Nikolái estuvo al pendiente de cada control y justo cuando el tren sobrepasó el tercero, cerró los ojos, se apoyó de la baranda de hierro que lo dividía del exterior y saltó al vacío cuando tomó impulso. Las cadenas se arrastraron por el suelo y chocaron con la baranda antes de que él saltara. A sus espaldas, los demás presos observaron su escape. Y gritaron cuando desapareció. Nikolái cayó al suelo y se golpeó con fuerza las costillas. El dolor fue tan fuerte y punzante, que un grito desgarrado salió de su garganta. Rodó por la loma protuberante hasta perderse entre la maleza. Nikolái respiró con dificultad. Alzó los ojos al cielo y se dio cuenta de que todavía estaba vivo. Sí, vivo y probablemente con una costilla rota. Nikolái comió lo que las mujeres le ofrecieron. Se lo comió de u

