—No quiero malentendidos. Eleanor ya se iba—Le señaló la puerta y ella salió casi corriendo. Entre con pasos rápidos, estaba tan distraída que sin darme cuenta tropecé y le lancé todo mi café sobre su ropa. El se apartó, lo caliente empezó a afectarle y se quitó la camisa con rapidez. —¡Mierda!—masculló —Lo siento—dije asustada. Hunter se acercó a su hermano y le pasó una camisa nueva, el abdomen de Aron era definido, estaba tan marcado que sentí como la temperatura subía. Cerré los ojos deseando desaparecer y el se sentó en el escritorio—Soy muy torpe—continué —Ya me han advertido—mencionó—Tu vestido estará listo lo antes posible, Hunter te acompañará en el proceso. Asentí. Justo antes de salir hablo —Sra. Stone, espero que no comenté nada de lo que sucedió con la Sra. Eleanor. —No diré nada—aseguré—Después de todo, las personas sabemos que usted siempre amará a Eleanor. Fue una promesa ¿No es así? —Lo fue—sonrió dolido. Apartarse de la persona que amas nunca será fácil, dejarla ir, dejarse ir. No es sencillo. Había estado pensando en las finas facciones de Eleanor, en como miraba a Blake con su rostro serio y dolido, como si aún no pudiera perdonarle lo que hizo. Pero ¿Que sucedió? ¿Que sucedió entre ellos para que todo terminara así? ¿Realmente golpeó a Eleanor? O todo fue una mentira para obtener más público con su "renacimiento". Las preguntas saltaban al aire cuando los veía, los escuchaba y pensaba. Mi curiosidad quería saber que había sucedido entre ellos dos. Pero era alguien externa a sus problemas. Caminé con Hunter hasta un estudio y unas chicas empezaron a tomar las medidas del vestido, me enseñaron la tela, el modelo y salí. El seguía detrás de mí. Se encogió de hombros y me observó. —¿Aceptas ir por un café? —¿Invitas a cualquier mujer que viene? Negó—Me has llamado la atención. Conocía a el tipo de chicos que solo quería una noche contigo, pero yo estaba bien en mi sitio, escondida de las relaciones y sin ánimos de romper mi corazón. Puse una mueca de inseguridad y apreté los labios con miedo. —Si estás ocupada o no quieres. No pasa nada—murmuró abriendo la puerta. —Vayamos—dije sonriendo. Lo peor que puede pasar es que me secuestre y muera por su culpa. En el mejor de los casos solo me caeré o le lanzaré un café como a su hermano. Pasamos un rato tranquilos. Hunter era divertido, extrovertido y amante de los gatos. Según él podría tener más de cinco y amarlos por igual. También descubrí que suele perder los objetos con facilidad, el Sr. Blake le ha comprado más teléfonos de los que recuerda. Le conté sobre la competencia que tuve, sus cejas se alzaron, tomó un sorbo y me dijo que había sidó una decisión valiente. Al finalizar la jornada, me fui a casa con una sonrisa, su número de teléfono estaba en mi móvil y me gustaría volver a platicar con él. Como amigos, como dos personas sin compromiso que solo quieren disfrutar de la vida. El curso que realizaría hoy, fui en mi casa. Había contratado a alguien, que me enseñaría lo básico de la cocina. Y conforme avanzamos me mostrará más cosas, más técnicas y recetas. Me tiré en la cama junto a Louis y acaricié su pelaje, una foto fue enviada a mi móvil. Clara y Alexander se habían arreglado, ambos estaban en la cafetería con las manos agarradas. Su amor siempre fue así, imposible de romper. Me preguntaba si me quedaría sola el resto de mi vida, ser torpe no me favorecía. Un extenso color rojizo me invadió cuando recordé como dañe la camisa del Sr. Blake, tapé mi rostro con una almohada y grité. De frustración, estupidez y cansancio. —¿Estás ahí?—gritaron. Me levanté extrañada, apartando a Louis y miré a Walter. Estaba con una sonrisa, cotufas, un refresco y su típica chaqueta de cuero. Sin saberlo, necesitaba esto. Bajé corriendo para verle y abrí la puerta. —Perdona si te desperté. —No podía dormir—admití—Has llegado en el momento perfecto. —Mis padres se han enfadado conmigo, sienten que estoy en malos pasos. —¿Y lo estás? —No, joder. Solo intento encontrarme. Walter se sentó en el mueble y me coloque junto a él, nuestras piernas estaban rozando, mi corazón se sentía un poco fuera de lugar. No sabía cómo actuar, porque si bien éramos amigos, sabía que el sentía algo por mí. Y yo a veces me confundía, a veces me dejaba llevar y arruinaba la situación. —A veces solo es cuestión de pensar, no puedes preocupar a tus padres siempre—expliqué—Debes asumir las cosas Walter. —Lo sé—sonrió—Te has vuelto más humana—mencionó. —¿Más humana? —Antes te volvías loca si tu uña se rompía—aclaró bebiendo refresco. —Trabajar te enseña que eso no es importante. —Ya veo. ¿Te gusta estar con ellos? —Es divertido. —Stel—miró hacía abajo—Quiero que intentemos tener una relación. Quiero estar contigo. —Sabes que no se puede, no quiero arruinar nuestra amistad Walter. Su cuerpo se pegó más al mío, sus labios empezaron a besar mi cuello y un leve gemido se escapó de mí. —Debes parar—dije con dificultad. —I Wanna touch your body—susurró en mi oído—¿Lo sientes? «Joder claro que lo sentía». Mi cuerpo comenzaba a ceder, agarré su mano y sus labios se fueron hasta mis senos, no quería seguir con esto, todo se estaba yendo de mis manos. Pero ¿Por qué no ponía más resistencia? ¿Quería hacerlo? ¿Debería? —Stel, solo disfruta del momento, déjate llevar—continuó murmurando. Mi espalda se arqueó accediendo, mi ropa fue desapareciendo con el paso del tiempo, sentía sus labios en mi ombligo, cuello y abdomen. Todo lo que conocía lo olvide en ese instante. Walter me montó encima de él e introdujo su m*****o, lento, despacio, con temor a dañarme. —Walter—gemí suave. —Grita mi nombre Stel
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